
En el último año, la mora de los créditos bancarios se incrementó de forma significativa. La tendencia es especialmente notoria en los créditos personales y en las tarjetas de crédito.
En economía, los problemas suelen desarrollarse gradualmente, impulsados por señales del mercado que se distorsionan. El reciente aumento en los atrasos de pagos por parte de familias y empresas en Argentina está vinculado a una serie de factores consecutivos. La secuencia comenzó en 2024: una baja en la tasa de interés incentivó el retorno de la expansión crediticia, lo que llevó a una dinámica de endeudamiento que, después, se tornó insostenible.
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Diversos exponentes de la escuela austríaca han analizado en detalle la interacción entre política monetaria y ciclos de crédito. En su obra seminal, La acción humana, Ludwig von Mises, y Murray Rothbard en sus estudios sobre la crisis de 1929, destacan cómo los bancos centrales primero impulsan la toma de créditos con tasas bajas y luego, ante la aceleración inflacionaria, implementan políticas contractivas, subiendo tasas e impactando especialmente a los sectores endeudados.
Ludwig von Mises, y Murray Rothbard en sus estudios destacan cómo los bancos centrales primero impulsan la toma de créditos con tasas bajas y luego, ante la aceleración inflacionaria, implementan políticas contractivas
En el contexto argentino, este patrón es fácilmente identificable: una tasa de interés mantenida artificialmente baja genera incentivos erróneos de consumo e inversión, que no corresponden al ahorro real disponible. Así, se alienta una percepción de abundancia que inevitablemente se ajusta.
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Efectos recientes en familias y empresas
En 2024, la tasa de interés descendió y el stock de créditos personales aumentó 600%, superando ampliamente a la inflación. Esta expansión fue acompañada por la proliferación de consumo financiado con créditos y tarjetas, ya que las tasas reales eran negativas o muy bajas.
La situación cambió en 2025: el apretón monetario impuso tasas más elevadas. Comenzó a observarse un aumento de la insolvencia entre las familias, agudizado por la caída en el salario real y la falta de capacidad de repago de quienes se endeudaron en las condiciones previas.
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Para mayor claridad, entre 2024 y los primeros meses de 2025, muchas familias aprovecharon los bajos costos financieros para financiar bienes de consumo. Al incrementarse las tasas y desacelerarse la economía en 2025, las cuotas antes accesibles pasaron a ser una fuerte carga financiera, lo que impulsó la escalada de la mora. Esta evolución se refleja especialmente en el aumento de la morosidad en tarjetas de crédito y préstamos personales.
Además, el consumo financiado creció más rápido que los ingresos reales, generando un desajuste que derivó en atrasos y refinanciaciones forzadas. Las empresas tampoco escaparon a esta lógica. Muchas se endeudaron en 2024 anticipando una recuperación económica que, llegada 2025, no se materializó como se esperaba.
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La suba de tasas y la desaceleración en las ventas complicaron el repago de esas obligaciones, aumentando así la mora empresarial. Así lo advierte Ludwig von Mises al analizar el ciclo económico.

El proceso afecta, además, al sistema financiero: un aumento de la mora conduce a restricciones crediticias. Los bancos endurecen condiciones, reducen ofertas de préstamos y suben tasas para protegerse. Esto provoca una contracción crediticia que retroalimenta la desaceleración económica y afecta la recaudación fiscal.
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El rol del crédito y el ahorro en Argentina
El otorgamiento de crédito depende, en última instancia, de la existencia de ahorro genuino, es decir, de ingresos no consumidos que se canalizan al mercado de capitales.
En Argentina, el nivel de ahorro es muy bajo y, el existente, suele estar dolarizado o fuera del sistema financiero local. Así, la expansión de los préstamos registrada en 2024 no fue consecuencia de mayores niveles de ahorro, sino del efecto multiplicador propio del sistema bancario sobre el dinero transaccional.
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El nivel de ahorro es muy bajo y, el existente, suele estar dolarizado o fuera del sistema financiero local
Ese año, M1 creció 117% en términos nominales, crecimiento que se tradujo en préstamos pero sin respaldo genuino en el ahorro, sino simplemente por expansión monetaria.
Todo este proceso genera una distorsión en el verdadero precio de coordinación económica: la tasa de interés. Cuando esa tasa se manipula, lejos de impulsar un desarrollo sostenible, induce a desajustes que, con el tiempo, se traducen en aumentos de la mora y en la necesidad de ajustes posteriores. La experiencia argentina reciente lo confirma: no se trata de una “falla del mercado”.
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