
La industria argentina ha demostrado a lo largo de su historia, y en especial a partir de las últimas décadas, que puede ser elegida sin duda como un modelo a estudiar en las mejores universidades del mundo por su capacidad de supervivencia, tenacidad y fortaleza para mantenerse en pie, firme y con una enorme capacidad de adaptación a los nuevos tiempos y tendencias.
Ha sido una locomotora que nunca detuvo su marcha pese a los contratiempos económicos y coyunturales que tuvo que enfrentar y por el contrario, siempre se mantuvo a la vanguardia en cuanto a lo que se refiere a tasa de inversión e innovación.
Las dificultades que muchas veces impone el contexto nacional o internacional son conocidas por todos. Por el contrario, valorando las virtudes del sector y reconociendo a quienes tienen la misión de guiar sus compañías, muchas de ellas, pequeñas y medianas nacidas en el seno familiar, por generaciones han crecido y multiplicado su valor y capacidad.
En tiempos complejos todo lo que se consigue tiene un doble valor y más aún si al incremento en la capacidad de producción se le agrega una formidable readaptación tecnológica, que impone además un nuevo entendimiento de la sustentabilidad reclamada por las nuevas generaciones de consumidores.
Estas modernas tendencias y las diferentes normativas legales e impositivas, que se suman en forma casi constante, obligan a que las industrias se mantengan actualizadas y tengan la necesidad de revitalizar sus circuitos de creación tecnológica. Las industrias necesitan recibir prestaciones de primera calidad, en las que puedan consolidar y potenciar sus negocios con el mejor asesoramiento financiero, legal y de comercialización para sus proyectos.
Ser aliados estratégicos de las empresas que se han establecido en nuestros 5 polos industriales, nos impone asumir el desafío de brindar servicios de calidad en los que cada recurso invertido tenga el valor de multiplicarse. Una de las principales virtudes del sector es haber percibido que para mantenerse activo y competitivo frente a la creciente globalización es adaptarse a los nuevos modelos de gestión que impone el mercado, pero sin perder esa visión personal, muchas veces a cargo de los propios dueños o fundadores, que resguarda el factor humano y da sentido de pertenencia a sus empleados.
Por eso no es casualidad que la actividad ocupe a uno de cada cinco trabajadores formales del sector privado. “Sin industria no hay Nación” expresó hace muchos años el ex presidente Carlos Pellegrini, una frase que suele repetirse en estas fechas, ya que no por antigua deja de ser cierta. Sin embargo, preferimos decir que “Hay Nación y Hay Industria”, los hechos y la historia lo demuestran.
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