La segunda vida de Delfina: un año limpia de drogas, una abuela que recomienda libros y la noche que soñó que se tomaba un whisky

La joven decidió abrir sus redes sociales para contar su experiencia. Desde el día que decidió que “tenía un problema” tras un after caótico hasta su actualidad con planes para el futuro

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La joven lleva un año en recuperación de su adicción a las drogas

“Qué vida de mierda”, pensó Delfina Pizzichini cuando llegó a su casa la madrugada del 30 de marzo de 2025. No había pasado nada grave. Eso era, justamente, lo que la perturbó.

Había sido un after como tantos otros. Un pibe que se prendió una bengala adentro, la casa llena de humo, una amiga enojada, consumo de lo que hubiera y gente que no quería ver. El quilombo de siempre. Pero esa noche, en algún momento entre el humo y el ruido, Delfina se hizo algunas preguntas que no pudo ignorar. “¿Dónde estoy? ¿Qué estoy haciendo?”

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Delfina hace un poco más de un año que está limpia de drogas. Dejó el tusi, la cocaína, la marihuana y el alcohol. También dejó de escuchar música electrónica porque eso la hacía pensar en las sustancias. Además, cerró su Instagram de la noche y se abrió otro para contar su historia y sus sensaciones.

“No siento que esa noche haya tocado fondo - dice en diálogo con Infobae-. Yo siento que toqué fondo un montón de veces y aún así seguí consumiendo. Creo que lo peor fue cuando pasé a las drogas como cocaína y tusi, de las que se inhalan.”

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Lo que sí pasó esa madrugada fue diferente. Llegó a su casa, se sentó con ese pensamiento y se acordó de algo que le había dicho un amigo tiempo atrás. “Ahí me cayó la ficha. Me dije ‘tengo un problema.’ O sea, claramente no lo estoy controlando y necesito blanquearlo con mi familia porque ellos son los que más me pueden ayudar.”

Entonces, se reunió con su mamá y le contó todo. “Ella es una genia, no se enojó. Enseguida se puso a mi disposición para encontrar la salida”.

Delfina Pizzichini ex adicta a las drogas
Delfina Pizzichini lleva más de un año sin consumir drogas (@delfipizzichini)

Delfina tiene 29 años, nació en Buenos Aires y lleva más de un año sin consumir alcohol ni drogas sintéticas. Habla de todo en una videollamada con Infobae. Cuenta con naturalidad su pasado de noches largas y su actualidad, mientras cada tanto su perro Pedro la interrumpe con un ladrido suave.

Cómo empieza una adicción a los 17 años

El primer trago fue a los 14. La marihuana llegó a los 16. Y a los 17, en el festival Creamfields 2013, ocurrió lo que Delfina describe como el verdadero punto de partida.

Su novio de entonces había entrado en la escena de la música electrónica. Ella, con la autoestima baja y las ganas de ser aceptada, lo siguió.

En el festival, rodeada de gente que estaba por consumir, le entró el pánico. Le dijo que no quería. Él le metió la pastilla en la boca. Ella, en su propio relato, no se la sacó. “Yo igual boluda porque tranquilamente me lo podría haber sacado de la boca”, dice hoy, sin eufemismos ni victimización excesiva. “Pero no. Dije: ‘Bueno, nada, una quiere ser querida, quiere ser aceptada cuando tiene la autoestima muy baja.’”

De ahí en adelante, lo que empezó como una salida de fin de semana se fue convirtiendo en algo que ya no podía controlar, aunque durante años se convenció de que sí.

Delfina Pizzichini ex adicta a las drogas
Delfina Pizzichini tiene 29 años y abrió su canal de Youtube para contar su proceso de recuperación (@delfipizzichini)

El círculo que había que cortar

Una de las decisiones más duras del proceso no fue dejar las sustancias. Fue dejar a las personas.

“Dejé de ver a toda la gente que tenía que ver con el consumo -afirma la joven-. Es retriste porque cortás un montón de relaciones que por ahí te copaban o que te caían bien, pero preferí mi salud y mi bienestar mental.”

Queda el apoyo de su mamá y del grupo de amigas del colegio secundario. “Son un grupo sano, algunas hasta ya tienen hijos y yo funciono como tía”, admite Delfina con una sonrisa en su rostro.

Delfina Pizzichini ex adicta a las drogas
Alguna noche, Delfina todavía sueña que quiere tomar whisky (@delfipizzichini)

El proceso de recuperación

El primer paso formal fue Narcóticos Anónimos. Se conectó online durante una semana. Lloró. Le sirvió, pero no era lo que buscaba. “Quería algo presencial y algo más íntimo y privado.”

Empezó a llamar centros. Uno tras otro. Hasta que encontró el que hoy es parte central de su rutina. No dice cuál es, por privacidad. Sí dice que se lo cubre la obra social y que va tres veces por semana a charlas grupales presenciales.

“Sentarte ahí a hablar con gente que está pasando por algo similar, o por ahí no están pasando por lo mismo, pero al fin y al cabo el sentimiento es el mismo. Te sentís acompañado.”

Fue en ese grupo donde aprendió algo que le cambió la forma de entender el proceso. Los primeros ocho meses son de abstinencia aguda, biológica. El cuerpo la pide. Después de ese umbral, la batalla pasa a ser psicológica. “Ya pasa por tu voluntad.”

También fue en ese grupo donde, al cumplir el año de abstinencia, alguien le frenó un pensamiento que había empezado a rondarle. “Che, bueno, tal vez ahora me puedo tomar una birrita.” Le dijeron que podía hacer lo que quisiera, que era una persona libre, pero que no se lo recomendaban.

Delfina hace una distinción que en los grupos de recuperación no siempre se acepta sin debate. durante un tiempo separó la marihuana del alcohol y las drogas sintéticas. No las metió en la misma bolsa. “Ya lo dejé, pero me costó mucho más.”

En los momentos más críticos de los primeros meses, cuando la ansiedad apretaba, fumaba. Lo admite sin rodeos.

Delfina Pizzichini ex adicta a las drogas
El primer trago fue a los 14. La marihuana llegó a los 16. Y a los 17, en el festival Creamfields 2013, ocurrió lo que Delfina describe como el verdadero punto de partida (@delfipizzichini)

El sueño de la recaída y la vida sin salidas nocturnas

Alguna noche, Delfina todavía sueña que quiere tomar whisky. Se despertó con eso. El sueño fue una señal de que el proceso sigue activo, de que la cabeza trabaja aunque el cuerpo esté quieto.

En la vida cotidiana, la estrategia para manejar los impulsos fue más simple de lo que parece. “Me aislé mucho con mi familia y ya el hecho de aislarme y no exponerme a vínculos de consumo y a lugares de consumo ya me ayudó un montón.”

Desde que dejó el consumo, salió a bailar una sola vez. Fue a un boliche de cachengue, no de electrónica. Para aguantar la noche tomó Red Bull. “Me pegó remal”, reconoce. Hoy directamente no sale. Cumpleaños sí, algo íntimo sí. La noche como la conocía, con afters incluídos, no.

Conocer gente sobria

Uno de los miedos que aparece seguido en los procesos de recuperación es la vida limpia como sinónimo de vida plana. Delfina lo desmiente con precisión.

“No es todo monótono. Me parece superinteresante conocer gente limpia. Es como que conocer profundizás de un lado más lúcido y mucho más lindo y mucho más real.” Pasó casi toda su vida adulta relacionándose de una manera. Ahora está aprendiendo otra. “Al principio me fue difícil porque me da vergüenza, pero ya me voy acostumbrando y está buenísimo. Realmente es como conocer realmente a la persona.”

Delfina Pizzichini ex adicta a las drogas
Hoy piensa en volver a estudiar. Le genera curiosidad descubrir cómo sería “atravesar ese proceso sobria y limpia" (@delfipizzichini)

No terminó ninguna carrera universitaria. El consumo, dice, le jugó muy en contra en ese plano. Hoy piensa en volver a estudiar. Le genera curiosidad descubrir cómo sería “atravesar ese proceso sobria y limpia.”

Escribir a la mañana y un libro de su abuela

En la recuperación también entraron los libros, aunque Delfina no se define como lectora. Volvió a Siddhartha, de Hermann Hesse, que ya leyó cinco veces desde chica y del que cada vez rescata algo distinto. Está leyendo El camino del artista, de Julia Cameron, que la llevó a incorporar las “páginas de la mañana”. Escribir a mano, apenas despierta, sin filtro ni destino.

Y hay un tercero, el más inesperado: su abuela la convenció de comprar 5 minutos con el Espíritu Santo. Delfina se define como agnóstica. Cree en “algo superior que nos une a todos los seres humanos”, pero nunca leyó la Biblia ni se considera cristiana. Aun así, el libro la sorprendió. “Es muy hermoso, aunque no seas cristiano o católico. Lo leo con ella y me encanta.”

“No soy ejemplo de nada”

Delfina abrió su canal de Youtube porque la recuperación es solitaria. Porque sabe que hay gente que no se anima a ir a un grupo presencial y que escuchar a alguien que pasó por algo parecido puede hacer la diferencia.

Delfina sabe que hablar de su proceso de recuperación le hace bien y que ayudar la moviliza. Sabe que quiere encontrar un amor.

Tiene 29 años, más de un año limpia de drogas, un perro que la acompaña en el proceso y una abuela que le recomienda libros espirituales. Todos los días, dice, le encuentra un sentido nuevo a la vida. “Me estoy conociendo y me voy a conocer hasta el día que me muera, porque la gente va cambiando y vamos creciendo.”

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