
En los últimos dos años se viene hablando de una ola libertaria que está influyendo en la población. Digo libertaria porque el discurso que se despliega se aleja bastante de lo que es un liberalismo clásico.
Me permito dudar al respecto, dado que todo parece indicar que lo que se está viendo es una ola de cansancio de la gente con la dirigencia política tradicional y se canaliza hacia aquél que, a los gritos, canaliza esa bronca diciendo que va a romper todo. La bronca de la gente puede llevar a seguir esa idea de romper todo, pero de ahí a identificarlo con el liberalismo hay años luz.
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Por empezar, las elecciones provinciales que se dieron en los últimos meses, muestran que ese movimiento libertario tiene muy pobres resultados.
Se podrá argumentar que los manejos feudales que rigen en las provincias impiden el avance de ese movimiento libertario. Sin embargo, un candidato como Ricardo Bussi en Tucumán tuvo menos votos pegado al movimiento libertario que cuando fue solo. En efecto, en 2019 obtuvo 10 puntos porcentuales más que ahora que fue apoyado por los libertarios, quienes se hicieron presentes en la provincia brindando el apoyo explícito a Ricardo Bussi
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Dicho en otros términos, compitiendo contra el mismo esquema feudal que rige en Tucumán hace décadas, Bussi tuvo mejor performance electoral solo que con el apoyo explícito del candidato libertario.
Se argumenta que en la boleta del candidato tucumano u otros que fueron con los “libertarios” hicieron una muy mala elección porque no estaba la cara del candidato a presidente.
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Es probable que como candidato a presidente obtenga más votos que los candidatos a gobernadores que se presentan como seguidores del “libertario”, pero en ese caso estaríamos en presencia de un movimiento mesiánico, al estilo fascismo, y no de un movimiento liberal.
Si la gente vota no por las ideas, sino por una persona en particular, entonces no hay tal ola “libertaria” y mucho menos liberal. Hay un movimiento que se acerca a los movimientos tipo el peronismo, el kirchnerismo, el fascismo o el nazismo en que todos van detrás del líder del movimiento. Nada que ver con las ideas liberales que fundamentan el crecimiento de un país en sus instituciones y no en las personas.
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No nos engañemos, en 1989 la gente votó a Menem que venía con el discurso del salariazo y no apoyó a Eduardo Angeloz que proponía usar el lápiz rojo para bajar el gasto público, lo que hoy llaman el plan motosierra, es decir, el “plan motosierra” no es otra cosa que un plagio del lápiz rojo de Angeloz.
Pero luego Menem privatizó, desreguló y aplicó la regla de la convertibilidad y fue votado en 1995 ganando las elecciones con la fusta bajo el brazo. Es decir, la gente pasó de votar el salariazo a votar las privatizaciones y la convertibilidad.
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En 2003 y por 12 años seguidos, muchos de los que votaron las privatizaciones y la convertibilidad votaron la contrarreforma de Menem.
Votaron las estatizaciones, el aumento del gasto público, la confiscación de los ahorros en las AFJP, el cierre de la economía y el aumento de los impuestos, por citar solo algunos ejemplos. Los mismos que votaban privatizaciones, pasaron a votar estatizaciones.
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Con esto quiero decir que, posiblemente, no estemos en presencia de una ola liberal o “libertaria”, sino en presencia de desencanto con las dos fuerzas políticas mayoritarias de los últimos años. Es decir, no hay convicción de lo que se vota, sino voto castigo a los que fracasaron. En ese caso no estaríamos frente a un voto con valores liberales.
Es más, los más jóvenes, que tienden a apoyar más la idea de romper todo, pueden votar al kirchnerismo o a los libertarios sin que se les mueva un pelo.
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En definitiva, me parece que, con la ayuda de cierto periodismo que infla a un personaje que le da rating televisivo, estamos en presencia de un movimiento con más contenido personalista tipo fascismo que con un verdadero espíritu liberal. La búsqueda del mesías salvador que tantos dramas generó en la historia de la humanidad. Creer que alguien nos va a salvar en vez de construir instituciones que no dependan de una persona es lo contrario al liberalismo. El liberalismo tiene vida cuando una sociedad está convencida de los valores del respeto a la vida, la libertad y la propiedad. De la iniciativa privada.
Y eso, por ahora no se ve en las elecciones provinciales.
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