
Cada vez que el canciller Felipe Solá abre la boca dice una burrada. ¿Cuántas más tendremos que esperar? Los casos son continuos y coincidentes: desde insultar a Senadores en plena interpelación parlamentaria hasta inventar el contenido de un diálogo entre los presidentes argentino Alberto Fernández y su par norteamericano Joe Biden que nunca existió, pasando por afirmar que “como el tema Venezuela es tóxico, lo que tenemos que hacer, es obviar el tema, para hablar de temas más importantes” o acusar, sin ahondar en el tema o pedir explicaciones, a Israel de “utilizar métodos represivos desproporcionados” al repeler un ataque contra su población.
Todas sus intervenciones son equivocadas, agresivas u ofensivas respecto de países amigos, a los que necesitamos y a quienes les pedimos continuamente apoyos que resultan indispensables. Por ejemplo, Israel, a quien le pedimos tecnología para vacunas; Estados Unidos y a las autoridades del FMI -que integramos- por la deuda, y ni hablar de las actitudes con nuestros vecinos y socios del Mercosur.
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Se suele cargar las tintas sobre sus limitaciones lingüísticas, pero creo que son las menos trascendentes. El problema de fondo es su profundo desconocimiento sobre los fenómenos más significativos que ocurren en el mundo del siglo XXI. Estos nos plantean una gran oportunidad y desafíos muy diferentes a los que enfrentábamos en el siglo XX, en especial el cumplimentar el mandato constitucional de avanzar en el proceso de Integración Regional consagrado en el Art. 75, inc 24) de nuestra Constitución Nacional.
¿Puede un país que está en los márgenes del mundo, en default, sumido en la peor crisis económica y sanitaria de la historia, darse el lujo de tener como referente de política exterior a alguien que ignora los más elementales contenidos de una política exterior coherente y sustentable?
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Más allá de otras deficiencias de las políticas gubernamentales actuales, el ministro Felipe Solá no cumple con los requisitos de idoneidad mínimos para ocupar semejante responsabilidad y responder al rango de “Canciller de la República Argentina”.
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