
Enjuto como un jockey, de 37 años, croata, Luka es jugador de fútbol.
Después de conseguir un balón de oro otorgado por la célebre revista France Football, delante de Messi y Cristiano Ronaldo –se había hecho costumbre dar por descontado que iba para el capitán de la Scaloneta-, Luka Modrić cambió el orden y demostró para siempre que se trataba de uno de los más fabulosos talentos en la historia del juego que el martes enfrentará a la Argentina con Croacia en el Mundial, ya en zona de levantar pronto la copa.
Modrić juega en el Madrid, donde ha sido 21 veces elegido como el mejor jugador del equipo y conseguido cinco Champions, 4 mundiales de clubes, la Copa del Rey, 3 Supercopas, en fin: todo. Allí, en asociación con Casemiro y Kroos, pero en función del equipo, siempre, levanta a los aficionados de los cómodos asientos del estadio.
En horas donde se urde la provocación y la subestimación a Messi -“No es para tanto”, lo azuzan-, Modrić se mantiene en calma y a la espera, tal vez por verse con una vida que lo ha forzado a sobreponerse a la adversidad, el miedo y la tristeza: al estallar Yugoslavia, unida por el guante de acero de Josip Broz, el mariscal y dictador durante 40 años, un comunista sin someterse al yugo de la URSS y líder partisano contra el ejército nazi, en el poder cuatro décadas (alguna biografía apunta cierto tiempo en la Argentina como trabajador en varios empleos, hincha de Estudiantes de La Plata). Su muerte desata la feroz Guerra de Los Balcanes. Donde era Yugoslavia, ahora son seis naciones, y la crueldad inimaginable de quienes estaban unidos produjo que los que hasta anteayer eran vecinos y amigos, se mataran: nacionalismo, guerra fría, idiomas, religión y limpieza étnica en masa, todo a media hora de vuelo de Venecia.
Modrić vio matar a su abuelo, él y los padres huyeron y se desplazaron hasta un hotel que funcionaba como protección de niños, mientras estallaban 500 granadas cada día. En el patio al que salían a jugar, Luka elegía el fútbol. Con otro o solo, imaginaba alcanzar el modesto conjunto cercano, y, uno tras otro, se las arregló para ser probado. Rechazo inicial, y repetido, por poco peso y poca estatura, hasta que tocó el Dínamo de Zagreb, el más popular y poderoso, donde se dieron cuenta de lo que ahora Luka asegura: “No es necesario ser robusto para jugar al fútbol”.
Su país boscoso y con montañas, rara vez transcurrió sin experiencias terribles. Más o menos cuando vivían sus abuelos y eran jóvenes, la organización terrorista, fascista y clerical -hay literatura abundante-, la Ustacha, alcanzó el poder y se convirtió en un territorio de alianza absoluta con Hitler.
Fundado por Ante Pavelic, la organización emprendió la matanza, de judíos, serbios, gitanos, conversión o muerte a sacerdotes ortodoxos, construyó una decena de campos de concentración, muchos solo para niños de 2 a 12 años, donde la mutilación, la tortura, los golpes, chicos eran quemados delante de los padres, violados, también obligados a mirar. Todos morirían luego desmembrados.
Hasta los monstruos desde Alemania o responsables alemanes en Croacia levantaron informes frente a la Ustacha, “con métodos que solo el Infierno de Dante pueden compararse”. Además de ”¡ ser –se añadía- de muy poca eficacia!”.
Al terminar la guerra, Pavelic consiguió escapar con su mujer, todos sus ministros, el tesoro acumulado por los robos a las víctimas, amigos, en alguna parte con mucha influencia, y llegó a nuestro país, donde encontró casa y hospitalidad.
¿Qué tiene que ver con el exquisito deportista Luka Modrić? Nada, aunque el viento del pasado deja huellas y esta estrella del fútbol mundial enamora con su juego y su personalidad para dejar un pasado atroz.
En la cancha estarán Messi y Modric en una tarde de diciembre difícil de olvidar.
El número uno y el fabuloso croata, cada uno con sus compañeros de alto vuelo: todos son excelentes, no es un duelo de western. Aunque se diga que es solo futbol, el Mundial contiene significados de toda clase. No es la patria, y sin embargo, se siente que de algún modo lo es. Si no, ¿qué hacen allí los himnos y las banderas gigantes? Quizás no tendría que ser así, pero los hechos empujan y cualquier deporte -todos los crearon los ingleses- es remedo de una guerra donde nadie muere.
Argentinos y croatas llegan a semifinales y será fantástico verlo.
Falta poco.
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