
El Gobierno salió del escenario de política económica basado en la dolarización como medida insignia de la nueva administración. Al parecer entendió que continuar con ese discurso habría quitado el techo a la cotización del dólar, generando inestabilidad y sobre todo falta de previsibilidad.
Por otro lado, no es menor la complejidad de dolarizar la economía en los aspectos técnicos, económicos y financieros. La realidad económica y política es distinta al discurso y a la teoría, no es posible subestimarla.
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El principal enfoque del gobierno fue combatir el déficit fiscal, buscando incluso superávit financiero, esto es, que los ingresos sean mayores a los gastos del Estado contemplando inclusive los intereses que se pagan de las deudas emitidas previamente.
En el primer trimestre el Gobierno consiguió el objetivo de generar superávit fiscal financiero, con algunos detalles no menores, para sostener la decisión de que el BCRA no pueda financiar al Tesoro. Eso lo obliga a encaminarse en un sendero de austeridad, y a la disminución de los pesos excedentes heredados, para bajar la inflación.
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La economía real, esto es la compra y venta de bienes y servicios, la economía que la gran mayoría de la sociedad vive y percibe en su día a día, transita en tanto un sendero contractivo. Los salarios, según los índices del Indec, cayeron en términos generales 18% y 20% en términos reales en diciembre y enero respectivamente, y eso explica la contracción del consumo y de la producción agregada.
Del lado financiero se puede ver que los tipos de cambio libres, como el CCL (contado con liquidación fuera del país) y el Mep (Bolsa) se mantienen estables y el BCRA logró acumular reservas, al punto que se prevé que en pocas semanas saldrá del terreno negativo en términos netas en el que había caído en el último tramo del gobierno de Alberto Fernández.
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Las tasas de interés nominales bajaron fuertemente, permitiendo controlar la emisión endógena, aquella que era generada por el pago de los intereses de los pases pasivos y/o de las Leliq, que son los instrumentos de regulación monetaria del Banco Central.
La menor inflación, producto del ajuste fiscal y el impacto contractivo en la economía real, está desacelerando, desde un pico en diciembre de 25,5% a 11% en marzo.
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El riesgo país disminuye notablemente, el 11 de diciembre del 2023 era de 1.854 puntos básicos y en la última semana llegó a perforar el piso de 1.200 pb. Es un indicador clave para ver qué cerca está el país para que pueda volver al mercado internacional de deuda, si así lo decidiera.
Es el reflejo de que los bonos argentinos en dólares, tanto los Globales, con ley extranjera, como los Bonares con ley local, experimentan en 2024 alzas de hasta 30% en promedio en dólares, aproximadamente.
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El rol de las expectativas
La pregunta que surge es: ¿Existen dos argentinas? o es la misma moneda con dos caras: una la financiera y otra la de la economía real.
La economía en términos generales depende de las expectativas de todos los agentes económicos, e impactan velozmente en el mundo de las finanzas, porque se incorporan en los distintos precios de los activos, cuando se compran y venden.
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Esto quiere decir que, si las acciones de las empresas que operan en Argentina están subiendo hoy, a pesar de lo que sucede con la economía real, es porque las expectativas son buenas para el mediano plazo. O si los precios de los títulos públicos argentinos o bonos de empresas privadas argentinas se están apreciando, porque la demanda supera a la oferta, nuevamente, es porque las expectativas a futuro son buenas.
La economía real es más lenta para reaccionar, como lo reflejan diversos indicadores, en respuesta al poderoso ajuste que inició el nuevo gobierno desde el 10 de diciembre, con las perspectivas de controlar la inflación, ajustar precios relativos muy atrasados, generar nuevas reglas de juego promercado, normalizar y buscar una unificación cambiaria, para una economía más flexible, con menos intervención del Estado y más participación privada.
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Pero el Gobierno para continuar por este sendero debería tener presente dos factores importantes: no generar atraso del tipo de cambio real, porque es perjudicial para las exportaciones y cuidar el apoyo social.
La economía real actual contrasta con la buena performance de las posiciones financieras, justamente porque esta última incorpora las buenas expectativas sobre el camino iniciado por el nuevo gobierno en forma más temprana.
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De seguir con este rumbo, la economía real debería recomponerse, esto significa, más consumo, más producción, recomposición de los ingresos y salarios reales, y mantener el proceso de desinflación.
El autor es Economista, director de Authentica Consulting
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