
Si Argentina se encuentra en una situación crítica de reservas en el Banco Central es porque castiga al que exporta, persigue al que invierte con más impuestos y destroza el peso sistemáticamente.
¿Cuáles son los mecanismos por los cuales ingresan salen divisas? La oferta de divisas está dada por los dólares que ingresan al país los exportadores, pero también puede provenir de la inversión externa directa o de préstamos internacionales. La demanda está dada por quienes necesitan comprar para poder pagar importaciones, servicios al exterior, cancelación de deudas y en algunos casos por fuga de capitales.
Las recurrentes crisis cambiarias en la Argentina tienen que ver cuando se observa una estampida inflacionaria y un gobierno que atrasa la paridad oficial, porque la gente lo percibe y se fuga hacia el dólar, provocando la escalada de la cotización del dólar, en particular el “blue”.
Argentina tuvo varios estallidos cambiarios que se trasladaron al sistema financiero por el desorden fiscal, porque el desequilibrio de las finanzas públicas lleva a un festival de emisión monetaria que hace que el peso pierda valor y la gente, ante el diluvio universal inflacionario que se visualiza, termina refugiándose en el arca de Noé, es decir el dólar.

Hay dos posibilidades en estas fugas del peso: 1) que el BCRA salga a vender reservas al mercado para satisfacer la demanda a un tipo de cambio artificialmente bajo; y 2) racionar la venta de dólares. Al poner un tipo de cambio oficial artificialmente bajo, aumenta la demanda y disminuye la oferta. Por eso normalmente la posición de activos externos del Central colapsa, como ocurrió en 1989 cuando saltó por los aires el Plan Primavera. El 6 de febrero de ese año el entonces presidente de la entidad se plantó y dejó de vender dólares a precios bajos y la cotización se disparó, transmitiendo la corrida contra el peso a una corrida financiera.
En el caso de actual, como en todos los anteriores, el creciente déficit fiscal financiado con emisión monetaria dispara la inflación y, junto con el deliberado atraso del tipo de cambio oficial, provoca la reacción de la gente a refugiarse en el dólar.
Según los datos que presenta la Secretaría de Finanzas en el Boletín Fiscal, en los primeros 6 meses del 2022 el déficit fiscal primario, antes del pago de los intereses de la deuda, aumentó un 254% respecto a igual período del año anterior, como consecuencia de un gasto primario que se elevó 10 puntos porcentuales por encima de la tasa de inflación del período, con la excepción de las Trasferencias a Universidades que aumentaron menos.
Con un Banco Central que emite pesos para financiar el déficit fiscal que nadie quiere, y también para financiar un precio sostén de bonos del Tesoro que tampoco nadie quiere, es inevitable que la gente se saque de los pesos de encima y se refugie en bienes que lo protejan contra la inflación, entre los que incluye a los dólares.
En junio el principal ingreso de la Tesorería de la Nación volvió a ser la emisión monetaria. Ese proceso continuó en julio: el BCRA emitió $572.000 millones para financiar al Tesoro y $1,1 billones para intentan sostener el valor de bonos en pesos. De ahí que la pregunta sobre cuál es el techo para la suba del dólar es incorrecta. Lo apropiado es preguntarse ¿Cuál es el piso de caída del peso por el exceso de emisión?
Y dado que el kirchnerismo considera que la emisión no genera inflación, sino que la suba generalizada de los precios responde a un fenómeno multicausal, el peso puede seguir cayendo y, por tanto, la cotización del dólar blue y los libres en el mercado oficial continuar subiendo.
Desaliento al ingreso de divisas
Al que exporta, el Gobierno lo castiga con impuestos y con un tipo de cambio oficial notablemente menor al discrecional oficial, porque está obligado a entregarle los dólares al BCRA. En este contexto, tampoco van a ingresar capitales para invertir en un país en el que no hay reglas de juego estables, y para peor impone una carga impositiva insoportable; y mantiene una arcaica legislación laboral que desalienta las contrataciones en el mercado formal.

Como es costumbre, los gobiernos creen que recibiendo más apoyo financiero del FMI, de los bancos y de los organismos multilaterales, van a poder sustituir las reformas estructurales con más crédito externo. La realidad es que al final del día el país se queda con más deuda.
Del viaje de Silvina Batakis a Washington, para encontrarse con las máximas autoridades de los organismos internacionales y de la Reserva Federal nada se puede esperar, salvo un waiver por no haber cumplido con las metas acordadas con el FMI. Posiblemente no se caiga el acuerdo, pero luce bastante poco probable que vaya a conseguir fondos frescos para seguir haciendo populismo, retrasando el tipo de cambio y emitiendo pesos a marcha forzada.
El problema de la economía argentina no es financiero, es estrictamente fiscal y de violaciones a la propiedad privada. Y la seguridad jurídica no se compra con créditos del BID, el FMI u otros organismos multilaterales, sino con años de respeto de las reglas de juego y dejando de perseguir a los que invierten y quieren desarrollar su capacidad de innovación.
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