
A veces es bueno tomar distancia de las discusiones de momento. Las que generan más interacciones en las redes sociales, dirían los nativos digitales, o las que generan más rating, los que somos más analógicos. Cuanto más alto es el volumen, más importante es poder alejarse para analizar y pensar. Estamos en crisis y el Estado y la política no resuelven los problemas de la gente. ¿Tenemos que romper todo? La respuesta fácil es si. ¿Es la respuesta acertada? Creo que no.
Cuando hablamos de educación, seguramente se nos vienen a la mente muchos nombres de personalidades que trabajaron incansablemente para formar y mejorar nuestro sistema. Pero uno es sin dudas, el primero: Domingo Faustino Sarmiento. ¿Alguien se animaría a decir que la educación pública, gratuita y universal por la que tanto trabajó el “Padre del Aula” fue un error? Sarmiento entendió que el acceso a la educación era el motor que impulsaría a Argentina hacia el progreso, la igualdad y el desarrollo.
La educación actualmente está en crisis. Estamos todos de acuerdo. Durante muchísimos años se hicieron las cosas muy mal. Desinversión, infraestructura en deterioro e insuficiente, deserción escolar, sindicatos contribuyendo a la desigualdad y mucho más. Claro, la educación hoy no es la que creó y pensó Sarmiento. Pero eso no significa que haya que disolver todo el sistema y crear uno nuevo. Liderazgo en este tipo de situaciones, implican, necesariamente, soluciones con templanza, ideas, propuestas y análisis. Si no, solo se va a contribuir a agravar la crisis y provocar más desigualdad.
La provincia de Buenos Aires, por ejemplo, tiene una realidad muy heterogénea. Tuve la oportunidad de recorrerla, hablar con padres, docentes y estudiantes. Todos coinciden en que es hora de generar una transformación. Pero nadie siquiera menciona la posibilidad de cambiar el sistema. Necesitan soluciones reales y planificadas. Necesitan volver a tener una educación de calidad, innovadora e inclusiva. Por eso, tenemos que debatir propuestas para mejorar la formación docente, establecer la obligatoriedad de la sala de 3 y de las pruebas Aprender, reformular la currícula en primaria y secundaria y el estatuto docente, generar planes de terminalidad, etc.
El tan mencionado sistema de vouchers ya se implementó en otros países. En Chile, por ejemplo, se impuso en la década de 1980. Según especialistas locales, este modelo ha profundizado las brechas del sistema. Explican que los equipos directivos destinan sus esfuerzos a la sobrevivencia de los colegios en lugar de impulsar ideas innovadoras que promuevan el aprendizaje de niños y niñas.
En Suecia, otro país que adoptó ese sistema, se enfrentaron problemas similares. Entre 2003 y 2012, se produjo un brusco descenso en las calificaciones de los exámenes PISA, una muestra global que mide el rendimiento académico de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura. Luego, el rendimiento de los estudiantes mejoró pero nunca alcanzó los niveles obtenidos en los años previos a la introducción del voucher escolar.
Este año, estamos discutiendo el rumbo que queremos para nuestro país. La educación va a ser central para el futuro de la Argentina que soñamos. Para ello es vital recordar el legado de Sarmiento y la importancia que ha tenido la educación pública gratuita en nuestra historia. El enojo que reflejó la sociedad en la última elección es más que evidente y razonable. Que no nos nuble la vista para elegir la mejor educación para todos los argentinos.
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