
Todavía se está pasando por un proceso recesivo que no se sabe si ya llegó al piso, pero se observa un debate sobre si la recuperación de la economía va a ser en V o en U, cuando perfectamente podría ser una L.
La letra que se elija dependerá de muchos factores, no solo de medidas económicas, sino del contexto político, de la credibilidad de largo plazo que ofrezca la Argentina y, sobre todo, de los valores que imperen en la sociedad.
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Si se toma una serie larga de 53 años, se observa que hubo varias recuperaciones en V en ese tiempo. Una fue en 1985, con el Plan Austral del ministro Juan Vital Sourrouille, en la presidencia de Raúl Alfonsín, aunque más que una V potente fue una v “amarreta”, es decir, minúscula.
Sin embargo, si se mira en perspectiva, más allá de la transitoria recuperación en V, entre 1979 y 1990 hubo un claro estancamiento económico. Lo que entre los economistas que vivimos varias crisis económicas, se conoce como la década pérdida. Expresión que se usaba mucho en los 90.
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A partir de 1991 hay una recuperación, que no diría que fue en V, pero que claramente, con la Convertibilidad se entró en una senda de crecimiento sostenido hasta 1998, bajo la segunda presidencia de Carlos Menem.
Fue la época en que se reconstruyó la infraestructura del país con las privatizaciones (teléfonos, energía, rutas, puertos, etc.). Pero esa recuperación que ya mostraba signos de agotamiento sobre el tercer trimestre de 1998 aborta definitivamente con la repercusión de la devaluación del real en enero de 1999 sobre la economía local.
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La Convertibilidad había soportado bastante bien la crisis del tequila de 1995, ahí también hubo una recuperación en v minúscula, la crisis del sudeste asiático en 1997, y la crisis rusa en 1998 pero ya no resistió la devaluación en Brasil el año siguiente, y la economía entra en crisis definitiva con la crisis institucional del 2001 y 2002.

Luego del zafarrancho del default y la brutal salida de la convertibilidad, la economía hizo una recuperación en V, pero antes tuvo que soportar una caída del PBI del 11% en 2002, por los efectos de la devaluación, pesificación asimétrica y otras medidas contractivas.
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La recuperación que se observa entre 2002 y 2011, con una pequeña ve en 2009, fueron 9 años de aumento del PBI que no respondieron a las condiciones institucionales internas, ni a las políticas económicas claramente intervencionistas, sino al excepcional viento de cola que generó la fuerte suba de los precios internacionales de las materias primas que más exporta la Argentina.
Fueron los años en que surgieron en América latina todos los populismos de izquierda. Los Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Lula en Brasil, Tabaré Vázquez y Pepe Mujica en Uruguay, el chavismo consolidándose en Venezuela y Bachelet en Chile.
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Cambio de ciclo internacional
Pasado el viento de cola del precio de las materias primas, la economía argentina ingresó en un largo ciclo de estancamiento, 12 años. Otra década perdida. La previa había tenido lugar entre 1977 y 1990, precisamente 13 años. Casi lo mismo que se advierte desde la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, y los ciclos de Mauricio Macri y Alberto Fernández.
En trazos generales, se puede estimar que en los últimos 53 años el PBI creció a un ritmo del 1,8% anual acumulativo y la población a un ritmo del 1,3%, determinado un aumento promedio por habitante de 0,5% por año.
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El PBI per cápita en dólares al tipo de cambio libre fue en 2023 de USD 6.800, eso significa que al ritmo de 0,5% de suba por año real se necesitarían varios siglos para llegar a los USD 30.000 por habitante que hoy tienen España, Italia o Corea del Sur, por citar algunos ejemplos, o casi dos centurias si se compara la última estimación del FMI al tipo de cambio corriente para esos países.
De ahí que pasa a ser irrelevante el debate si la recuperación va a ser en V, en U o en forma del símbolo de una conocida zapatilla de marca mundial.
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El problema de fondo no pasa por lograr solamente que se aprueben e implemente reformas estructurales, sino por un cambio en los valores de la sociedad en su conjunto.
Culpar a la dirigencia política de la decadencia económica es una forma fácil de buscar enemigos típica del populismo. Sin duda que tiene su responsabilidad, pero esa dirigencia llegó por el voto de la gente en la mayor parte de los últimos 53 años.
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La recuperación de la economía argentina no depende solo del antiliberal DNU 70 o de la Ley Ómnibus, sino de un cambio de valores que hagan sostenibles las reformas económicas puestas en el papel. Por tanto, el tema relevante es ver si, una vez iniciada la recuperación, logramos sostenerla en el largo plazo, pasando del rebote del gato muerto a un crecimiento sostenido.
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