Un Papa argentino, el regalo inesperado que recién diez años después valoramos

Demasiados intentaron instalar a Francisco en la limitación mental de sus confrontaciones, interpretaron sus gestos olvidando su espacio de liderazgo en el mundo

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Papa Francisco en el Vaticano
Papa Francisco en el Vaticano

La vida a veces pega y otras acaricia. La vigencia de un Papa argentino no ocupaba un espacio entre nuestras expectativas, fue un regalo inesperado que diez años después recién estamos valorando con el respeto que merece y la distancia que nos separa. Solo nuestro amado Padre Leonardo Castellani lo imaginó alguna vez en uno de sus cuentos, un sacerdote que cuando participó del almuerzo de escritores con el dictador Videla supo expresar “vine a pedir por mi amigo Haroldo Conti”.

En sus tiempos de Arzobispo me pidió apoyo para un encuentro con Néstor Kirchner ya que el presidente siempre se negó a ese diálogo. Mi conclusión, expresada a ambos, fue que Néstor no soportaba hablar con personas a las que no pudiera dominar. Néstor no tenía pares, Cristina menos, porque se sentían dueños del poder del cargo pero inseguros fuera de él. Las relaciones fueron malas, aun cuando fue electo Sumo Pontífice y la mediocridad de los kirchneristas no entendía siquiera la dimensión del hecho. Antes habían enviado a Roma a un grupo de personajes rastreros intentando impedir la elección de quien consideraban su enemigo. Eran tiempos de autopercibirse revolucionarios, fantochada que terminará en derrota y en retorno con versiones antes consideradas de indigesta derecha. Las “cajas” ocuparon el lugar de los sueños revolucionarios. Muy pronto, frente a la realidad de la obtención del papado por parte de Jorge Bergoglio supieron desplegar la infinita riqueza de su oportunismo y sembrar la idea de que el Santo Padre participaba de sus convicciones. En su momento, un intrigante al que desprecio me convocó para preguntarme, por orden de Néstor, si yo recordaba que el entonces Cardenal hubiera participado en la dictadura. Tengo exilio y secuestro en mi historia, el intrigante nunca fue preso, la teoría que siempre intentaron imponer era que quienes no aceptamos la violencia participábamos de la represión. Esta limitación manifiesta, que deambula entre conceptos absurdos como la supuesta teoría de los dos demonios, trata de convertir la violencia en virtud intentando devaluar la dignidad de los humildes que aportó el peronismo.

El Papa Francisco logró cambiar el lugar de la iglesia en el mundo. Su encuentro con otras religiones tiene la dimensión de un hecho histórico que muestra a la espiritualidad como el único camino hacia la paz y el entendimiento.

Tuve también, por mi relación con el Santo Padre, algún encuentro con Mauricio Macri, quien después de haber compartido ocho años soportando la agresión de Néstor terminó convencido por la mediocridad de un asesor extranjero de que se agotaba el tiempo de las religiones. Los adoradores del” becerro de oro” son parte de la naturaleza humana, la codicia suele definir un mundo donde la solidaridad y la espiritualidad necesitan ser condenadas. Las religiones son hoy una de las últimas defensas del humanismo contra los mercados y su voluntad de transformarnos en anónimos consumidores. Nuestro Papa expresa y defiende las necesidades de aquellos marginados que deambulan buscando un destino.

Las entrevistas recientemente realizadas al Papa Francisco recuperaron el valor y el respeto que su sabiduría merece. Se vieron preguntas alejadas de la versión folclórica acerca de cuál es su relación con la política y nimiedades por el estilo. A veces olvidamos que fue la Iglesia quien nos permitió superar el conflicto con los hermanos chilenos.

Se puede transitar la vida siendo creyente o ateo, lo triste es imaginarse superior por habitar en cualquiera de sus versiones. La angustia existencial no suele ser extraña ni siquiera a quienes se perciben triunfadores. Nunca olvido el poema de Tejada Gómez que los describe con su talento, “tiene un perro, una amante y un psicoanalista que le amansa la muerte dos veces por semana”. Demasiados intentaron instalar al Santo Padre en la limitación mental de sus confrontaciones, interpretaron sus gestos olvidando o ignorando su espacio de liderazgo en el mundo. Las visitas y las fotos no podían definir una visión trascendente de su lugar como pastor universal, muchos imaginaron que si existía un Paraíso no podía dejar de ser parte de los barrios privados.

Su Santidad Francisco está muy por encima de los que se creen revolucionarios por decir “treinta mil desaparecidos” y de los liberales antipopulares que definen “setenta años” como si nuestras dificultades no hubieran sido gestadas por las dictaduras que ellos engendraron sino por el voto popular. Nos llevó diez años salir de la pequeñez y lograr que la sabiduría de su palabra fuera escuchada y comprendida. Sus enemigos, los cipayos de siempre, exponen su despreciable lugar en el mundo a través de la dimensión de sus macerados rencores a todo lo trascendente y popular, dos espacios del alma humana que suelen convivir. Podemos ser creyentes o ateos, dialéctica que acompaña desde siempre al ser humano, los odios son otra cosa y no merecen respeto. El Papa Francisco es un regalo de la historia que sin duda honrará a nuestras generaciones por encima de quienes, sólo por dinero, intenten impedirlo.

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