En estos días se han publicado declaraciones de candidatos y potenciales ministros, en materia de cuándo y cómo eliminar el cepo o mejor dicho los cepos, ya que históricamente todo lo que no se pudo resolver, ha merecido uno.
Comenzando por el final: hay que eliminarlos de inmediato. La mejor manera de hacerlo es: el flujo de inmediato y stock tendrá que esperar. El interrogante principal sería: ¿es válida una demora en su anulación, dando paso a la libertad económica y financiera, o sería prudente esperar una mejor ecuación fiscal?
No se puede esperar más. Uno de los tantos efectos secundarios del esquema cambiario, es una baja en la recaudación impositiva. Lógicamente, si el sector del agro liquida a 270 pesos (sin contar las excepciones transitorias utilizadas como “parche”), tributa en base a ello. Si lo hiciera el dólar de mercado (nítidamente en overshooting), por lógica consecuencia, la recaudación por retenciones, Ganancias y tributos provinciales y municipales, entre otros, subiría en una medida muy parecida.
Elegir seguir con el cepo hasta equilibrar las cuentas fiscales marca un sendero de permanente baja del gasto, ajuste y achicamiento del encuadre económico-financiero. Y no sólo del sector público, también del privado.
Al no alcanzarse dicho equilibrio –se sabe de sobra que no hay lugar para subir impuestos, sino más bien hay que bajarlos–, si queremos ser mínimamente competitivos y recuperar los salarios, se pospondría la salida en un final muy probablemente traumático. Sería estirar esta letanía sin sentido.
Por otro lado, si se adoptara formalmente el esquema bimonetario que rige en Argentina desde hace décadas, podrían ingresar dólares para la producción. Cabe aclarar y destacar: producción es igual a producción, no a caer nuevamente en el fallido carry trade que nos llenó de dólares especulativos para pagar sólo intereses cuantiosos desplazando la inversión que se clamaba.
En síntesis: la liberación del cepo tiene que venir de la mano de un plan de estabilización, dado que las variables están disparadas, la economía es un caos y no hay financiamiento externo. Al mismo tiempo, al reconocer el dólar como moneda genuina de ahorro e inversión, con el tiempo aparecería un financiamiento acorde a las necesidades de las empresas.
Una tasa baja en dólares, acorde al orden mundial, con algún “premio” por riesgo argentino, permitiría un flujo de ahorro e inversión, los bancos volverían a jugar en la “cancha privada” así como el mercado de capitales.
Más allá, habría que desempolvar viejas normativas del BCRA en materia de ahorro y préstamo en diversas “monedas”: grano, carne, dollar linked, etc. En el mercado de capitales, claramente hay luz verde para esto, no se necesita más que un nuevo esquema que nos ponga para “adelante”.
Salvo que sean declaraciones destinadas a llevar calma a destiempo, este esquema debe cambiar y la oportunidad, claramente, es al principio.
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