En su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, Stephen Covey definió el hábito dos como comenzar con una clara comprensión del destino, con una visión nítida y concisa de hacia dónde queremos ir, de tal forma que sepamos siempre en qué punto estamos y cuáles son los pasos adecuados para marchar en la dirección correcta. En definitiva, “saber dónde está el norte”.
Siempre comento en las reuniones con dueños de empresas cómo me impresionó el viaje que realicé a Israel con Innovation Experience en abril de 2017. Tuvimos muchas reuniones con emprendedores, en general jóvenes, y una de las constantes era que en su gran mayoría “planificaban” y comenzaban con el final en mente.
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En su gran mayoría, por no decir todos, pensaban en cómo agregar valor a la empresa, escalarla rápidamente, ir hacia “afuera”, al mundo, al gran desafío, y crecer mucho para luego poder hacer una transición. En general, pensaban en poder vender a una empresa grande internacional.
Este fue el caso de Mobileye, que justo el año en que fuimos a visitarlos era adquirida en USD 15.000 millones por Intel. En 1999, Ziv Aviram y Amnon Shashua fundaron la empresa. En 2017 se concretó la venta multimillonaria. Hay muchas historias como esta, y seguramente muchos fracasos también. El tema es que todos tienen la visión, y luego la fuerza para ejecutar, agregar valor, crecer, prepararse personalmente y hacer sus empresas atractivas, siempre listas para una posible transición. Estrategia clara, objetivos medibles, toda la estructura alineada para cumplir con los objetivos, siempre ejecutando los proyectos estratégicos que agregan valor. Todos ellos comienzan sus proyectos pensando en el final.
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Por supuesto que en estos casos que comento confluyen varios factores:
- El sistema educativo, ya que las universidades también están involucradas
- El Estado, que ayuda con sus políticas de desarrollo
- El sistema financiero, que está a disposición y colabora para lograr casos exitosos
Pero la forma de pensar, de trabajar y de ejecutar son claves. Nosotros en nuestros países, sin contar con tanto apoyo, también podemos lograrlo. Hay ejemplos como el de Globant.
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Recuerdo a Martín Migoya en sus inicios, cuando todavía no habían fundado la empresa. Pasó por mi oficina y me comentó su proyecto y su visión. Y con mucho esfuerzo (seguramente) lo están logrando, junto a sus socios. Ellos comenzaron con el final en mente, y ahora Globant, que nació como un emprendimiento pequeño, es una corporación. Se prepararon e hicieron una o varias transiciones, incorporando fondos y socios.
Debemos trabajar cada día sobre objetivos, personales y para nuestras empresas, y tenerlas siempre listas, muy atractivas, “como si fuéramos a venderlas”, aunque no las vayamos a vender. Porque nunca sabemos cuándo exactamente llegará la mejor oportunidad, esa que esperamos desde el primer día. Las visiones comienzan como un sueño, y podemos convertirlas en realidad.
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