
Asistencia alimentaria y sanitaria directa, asesoramiento legal gratuito a personas de bajos recursos, apoyo financiero de grandes empresas a pymes y emprendedores que lo necesitan, inversión en infraestructura hospitalaria o becas de estudio son solo una pequeña parte de lo que las empresas argentinas realizaron este año como parte de sus programas de inclusión y sostenibilidad.
Como nunca, durante la pandemia el sector privado argentino se movilizó de forma individual y colectiva para morigerar sus efectos dolorosos y disminuir la deuda social en nuestro país. La iniciativa más destacada fue sin dudas Seamos uno, que logró aunar esfuerzos de muchas empresas de los más diversos rubros y organizaciones del tercer sector para entregar más de un millón de cajas de alimentos y elementos de higiene durante la cuarentena. Pero a lo largo del país se multiplicaron proyectos similares que buscan disminuir la persistente deuda social de nuestro país, agravada por las circunstancias particulares que nos tocan atravesar.
Así, las empresas de nuestro país se hicieron eco con hechos concretos del llamado del Papa Francisco, quien este año nos envió un mensaje profundo a los empresarios cristianos: nos pidió que no escondamos nuestros talentos, que los pongamos a disposición de los demás. Ese mensaje del Evangelio fue el que inspiró también a Enrique Shaw, el fundador de ACDE, cuando hace más de medio siglo nos hablaba de las empresas con propósito, que debían ocuparse por brindar una trayectoria de vida a sus trabajadores y preocuparse por el bienestar general de la comunidad.
La XIII edición del Premio ACDE Enrique Shaw 2021 celebró ese compromiso histórico del empresariado argentino al reconocer cinco iniciativas destacadas, entre 55 proyectos que a escala local, regional o nacional generan un impacto positivo en la comunidad. Se trata de organizaciones grandes, pequeñas y medianas que destinaron gran cantidad de recursos económicos, planificación y horas de voluntariado para convertir en hechos concretos los valores solidarios que muchas veces se proclaman pero en menor medida se practican.
Esos principios, ese mensaje, esos valores que hoy recorren el mundo y se instalan a nivel global bajo el concepto de sostenibilidad están presentes en el corazón de esas empresas. Todos los días vemos cómo se multiplican sus proyectos en los que miles de personas invierten sus talentos, su tiempo, su trabajo y su corazón en mejorar la vida de las personas que lo necesitan.
Las empresas muchas veces son miradas por la sociedad y los gobernantes con desconfianza, se las acusa sin fundamento de egoístas, de perseguir solo el lucro. Pero estas acciones demuestran que también están aquí, sean creyentes o no, para hacer realidad el mensaje de Cristo; porque al fin y al cabo la recompensa máxima a la que podemos aspirar es a la prosperidad general y a la inclusión de los postergados de nuestra sociedad.
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