
Los criptoactivos son como internet: llegaron para quedarse. Poco a poco se han ido introduciendo en nuestras vidas diarias, y esto recién empieza. Por eso es fundamental, desde diversos puntos de vista, que nuestro país autorice su utilización como monedas de curso legal.
El Salvador fue el primer país del mundo en autorizar al Bitcoin como moneda de curso legal. Y esto presentó un debate mundial sobre cómo debemos hacer en el resto de los países para capitalizar la existencia y el uso de los criptoactivos. Es el momento de regular el uso, pero a diferencia de lo que propuso el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, en la Argentina debemos lograr que estén apalancadas a un activo físico, como puede ser el petróleo o el gas.
El contexto económico de nuestro país es extremadamente complejo. Tenemos que encontrar vehículos que nos permitan atraer inversiones y lograr que nuestra economía vuelva a crecer. Habilitar el uso de criptomonedas de manera legal es una de ellos.
Existen dos tipos de criptomonedas: la especulativa que es una mera inversión similar a la que se puede hacer por ejemplo en la Bolsa de Valores y las que se conocen como Token no fungibles que se apalancan en activos físicos montadas y certificadas en la blockchain, que es una gran base de datos de libros contables con un registro inviolable. Esta última es la criptomoneda que la Argentina debería tener de curso legal.
Además, de esta manera podemos lograr un fuerte proceso de inclusión financiera. La economía argentina tiene una enorme parte que funciona de manera informal. Avanzar en un proceso de concientización financiera es fundamental para nuestro futuro, pero además es una forma de hacer crecer la economía del país, proporcionar nuevamente acceso al crédito, al ahorro, a inversiones y a transacciones seguras.

La utilización de monedas digitales también podría facilitar la obtención de transferencias sociales para los sectores más vulnerables y de transparentar buena parte de la economía informal que existe en la Argentina. Estos canales podrían ser muy positivos para el crecimiento económico de mercados emergentes como el nuestro.
El ejemplo de El Salvador fue un primer paso aunque de manera equivocada. No se puede asociar el Bitcoin a la economía de un país porque no se sabe el valor que va a tener mañana. En cambio, si está apalancado a activos físicos como el petróleo o el gas, uno puede brindar confianza y atraer de forma masiva a inversores que se muestren interesados. El potencial es enorme, ojalá las autoridades presten atención a este tema que es trascendental para el futuro del país y acompañen con un plan de desarrollo que busque potenciar y sacar adelante a la Argentina.
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