Hace 46 años domina la negación de los disparadores de la decadencia

La consecuencia fue la interrupción deliberada del proceso de industrialización cuando estaba dando los primeros pasos exportadores. Toda inversión en capital intensivo está fuertemente penalizada por el diseño de las leyes tributarias

Las empresas carecen de incentivos para poder acelerar su desarrollo (EFE)
Las empresas carecen de incentivos para poder acelerar su desarrollo (EFE)

En general, quienes se han hecho cargo en las últimas décadas de la administración del país han demostrado, con el fracaso de sus medidas, creer resolver el traslado al futuro poniendo el carro delante del caballo. Atalajar caballo y carro, requiere conocimiento, práctica y sentido común. Pretender que haga fuerza aquello que hay que arrastrar es asegurarse de no llegar a ninguna parte y consecuentemente estancarnos.

Nuestro estancamiento de décadas, no habernos movido hacia el futuro, es una demostración palmaria de que “el carro” -los problemas que hay que resolver- ha sido puesto delante del “caballo”, es decir, las políticas, las acciones, la gestión para resolver los problemas. Es muy difícil probar que ese método nos lleve a alguna parte. Es “improbable” aquello que difícilmente exista. También aquello que no se puede probar.

Las encuestas de opinión pública revelan que la mayoría no tiene expectativa de poder realizar sus proyectos individuales y percibe que “el proyecto colectivo” no empuja. Hay convicción de que el progreso es improbable y que ese progreso “si hiciéramos otra cosa” sería posible. Creemos tener los recursos.

Consideramos “improbable” que la política disuelva la grieta que nos domina. Hay desesperanza acerca de la capacidad de “la política” para conversar y así llegar a consensos para resolver los problemas y proponer objetivos de largo plazo realizables. “La política” no es la imposición de la mayoría, siempre transitoria. El sistema se basa en la posibilidad de la alternancia. De ahí la necesidad del consenso para el largo plazo.

“La política” -como virtud- está en extinción y por tanto es improbable una Argentina del Consenso. Sin ella, existe confrontación. Y, como en la guerra, lo primero que se desprecia es la verdad, navegaremos a ciegas.

Carmelo Angulo Barturen afirmó: “líder no es el que ocupa una posición dominante sino aquel capaz de convocar, empujar, arrimar el hombro y construir”. La política se extingue por falta de esos líderes.

Hay desesperanza acerca de la capacidad de “la política” para conversar y así llegar a consensos para resolver los problemas y proponer objetivos de largo plazo realizables

Corolario: siendo “improbable” la política como virtud y liderazgo de convocatoria y construcción, es improbable que podamos diseñar un programa de largo plazo referido, no a las nubes de Úbeda que siempre se pueden recitar, sino a resolver lo que nos han condenado a la decadencia de cuatro largas décadas.

Hay un consenso inconfeso, al menos entre los más ilustrados, acerca de que la hecatombe de la pobreza, el estancamiento y la caída de la productividad tiene una partida de nacimiento que fue emitida hace 46 años. Pero ponernos de acuerdo sobre lo que nos ha condenado -los disparadores, los causales- es muy improbable. ¿Por qué?

Desde hace 46 años domina la negación de los disparadores de la decadencia. La primera consecuencia de esa negación fue la interrupción deliberada del proceso de industrialización cuando ese proceso estaba dando los primeros pasos exportadores. El “negacionismo” de las políticas que derivan de las estrategias de desarrollo que parten del “pensamiento situado”, ha sido un salto al vacío intelectual, mientras nuestro vecino y socio Brasil, avanzaba absorbiendo todo lo que de aquí se discontinuaba.

El “negacionismo” de las políticas que derivan de las estrategias de desarrollo que parten del “pensamiento situado”, ha sido un salto al vacío intelectual, mientras nuestro vecino y socio Brasil, avanzaba absorbiendo todo lo que de aquí se discontinuaba. El desarrollo de la industria automotriz en el Mercosur es un claro ejemplo (EFE)
El “negacionismo” de las políticas que derivan de las estrategias de desarrollo que parten del “pensamiento situado”, ha sido un salto al vacío intelectual, mientras nuestro vecino y socio Brasil, avanzaba absorbiendo todo lo que de aquí se discontinuaba. El desarrollo de la industria automotriz en el Mercosur es un claro ejemplo (EFE)

El PBI por habitante de 2020 fue igual al de 1974 y en ese período el número de personas bajo la pobreza se multiplicó por 25 veces. Evidencia que no hicimos lo que teníamos que hacer.

El diagnóstico equivocado

Hubo “momentos” a los que se los llamó “milagro”. Lo que brilla encandila y no ilumina y, al correr el telón de la realidad, todos esos milagros se derrumbaron dejando escombros imposibles de remover sin un programa. Los tiempos a favor de la economía mundial nunca se aprovecharon para avanzar en el largo plazo. Esos tiempos se usaron para “desmesuras” que generaron burbujas de entusiasmo que fueron efímeras.

Las borracheras de la deuda externa o la dilapidación de los términos de intercambio extraordinariamente favorables -el viento de cola- terminaron en largos tiempos de resaca que, a lo largo de cuatro décadas -por simple acumulación de males- cada vez hicieron más difícil y más breve cualquier recuperación.

Los tiempos a favor de la economía mundial nunca se aprovecharon para avanzar en el largo plazo. Esos tiempos se usaron para ‘desmesuras’

Los diagnósticos dominantes partieron de malas traducciones y de la incapacidad de “pensar situado”. El pensamiento situado es la aplicación de la disciplina económica a la realidad material concreta sensatamente relevada. Hemos transitado esta enfermedad colectiva que se ha agravado año tras año, con un diagnóstico equivocado; y hemos acudido a terapias, supuestamente universales que han prescindido del diagnóstico integral del enfermo.

El policy maker, operador experto al que se le demanda conocimiento de la teoría económica y de teoría de la política económica, se le debe exigir el conocimiento profundo del “aquí y ahora”, de la realidad en la que actúa, lo “situado”, y también el conocimiento en profundidad de las realizaciones de los países exitosos: la política situada. Conocer la Universidad y la Aduana, y -por ejemplo- la concreta política agraria e industrial, los enfoques del desarrollo de los países en que se educaron.

Todos los países que en el último medio siglo, al igual que los que lo realizaron antes, salieron del subdesarrollo, del estancamiento y que avanzaron hacia el progreso económico y social, lo hicieron con una intensa presencia del Estado, con desvinculaciones selectivas en materia comercial, promoviendo de manera directa la inversión y las exportaciones, en torno a un programa, una visión de largo plazo articulada políticamente, y esa secuencia benéfica es la que permitió compatibilizar los objetivos de ordenamiento macroeconómico, como la inflación; y sostener la continua ampliación del PBI Potencial.

Todos los países que en el último medio siglo, al igual que los que lo realizaron antes, salieron del subdesarrollo, del estancamiento y que avanzaron hacia el progreso económico y social, lo hicieron con una intensa presencia del Estado, con desvinculaciones selectivas en materia comercial, promoviendo de manera directa la inversión y las exportaciones (EFE)
Todos los países que en el último medio siglo, al igual que los que lo realizaron antes, salieron del subdesarrollo, del estancamiento y que avanzaron hacia el progreso económico y social, lo hicieron con una intensa presencia del Estado, con desvinculaciones selectivas en materia comercial, promoviendo de manera directa la inversión y las exportaciones (EFE)

Nuestra monstruosa fuga de capitales es el ahorro “desnacionalizado” que, tendrá razones pero que “la política” no ha sido capaz de generar la atracción que desalienta la fuga de rendimiento exiguo. No ha habido en la historia del capitalismo éxitos económicos y sociales que no hayan respetado esa conformación.

Gran parte de esos éxitos han estado unidos a la existencia de una locomotora externa de arrastre, a veces surgida de las necesidades geopolíticas de las naciones dominantes y super desarrolladas, a veces como consecuencia de una necesidad de integración con beneficios mutuos. Pero siempre en torno a una visión de largo plazo acompañada de herramientas de promoción fiscal y de financiamiento por fuera de mercado.

Cierre de organismos con visión de desarrollo

A lo largo de estas cuatro décadas la Argentina, tributando excluyentemente las vulgatas académicas, sin aterrizajes en las experiencias reales, suprimió los órganos públicos dedicados a la visión sistémica del desarrollo. Eran organismos integrados por profesionales de todas las disciplinas, es decir, desde la energía a la educación, desde el transporte a la salud, desde la demografía al equilibrio territorial.

De haber mantenido esa visión global de largo plazo hubiéramos impedido la fuga de posibilidades que generaron la irracionalidad de la destrucción del sistema ferroviario o de la marina mercante; o el delirio de un “tren bala” de Buenos Aires a Rosario o la ausencia de bandera argentina en el servicio de la hidrovía; o la aglomeración urbana de las periferias de la miseria; o la debilidad estructural del sistema sanitario o las escuelas públicas sin vacantes.

Se cayó en la irracionalidad de la destrucción del sistema ferroviario o de la marina mercante; o el delirio de un “tren bala” de Buenos Aires a Rosario o la ausencia de bandera argentina en el servicio de la hidrovía; o la aglomeración urbana de las periferias de la miseria
Se cayó en la irracionalidad de la destrucción del sistema ferroviario o de la marina mercante; o el delirio de un “tren bala” de Buenos Aires a Rosario o la ausencia de bandera argentina en el servicio de la hidrovía; o la aglomeración urbana de las periferias de la miseria

Como “el plan es ética en acción”, difícilmente se hubiera programado el desarrollo de la industria privada del juego al que, por ejemplo, Néstor Kirchner prorrogó una concesión con la “obligación de instalar más maquinitas tragamonedas”. Disparates, despilfarro de recursos. El inventario es agobiador.

En estas cuatro décadas la Argentina suprimió el sistema de financiamiento promocional del desarrollo: sin saber que lo estaba haciendo, decidió dejar de ser un sistema capitalista. Es que, como señalaba Joseph Schumpeter, “el capitalismo es un sistema de propiedad privada de los medios de producción en el que la innovación se financia con crédito”.

Sin financiamiento las grandes inversiones productivas transformadoras son imposibles. ¿Qué tasa real de interés a largo plazo es compatible con el retorno competitivo de una industria intensiva en capital, innovación y competitividad?

En estas cuatro décadas la Argentina suprimió el sistema de financiamiento promocional del desarrollo: sin saber que lo estaba haciendo, decidió dejar de ser un sistema capitalista

Además, no existe, desde hace décadas, una ley nacional que promueva fiscalmente la inversión y el desarrollo de la industria y la exportación. Es más, toda inversión en capital intensivo está fuertemente penalizada por el diseño, insólito, de las leyes tributarias. A mayor intensidad de capital, en la práctica, más alto coeficiente en la tasa del Impuesto a las Ganancias.

Y, como desde hace medio siglo, no hay un Plan rector del desarrollo, no existen contextos e incentivos -como sí existen en casi todo el Planeta- para motorizar las inversiones en las regiones más deprimidas del país. La consecuencia es esta Belindia que nos avergüenza.

De mantenerse estas condiciones objetivas, la Argentina en desarrollo es un proyecto improbable.

El pez se pudre por la cabeza. Basta escuchar de qué hablan los políticos y muchos de sus comentaristas, para calcular que la Argentina en desarrollo es hoy absolutamente improbable.

Pobreza e inflación

La pobreza denuncia la ineficacia del sistema y además su persistencia hace más ineficaz al sistema. Y cuando alcanza nuestros niveles escandalosos y tiene larga duración, genera inflación. Y la incertidumbre social genera desinversión y desahorro.

La inflación es una medida de la ineficiencia del sistema económico. Pero ¿qué desencadena la ineficiencia del sistema que algunos la registran sólo en la inflación?

Para muchos de nuestros grandes hombres de Estado -hoy penosamente desaparecidos- gobernar era crear trabajo. Para la teoría de la política económica que presidió las políticas del progreso económico y bienestar social en todo Occidente, el objetivo “central” era el pleno empleo. El trabajo generaba valor y el valor disipaba la pobreza.

Para muchos de nuestros grandes hombres de Estado -hoy penosamente desaparecidos- gobernar era crear trabajo. Para la teoría de la política económica que presidió las políticas del progreso económico y bienestar social en todo Occidente, el objetivo “central” era el pleno empleo. El trabajo generaba valor y el valor disipaba la pobreza (Franco Fafasuli)
Para muchos de nuestros grandes hombres de Estado -hoy penosamente desaparecidos- gobernar era crear trabajo. Para la teoría de la política económica que presidió las políticas del progreso económico y bienestar social en todo Occidente, el objetivo “central” era el pleno empleo. El trabajo generaba valor y el valor disipaba la pobreza (Franco Fafasuli)

Algo más, el por todos admirado (y con razón) “modelo Alemán” que, por otra parte, es el producto de la alternancia de la democracia cristiana con la socialdemocracia, en la voz de Helmut Schmidt, ministro de economía de Willy Bran, expresó el sentido de las prioridades y de la lógica de la política económica: “5% de inflación es más fácil de soportar que 5% de desempleo” (citado en 1972 por M. A. Cuervo).

Nunca fuimos Alemania, pero en la Argentina si bien la tasa de inflación anual de 40% es un horror, el 40% de pobreza que, en definitiva, refleja la incapacidad de empleo productivo por parte del sistema, es absolutamente intolerable. No podremos sobrevivir mucho tiempo más con esa tragedia económica y social. No “pensar situado” genera que muchos entiendan que lo único relevante es combatir la inflación, es decir, el déficit fiscal monetizado.

Para terminar con los desequilibrios inflacionarios tenemos que avanzar reduciendo el desempleo y la pobreza

Pero la respuesta situada y por lo tanto pertinente, es la inversa. Para terminar con los desequilibrios inflacionarios tenemos que avanzar reduciendo el desempleo y la pobreza. Y, no es posible lograr los equilibrios macroeconómicos sin lograr los equilibrios estructurales.

Seguramente si vencemos el desequilibrio irracional de la pobreza, todos los equilibrios, y la estabilidad, serán por añadidura. Hay que poner el caballo delante del carro para hacer probable una Argentina deseada.

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