
Un nuevo liderazgo se consolida paso a paso, dándole lugar al error y aprendiendo de ellos. Tanto que quizá esta es una de las primeras reglas que se instalaron, y que hoy es una norma básica.
Si algo vienen a enseñarnos estos líderes es que cuanto antes se llega al error, más rápido se puede corregir la trayectoria del proyecto. Y en esta segunda parte de la ecuación está la clave: lo importante está en tener una reacción positiva, en poder aprender de la equivocación y recalcular dinámicamente el camino que conviene tomar.
Se toma consciencia así, conciencia del protagonismo de las softskills en este modelo de liderazgo. ¿Por qué? Porque hoy se reconoce que se consiguen mejores resultados cuando a los equipos se les da autonomía y se permite que desplieguen sus habilidades.
Es fundamental que el líder fomente este movimiento, no limitarlo y darle a los integrantes del equipo espacio para tomar la iniciativa. Es necesario que ellos puedan proponer, que aporten ideas y que se atrevan a cuestionar, sin importar cuán establecido esté el proceso. Y es que los líderes exitosos saben que esta es la manera real de evolucionar.
Y ahora, ya post pandemia, hay que agregar un nuevo desafío: poder liderar a equipos que tienen diferentes modalidades de trabajo. Es que muchos incluyen a algunos integrantes que trabajan en modo 100% remoto, otros prefieren ir por opciones híbridas y cada vez menos quieren un modelo presencial como antes.
Es por esto que se vuelve esencial crear un vínculo de absoluta confianza entre líderes y el equipo. Y este fundamento tiene su raíz en una premisa: para que todo funcione hay que delegarle a los colaboradores la responsabilidad y dar la confianza de que van a estar a la altura. Y para que esto suceda, se debe fortalecer su autoestima como profesionales, darles crédito por los aciertos y abordar los errores poniendo el foco en lo que se descubre por mejorar.
Es entonces cuando las habilidades blandas de los líderes se ponen en juego. Así se entiende que estas guías ya no tengan que concentrar el saber, sino tener la capacidad para gestionar lo que los colaboradores tienen como valor agregado y generar el contexto para que cada uno alcance su potencial.
El lograr contar con un grupo de líderes con capacidad de adaptación al cambio, que tienen en cuenta las necesidades de los colaboradores, los clientes y el mercado es lo que da un valor agregado y hace la diferencia.
Con este recorrido conquistado, vale la pena profundizar en este modelo de liderazgo, para que cada día sea más fluido, llegando a todas las industrias.
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