
El 1 de octubre de 2021, se llevó a cabo el Foro sobre Seguridad Regional y Amenazas Híbridas, convocado desde el Foro para el Progreso de América del Sur (PROSUR) y la Organización de los Estados Americanos (OEA), en un espacio donde Ministros de Relaciones Exteriores, y altos responsables en materia de seguridad y defensa de varios países de la región, sostuvieron un nutrido diálogo.
Del diálogo de alto nivel convocado bajo el liderazgo de la Presidencia Pro Tempore de Colombia por el PROSUR y la OEA, participaron activamente Brasil; Chile; Colombia; Costa Rica; Guyana; Paraguay; Perú; y México; junto a expertos de la Universidad de la Paz de las Naciones Unidas (UPEACE) y la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
El Diálogo contó con el apoyo técnico de la Secretaría de Seguridad Multidimensional de la OEA y fue moderado por su Departamento contra la Delincuencia Organizada Transnacional (DDOT).
A partir de las profundas intervenciones realizadas, me permito compartir una serie de reflexiones a modo de conclusiones preliminares, frente a una temática que —por su actualidad y complejidad— seguramente seguirá renovando los esfuerzos de respuestas y acciones para la seguridad en nuestro hemisferio.
Las denominadas “Amenazas Híbridas” son el resultado de un proceso de globalización y pérdida de capacidad de concentración del poder por parte de los Estados, que se viene produciendo en todo el mundo desde finales de los años 70, durante la segunda mitad del Siglo XX.
Como Amenazas, las mismas son difusas y se manifiestan en una zona intermedia entre las limitadas capacidades de control de los Estados por un lado; y en función de la capacidad de actores no estatales para vulnerar dicho control estatal, o establecer espacios donde puedan concentrar autoridad o ejercer la fuerza.
Son híbridas porque para lograr sus objetivos utilizan un creciente set de herramientas legítimas —que incluyen la accesibilidad de la tecnología y las comunicaciones— a disposición de todos.
La Hibridez es producto de la combinación de elementos de fuerza y psicológicos, que tienden a afectar las operaciones normales de la sociedad, estableciendo una “nueva normalidad”; la cual se traduce en una falta de orientación o rumbo, manteniendo un status quo que les permite lograr aquello que se propongan estos actores: ya sea disputar un territorio; controlar rutas para el desarrollo de actividades del narcotráfico o la Delincuencia Organizada Transnacional en sus múltiples modalidades; y/o debilitar gobiernos a partir de actos de terrorismo, al punto de poder afectar a sus capacidades de respuesta.
La combinación de operaciones en el ámbito de la información —junto con operaciones físicas— tiene como efecto la generación de una parálisis; de forma tal de mantener un statu quo, que suele ser desfavorable para una de las partes en una disputa y repotencia asimismo las divisiones entre nuestras sociedades.
El fenómeno de los conflictos híbridos es global. Sin embargo, la manera en la que se operacionaliza el mismo tiene que ver con el origen del actor; su objetivo último; y los recursos que tiene a su disposición en cada escenario.
Estos conflictos asimétricos no solamente tienen por objetivo lograr un evento físico. Asimismo, se han propuesto usar como ‘’campo de batalla” la “mente” de las sociedades que se encuentran en el medio y en exposición.
Nos encontramos así en una época donde la intensidad de la “batalla” no solamente se manifiesta en los distintos dominios físicos que el ser humano enfrenta, sino que también sobre una dimensión donde alcanzar “el corazón y la mente” de las personas, se ha vuelto asimismo clave para quienes tienen la capacidad de operar usando el formato híbrido del conflicto.
Este tema —como todos sabemos— es complejo y se suma a los retos de seguridad regional que enfrentamos de antaño. A modo de repaso y sin pretender ser exhaustivo, orientados por el concepto de Seguridad Multidimensional, las preocupaciones y promoción de acciones junto a la OEA por parte de los países en nuestro hemisferio han incluido:
-combatir el terrorismo; la Delincuencia Organizada Transnacional; el problema mundial de las drogas; la corrupción; el lavado de activos; el tráfico ilícito de armas, y las conexiones entre todos ellos;
-mantener de manera transparente las capacidades de disuasión de nuestras Fuerzas Armadas frente a la posibilidad de una agresión exterior;
-superar definitivamente nuestro retraso económico, y las limitaciones a las libertades políticas;
-implementar medidas que permitan enfrentar adecuadamente los desastres naturales, potenciales accidentes catastróficos, a los cuales ahora asimismo se suman los desafíos emergentes derivados de la pandemia del COVID-19.
Frente a este escenario, tal como lo indicara nuestro Secretario General de la OEA, Luis Almagro, “el combate a estas amenazas debe hacerse desde una perspectiva multidimensional, analizando las vulnerabilidades propias y encontrando las fortalezas en nuestras instituciones que nos permitan combatirlas de forma eficiente, protegiendo los activos críticos y anticipando la materialización de los riesgos, en función de cada circunstancia y caso particular.”
Luchamos contra la logística del crimen, la impunidad y la corrupción. Para ello, y ante los renovados desafíos de seguridad por enfrentar, resulta clave fortalecer aún más la cooperación, no solamente a nivel interno e interinstitucional al interior de los países, sino también a través de la colaboración mutua entre nuestros Estados miembros; a fin de minar los espacios de impunidad que repercuten en la labor persecutora de nuestras autoridades nacionales, y a su vez en la confianza y seguridad de nuestros pueblos sobre sus instituciones democráticas.
Los países de la región cuentan con el apoyo de la Secretaría de Seguridad Multidimensional de la OEA y nuestros Departamentos para acompañarlos en sus esfuerzos.
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