
Tras la crisis de 2008 la Reserva Federal de Estados Unidos redujo tasas de interés de referencia de la política monetaria a cero para paliar sus efectos. Lentamente la actividad económica y el empleo se recuperaron, pero ya en 2016 fue necesario iniciar una reversión de aquellas subas. Los aumentos de tasas fueron pequeños y temporales, porque la economía mostró su debilidad, y el debate sobre el tapering se postergó.
La pandemia de Covid-19 y las consecuentes cuarentenas golpearon a la economía global, lo que permitió desinflar algunas burbujas visibles, pero nuevas políticas crediticias agresivas las volvieron a inflar, dejando a la economía nuevamente comprometida.
Los efectos de aquellas políticas antiinflacionarias de 2020 ya se dejan ver, en línea con el rezago calculado por Milton Friedman, entre 12 y 18 meses después. Y la Fed empezó a preguntarse nuevamente acerca de cuándo sería conveniente subir las tasas de interés.
El proceso se inició de modo gradual, pero las nuevas alzas en las mediciones del IPC llevarán a la Fed a subir más rápidamente las tasas en sus reuniones de inicios de mayo.
Lo cierto es que Friedrich Hayek nos enseñó a los economistas qué ocurrión en los años ‘30: si bien la tasa de inflación puede estar controlada y mantenerse en niveles bajos, aquellas políticas crediticias distorsionan la estructura productiva, provocando un ciclo económico de carácter monetario.
Lo que sucederá a partir de estas nuevas subas de tasas de interés fue bien explicado por Hayek, y su maestro Ludwig von Mises entre 1912 y 1941. No se trata solamente del sobre-consumo o la sobre-inversión generada en estos años, entre 2016 y 2021, sino de la mala-inversión que canalizó los recursos escasos hacia actividades que sólo se hicieron rentables con la baja “artificial” de los tipos de interés.
Lo mismo ocurrió en la década de 1990. Por más que la actividad económica y el empleo lucieron bien, y las tasas de inflación no resultaran altas, la economía se encaminó a la crisis dot-com, producto de estas alteraciones en las inversiones hacia el Nasdaq.
Lo mismo ocurrió entre 2001 y 2008. Por más que los macro-agregados mostraban una economía que se recuperaba de aquella crisis, la economía se encaminó hacia una gran recesión, tras inflar los activos inmobiliarios.

Lo mismo ocurrirá en estos próximos años, aunque lamentablemente no podamos manejar el timing. Por más que la economía aparenta recuperarse de la crisis de la pandemia, los microfundamentos de esa recuperación muestran inconsistencias, distorsiones, que resultarán en una nueva crisis económica.
Mises decía en 1912 que cuanto mayor fuera la expansión crediticia y cuánto mayor sea el tiempo en el cual las tasas de interés se mantuvieron artificialmente bajas, más profunda será la depresión económica. Si este es el caso, entonces la crisis mundial que viene puede ser de mayor gravedad que aquella de 1930, 2001 y 2008, entre muchas otras.
Se puede culpar al capitalismo y al patrón oro (1930), a los fraudes contables de Enron y Wolrdcom (2001) o a la desregulación de los mercados (2008); quizás en esta oportunidad se culpe a la pandemia, pero el factor común de estas crisis es la mala administración de la moneda de parte de los bancos centrales, o en concreto -bajo patrón dólar- de la Fed.
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