
El Padre Bergoglio nos decía: “…mírenlos a los ojos y vean sus hocicos húmedos”
El Papa Nro. 266 de la Iglesia Católica, nacido en 1936 en el barrio de Flores, Buenos Aires, entre los años 1980 y 1986, fue rector del Colegio Máximo de los Jesuitas y de la Facultad de Filosofía y Teología de San Miguel, en la provincia de Buenos Aires. En el año 1980, mandó comprar unas vacas, ovejas y cerdos que ubicó en un terreno del Colegio. Se trataba nos dijo un ex alumno de “enseñarnos a amar y cuidar a nuestros hermanos menores …de ahí partían muchas reflexiones y referencias al Catecismo y a las Sagradas Escrituras” y agregó: “Recuerdo que nos recomendaba que, por las mañanas, antes del desayuno, además de contarlos para cerciorarnos que estuvieran todos, debíamos mirarlos a los ojos y observar sus hocicos húmedos, para saber si estaban sanos” dijo el padre Ortiz, exalumno y agregó: “Él mismo venía a alimentar a los cerdos y junto a estos nos contaba historias como la de la relación de los cochinos con los antoninos, monjes de la Orden de San Antonio Abad. A veces les daba de comer mientras nos hacía preguntas sobre importantes cuestiones de teología”.
29 de abril, día del animal en la Argentina
Llamado Ignacio Lucas Albarracín, Ignacio por haber nacido el día del santo de Loyola -vaya coincidencia -, respetado jurista, a la cabeza del grupo integrado por el reverendo J. F. Thomson, Sarmiento, Guido y Spano, V. F. López y Bartolomé Mitre, fue en el 1879 co-fundador, primer secretario, presidente popular y vitalicio de la Sociedad Argentina Protectora de los Animales. Desde luego que entre otras vocaciones de servicio y obras benéficas fue un incansable luchador por los derechos de “nuestros hermanos menores”.

En su homenaje se celebra el 29 de abril, día de su fallecimiento (1926), el día del animal. Por su parte, la Iglesia participa de la misma conmemoración el 17 de enero por San Antonio Abad (251-356) monje ermitaño que aparece con un cerdo y una campana al cuello. Con sus seguidores, los “Antonianos”, con fines sanitarios, criaban cerdos en las ciudades asoladas por la peste del “ergotismo” (producido por un hongo parásito en los cereales) que era letal y con la grasa de los cerdos ungían a los enfermos.


La primer Carta encíclica del Papa Francisco, Laudato sí (Alabado seas)
Este mes cumple 7 años el importante documento pontificio sobre el cuidado de nuestra Casa Común. Ahí el Santo Padre, nos enseña que así como el hombre no puede ser reducido a objeto (LS pag. 81) tampoco los demás seres vivos pueden serlo. Todas las criaturas son sujetos y no meros objetos y todos tienen un fin y todos están relacionados. “…cada criatura tiene una función y ninguna es. superflua…” (LS pag. 84). “La interdependencia de las criaturas -nos recuerda el Papa -es querida por Dios. El sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión, las innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma, que no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente” (Catecismo, nota 63, pag. 86).”El corazón es uno solo, y la misma miseria que lleva a maltratar a un animal no tarda en manifestarse en la relación con las demás personas. Todo ensañamiento con cualquier criatura “es contrario a la dignidad humana” (Catecismo). Dice en Laudato sí.
Los animales también son nuestros prójimos
De manera análoga al Otro ser humano, que es nuestro hermano y semejante, nuestro prójimo, también son prójimos los animales no humanos, especialmente las criaturas superiores. Y así lo sostuvo la Iglesia a lo largo de la Historia.
San Francisco de Asís decía: “Todas las cosas de la creación son hijos del Padre y hermanos del hombre. Dios quiere que ayudemos a los animales si necesitan ayuda. Cada criatura en desgracia tiene el mismo derecho a ser protegida”. En igual sentido se pronunciaron -por citar algunos -el ya nombrado San Antonio Abad, San Roque, San Anselmo, San Petroc de Cornualles, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, San Clemente de Alejandría, San Agustín y muchos más.

Los animales superiores tienen “vida interior”
Durante muchos siglos, en especial tras los errores capitales del negacionismo cartesiano, se infravaloró la riqueza y naturaleza de “la vida interior” de los animales. La afirmación de Descartes de que los animales no tienen alma porque no piensan, parte del res cogitans, la cosa pensante y el principio “pienso, luego existo”, identificando subjetividad o vida interior con la pura”razón”. Toda conciencia sería entonces idéntica al pensamiento humano de donde “el pensamiento, en grado humano” sería un presupuesto para “tener alma”. Alguien decía que “el loco” es aquel que sólo ha perdido la razón, acaso por eso ¿carece de vida interior? Un pensamiento mecanicista diría que sí, simplemente “porque le falta un tornillo”.
Eso no significa que se modifica la naturaleza del ser puramente animal. El perro, el gato, el caballo u otro animal no es una máquina como sostiene el cartesianismo. Porque siente, tiene una impresión puramente objetiva de realidad y que no sea capaz de reflexionar sobre el propio sentimiento no es una fundamentación suficiente para interpretar que carece de vida interior.
Partimos de la aceptación según la cual los animales no humanos tienen una conciencia distinta, desde luego inferior, que no les permite, entre otras cosas, reflexionar sobre sus propios sentimientos. Sin embargo, sí les permite sentir, registrar emociones y afectos, recordar y comunicarse. Esta es la realidad. Así también lo sostiene la ciencia. En el encuentro internacional de neurología celebrado en Cambridge (Reino Unido) en julio de 2012 (Francis Crick Memorial Conference) se dio a conocer un documento por el cual se reconoce por primera vez en ese ámbito que los animales superiores poseen consciencia o vida subjetiva (On Consciousness in Human and non-Human Animals).
Animales no humanos y el pneuma divino
Monseñor Mario Canciani (1928-2007), prelado, teólogo, exégeta, filósofo y biblista, autor, entre otros, del libro En el Arca de Noé: religiones y animales, afirma no solo que los animales tienen alma, sino que sus almas van al paraíso. El Papa San Juan Pablo II -como dijimos -afirmó que las Sagradas Escrituras “admiten que incluso los animales tienen un soplo o aliento vital y que lo han recibido de Dios” (Fund. Salmos 103/104 Tanaj y A.T.) lo cual debe comprenderse -a nuestro juicio -sin que los animales no humanos pierdan las propias características ontológicas, es decir, de las características de realidad de su ser. La afirmación de San Juan Pablo II también supone el reconocimiento de que como dice el Papa Francisco siguiendo al santo de Asís en Laudato sí, nro. 92 «caminamos juntos como hermanos y hermanas y un lazo nos une con tierno afecto al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la Madre Tierra». Desde esta perspectiva, todos los seres, en la medida en que son nuestros hermanos y poseen su propio nivel de sensibilidad siendo portadores de dignidad hallándose habilitados a recibir el aliento vital.
De ahí se sigue que participa de la inmortalidad del alma y la posibilidad de ser recibido en el paraíso (Papa Francisco). “No te preocupes, que volverás a encontrártelo en el cielo” le dijo Pablo VI a una niña que estaba apesadumbrada porque acababa de morir su perro.
De animales y de “desalmados”
Como vemos no son los perros, gatos, caballos, ganado, aves o peces a quienes podemos denominar “desalmados” sino, a algunos seres humanos, dotados por Dios de sentimientos y de razón y por lo tanto de libertad. Asolan la región amazónica en América Latina con fines comerciales, miran para otro lado cuando ven a un prójimo caído, provocan incendios en las selvas de nuestro interior arrasando con la flora y la fauna nativa para plantar soja, los que maltratan y abandonan a perros y gatos, los que practican la caza de animales mayores o menores y no lo hacen por necesidad de subsistencia, los que todavía con crueldad castigan a los caballos “de tiro” de sus carros de carga o los que suministran “la pichicata” para que su pingo gane la carrera.
Mi amigo/a de cuatro patas tiene cabeza y tiene alma
Con los animales superiores es posible una comunicación, incluso intensa. Este cronista no puede resistir la tentación de mostrar a su mejor amigo Hans, con quien compartió diez años de vida hasta que emprendió su último viaje el 5 de junio del 2021 y lo espera en el paraíso.

Pienso que ese debía ser también el sentir de San Francisco de Asís, quien por su compromiso con los hermanos menores de la naturaleza sufrió bajo la influencia del racionalismo la reducción de su acción y pensamiento a la marginalidad doctrinal de la que fue ahora felizmente rescatado. No es ninguna excentricidad ni extravagancia.
En síntesis, nos está diciendo Francisco, el perro, el gato o el caballo que tú tienes no puede ser reducido a un mero objeto decorativo, de compañía, un mero sustituto del hijo que te falta o un elemento de seguridad -es un sujeto- tiene cabeza, corazón y tiene alma, merece ser respetado en su dignidad, fue creado por Dios, dotado de un sentido en este mundo y por eso merece tu amor fraternal y tu cuidado.
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