
Luego de la crisis subprime de 2008/2009 y producto de la hiperliquidez derivada de esta, vivimos una época de tasas de interés bajas que se acentuó en 2018, donde las correcciones de la Bolsa, específicamente en acciones, tenían una duración de semanas o días, incluso horas en que la recuperación se daba en una misma rueda operativa. Esto significó más de una década sobre la que invertir en el mercado de valores era percibido como una tarea sencilla, puesto que más temprano que tarde, las ganancias inexorablemente fluirían a las comitentes. Esta fiesta terminó a comienzos de año, iniciando un ciclo bajista que impactaría en todo el mundo.
Las correcciones son una parte necesaria de todo ciclo alcista y tienen el rol fundamental de descomprimir indicadores y gráficas para encarar un nuevo bull run. Podemos considerar la baja del mercado como una consecuencia de la suba previa. Trazando analogías podríamos ubicarla como la resaca posterior a una noche de fiesta.
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El actual bear market lleva 10 meses de duración, es decir todo 2022 erosionando no solo las comitentes de los inversores sino también su moral. La particularidad de este año es que la baja afectó a instrumentos de renta variable (acciones) como de renta fija (bonos), donde estos últimos solían servir de cobertura en momentos de incertidumbre. Para poner esto sobre números en el tiempo, solo 3 veces en la historia los rendimientos tanto de acciones como de bonos fueron negativos (1931, 1969 y 2022). Generalmente cuando las acciones tenían malos años, la cartera de bonos actuaba como refugio de valor, incluso en 2008 donde el equity estuvo -40% y los bonds +20%.

Ante este panorama de baja generalizada, solo los commodities y los sectores de energía tuvieron buenos rendimientos explicado en gran parte por la guerra entre Rusia y Ucrania. Sin embargo, la mayoría de las carteras de inversión se han visto castigadas como hacía tiempo no sucedía.
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En todo proceso bajista, siempre sufren primero y más fuerte los activos de mayor riesgo y volatilidad, esto no es una novedad pero lo novedoso de este año es ver como empresas de primer nivel en Wall Street han sufrido drawdowns a niveles propios de compañías con serios problemas de supervivencia. Quizás el caso más llamativo sea el del gigante Meta Platforms (ex Facebook), dueño de Instagram y WhatsApp entre otros, que acumula una baja del 77% desde septiembre 2021. Meta forma parte de las FAANG (acrónimo para referirse a las empresas tecnológicas más importantes y con mayor capitalización bursátil de Wall Street: Meta -ex Facebook-, Apple, Amazon, Netflix y Google). Otros ejemplos de fuertes bajas pueden ser Paypal -78%, Nvidia -69%, Amazon -51%, etc.

Incluyendo en el análisis a las cryptos, hoy en día ya instaladas como un instrumento de inversión más dentro del mercado, al ser activos de alto riesgo han sufrido de igual manera las embestidas del mercado, con bajas del 75% para Bitcoin y 80% para Ethereum, por nombrar a las dos monedas principales.
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Este tipo de año correctivo suele dejar muchas enseñanzas, principalmente porque su larga duración permite y lleva al inversor a replantearse su estrategia y analizar las decisiones tomadas, desde como armar y administrar una cartera hasta despegarse de las emociones a la hora de invertir, dejando de comprar lo que quiere que suba por aquello que tiene más probabilidades de subir. Y también momentos así aleccionan al inversor, como versa el título de esta nota, marcando a fuego en la memoria las pérdidas sufridas, no solo por el valor económico, que sin dudas es importante, sino por lo emocional hiriendo directamente el ego de cada inversor o trader, porque se recuerdan mucho más las operaciones perdedoras que las ganadoras.
No hay mejor frase que resuma este año bursátil que aquella que dice “El mercado siempre le devuelve la humildad al soberbio”, poniendo de manifiesto que nunca debemos creer saber más que el mercado mismo ni arraigarse a la idea de que ante una operación perdedora, el error no es nuestro sino del mercado. Invertir en el mercado de Valores es una de las actividades más difíciles del mundo, donde los errores se pagan caro y quienes prosperan son aquellos que capitalizan las equivocaciones en aprendizajes. Quien no lo entienda así, pronto quedará fuera del juego y será parte de las estadísticas.
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