
“...Una mañana Natalia entró en el gallinero, como de costumbre. Repartió el maíz y todas las gallinas y el gallo corrieron a comer. La niña entró en la caseta y empezó a recoger los huevos, poniéndolos con mucho cuidado en un cubo. Entonces, observó que una de las gallinas estaba muy quieta, en un rincón, sobre un montoncito de paja. Natalia se preocupó porque no había ido a comer como el resto, ¡quizás estaba enferma!...”.
Esta es una breve extracción del simple texto de lectura para niños y niñas: “¿Qué le pasa a la gallina?”. En nuestro país, el 46 por ciento de los estudiantes de tercer grado no lo entienden. En ese contexto, y en medio de debates altisonantes entre privatizaciones o no de organismos públicos, no podemos ni debemos olvidarnos que si queremos construir una Nación con futuro es urgente que se piensen políticas para evitar la marginalidad de millones de jóvenes.
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La única manera de que se desarrolle un país es teniendo personas formadas que puedan formar parte de los desafíos del nuevo mundo laboral. Alfabetizar a nuestra población no significa solo que comprendan un texto que, obviamente, es sumamente importante. Sino también que los niños y niñas se egresen con capacidades y conocimiento para el nuevo mundo digital.
Según el Instituto de Estadística de la UNESCO, en el mundo hay 771 millones de jóvenes y adultos que no saben leer ni escribir, de los cuales dos tercios de ellos son mujeres.
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En Argentina, la situación es alarmante. Según los últimos resultados de las pruebas PISA, más de la mitad de estudiantes de 15 años no alcanzan los niveles básicos en Lectura, Matemática y Ciencias.
Por otra parte, en las pruebas Aprender, aproximadamente uno de cada dos niños y niñas termina 6° de primaria con niveles insuficientes en lengua y matemática. Esto significa que la mitad de los que ingresan a la secundaria no sabe leer, escribir, sumar ni restar. La situación es aún más grave por nivel socioeconómico: quienes están en situación de pobreza, que hoy son más del 50%, no acceden a educación básica de calidad.
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Luego de transitar dos años de escuelas cerradas por la pandemia, el crecimiento de la pobreza, la desigualdad y la gran inestabilidad macroeconómica, no es novedad para nadie que la educación está en crisis. Entonces, es imprescindible que se generen las condiciones para mejorar la calidad educativa, con inclusión e innovación.
En ese marco, celebro que existan expresiones que, aún en la situación que atraviesa el país, piensen e implementen políticas a largo plazo. Sin ir más lejos, hace algunos días, la Federación Universitaria Argentina (FUA) presentó el plan de alfabetización “En Punto”, un programa que consiste en formar grupos voluntarios de alfabetizadores. Ellos serán los encargados de brindar talleres a niños, niñas, adolescentes y jóvenes que se encuentren dentro o fuera del sistema educativo formal, para la adquisición de habilidades de lecto-escritura, comprensión de textos e inclusión digital.
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La disminución de la desigualdad en términos de alfabetización temprana, el apoyo escolar y la defensa de los derechos de niñas y niños, que promueve este programa, es crucial para la construcción del futuro, porque la herramienta más poderosa que tienen las personas para ser libres es la educación. La transición de estos tiempos políticos, no debe evitar que pongamos especial foco en la importancia de la educación pública para igualar las oportunidades de los argentinos.
A principios de año, el presidente electo Javier Milei, junto a otros candidatos, adhirió a un Compromiso por la Alfabetización, una campaña en la que se comprometió a llevar adelante distintas políticas para asegurar que todos los alumnos aprendan a leer y escribir en los dos primeros grados de escuela.
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“...Como el día que se preocupó por la gallina, Natalia corrió muy contenta a avisar a sus abuelos ¡La gallina había tenido pollitos! ¿Qué había pasado todo ese tiempo? La gallina ha estado cuidando de los huevos durante tres semanas, dándoles calor para que dentro de cada huevo creciera un pollito hasta que estuvieran tan grandes y fuertes que pudieran romper el cascarón y salir…”.
Seremos todos responsables de cuidar a la gallina y sus pollitos.
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