El Gobierno, a través de la flamante ministra de Economía Silvina Batakis, tiene que definir urgente un plan económico orientado a frenar esta inflación absolutamente descontrolada que dinamita la economía y destruye el ingreso de la clase media y de los sectores más postergados.
Para eso tiene que tener especial cuidado con la emisión, no puede seguir fabricando billetes como si no pasara nada. Más allá del discurso de los dirigentes del oficialismo -Cristina Kirchner y Axel Kicillof entre otros-, la principal causa de inflación hoy en nuestro país es la emisión destinada a sostener un gasto público que supera la recaudación tributaria.
En consecuencia, hay que trabajar sobre el gasto del Estado sin caer en el gravísimo error de proponer reducción de la inversión en políticas sociales absolutamente imprescindibles como las de educación, salud, jubilaciones y programas sociales, en la medida que sean temporales y orientados directamente a los destinatarios eliminando cualquier tipo de intermediación que pueda hacerse desde los movimientos sociales o desde cualquier otro ámbito de la política.
Pero hay que trabajar necesariamente en la reducción de gastos del Estado en términos de participación en el PBI.
Reducir y controlar la inflación no puede ser el único objetivo, o el objetivo final, pero constituye hoy en la Argentina una plataforma imprescindible para encaminarnos en un proceso de crecimiento y desarrollo que sin duda podemos lograr a partir de determinadas fortalezas pero que dependerá de nuestras propias capacidades; fundamentalmente de la capacidad de los políticos.
Es imprescindible que un plan de esta naturaleza cuente con el apoyo de todos los sectores del oficialismo. Del Presidente por supuesto, pero también de la Vicepresidenta que hasta acá, lejos de actuar con seriedad, fue protagonista principal de enfrentamientos irresponsables y tensiones políticas con durísimas consecuencias económicas. Entre ellas, este ajuste fenomenal que se está dando sobre el conjunto de la sociedad a través de la inflación.
No pueden seguir actuando como hasta ahora. El Estado no es un botín de guerra y el país no es el escenario de los enfrentamientos irracionales de quienes sólo aspiran a permanecer en el poder para su propio beneficio sin mejorar en nada las condiciones de vida de la sociedad.
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