
Superado el gran escollo para cumplir la meta de acumulación de reservas del primer trimestre con el Fondo Monetario y encaminado el mecanismo para reunir divisas para los próximos tres meses -el dólar soja 3-, el ministro de Economía, Sergio Massa, tiene todavía un gran pendiente a resolver con el organismo. La meta fiscal impuesta para los primeros tres meses del año, cuenta que se auditará recién en junio, también ostentará, según las cifras de los dos primeros meses del año, un desvío notable respecto a lo comprometido.
Con un rojo de $ 441.500 millones en los primeros dos meses del año, el Gobierno insumió el 98% del desequilibrio admitido por el Fondo lo cual, aunque no son públicos los datos de marzo, echa por tierra cualquier posibilidad de cumplimiento. Según cálculos privados, para alcanzar al pie de la letra lo pactado con el FMI, el déficit primario de marzo debería ser inferior al de marzo de 2019, el mínimo de la serie iniciada en 2016, cuando el gobierno de entonces había aplicado un duro recorte sobre la obra pública y otras partidas, precisamente a instancias del acuerdo de ese momento con el organismo.
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Esa posibilidad, a la luz de la evolución de los recursos tributarios del mes pasado que sufrieron el impacto del derrumbe de los ingresos por retenciones -la recaudación de derechos de exportación cayó 83% en términos reales-, luce inalcanzable.
No obstante, Massa sí tendría a disposición algunos resortes para al menos aminorar el nivel de incumplimiento y re-encauzar las cuentas públicas. Vale recordar que, si bien se flexibilizó el objetivo de reservas, el FMI se mantuvo intransigente respecto de la meta anual de déficit fiscal, que se mantuvo en 1,9% del PBI.
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Un informe reciente de la consultora Analytica destacó los principales motores del déficit durante el primer bimestre e identificó el margen para el Gobierno de ajustar las variables para acomodarlas a los parámetros del Fondo.
En primer lugar, lo más destacable según el análisis es el salto en los gastos discrecionales, es decir, aquellos que no están atados a una fórmula específica de indexación y están sujetos a la volatilidad de la modificación de partidas presupuestarias. “Los gastos primarios del primer bimestre, a precios constantes, resultaron muy elevados y fueron impulsados por partidas discrecionales. En febrero, por ejemplo, mientras el promedio de gastos primarios creció al 95% interanual hubo erogaciones con aumentos muy superiores” sostuvo la consultora. Señaló el rubro “otros programas sociales”, en el que se gastó 179,5% más que el año pasado y que abarca los planes Potenciar Trabajo, las becas Progresar, la Tarjeta Alimentar y refuerzos a comedores, entre otros. Más notorio es el salto en el rubro “Otros gastos”, que prácticamente se triplicó (+282,2% i.a).
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“Hacemos un punto sobre estas partidas ya que no tienen indexación automática y son extremadamente volátiles, debido a su naturaleza discrecional. En este sentido, podrían manejarse con mayor facilidad en comparación a gastos más inelásticos a las necesidades de caja, como las jubilaciones, las pensiones o los salarios públicos”, advirtió Analytica. Dicho de otro modo, a pesar del año electoral, es un gasto más sencillo de ajustar.
Otra herramienta a disposición, a la que se recurrió el año pasado, requiere del visto bueno del FMI. Se trata de ampliar la “cuota” permitida en el acuerdo de deuda flotante, es decir, aquellos gastos a los que se comprometió el Estado en un período pero cuyo pago postergó para el período siguiente. Algo de eso explicaría, por caso, el salto del rojo fiscal en los primeros meses del año, después de se sobrecumpliera ligeramente el objetivo de diciembre de 2022.
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“El elevado nivel de gasto de enero se debió a ´un ajuste de cuentas´ que había quedado en diciembre de 2022. En concreto, la cancelación de deuda flotante explicó unos $400.000 millones adicionales de gasto ese mes. El último dato disponible a febrero muestra que el stock de deuda es de $699.077 millones, en tanto el acuerdo con el Fondo permite que este guarismo se ubique en $1,17 billones. Por ende, hay espacio para que el gasto base caja pueda postergarse en los próximos meses, por debajo del devengado, hasta acumular una deuda flotante máxima de $508.323 millones”, detalló Analytica.
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