
En Argentina, las estadísticas muestran que 7 de cada 10 micro emprendimientos mueren antes de cumplir 8 años y 2 de ellos no cumplirán los 2 años. Entender el ecosistema emprendedor del país es de vital importancia si queremos generar empleo privado. La tasa de “natalidad” tiene que ser siempre mayor a la tasa de “mortalidad” a fin de ir aumentando el stock final de empresas. Entendiendo por qué “mueren” y por qué “no nacen” podremos ayudarlos a sobrevivir, a cuidarlas lo más posible durante esos 8 años iniciales, exactamente igual que hacemos con nuestros hijos. Ellos son el futuro y si 7 de cada 10 no cumple 8 años algo está mal.
Tenemos en el país alrededor de 609.000 empresas empleadoras, con al menos un empleado registrado en relación de dependencia. Una empresa promedio en Argentina nace con 3 empleados. Los contadores expresan que el Formulario 931 (Aportes y Contribuciones Sociales) se paga prácticamente “a medias” entre empleado y empleador, pero esto no es real. En la realidad del mundo micro-emprendedor, se pacta un sueldo y luego se ve si el mismo puede abonarse en blanco, negro o gris.
Va un ejemplo, un empleado de esta empresa, que está naciendo, con un sueldo bruto de $40.000, se lleva al bolsillo $33.200, pero le cuesta al empleador $33.200 + el 931 y otras yerbas por 19.000 pesos. El total del sueldo es $52.200, o un 57,2% de sobre costo del sueldo de bolsillo de cada empleado.
Resumiendo, arranca con 3 empleados que cobran $33.200 cada uno, pero en realidad paga por casi cinco. Ya larga, con casi, dos “ñoquis”. Asumamos que además alquile una oficina, un local o simplemente un espacio que pueden ser $50.000, por poner un número.
Comienza con costos fijos de $206.000, sin tener en cuenta IVA, Ingresos brutos, Ganancias y otros impuestos de la operatoria. Agreguemos que algo que arranca de cero, tiene por definición nada de facturación, muy o baja. No hay, además, estabilidad ni previsibilidad en las ventas. Como riesgo contingente, si va por un camino de contratación de personal en gris o directamente negro, tiene la industria de juicios laborales totalmente aceitada, muy eficiente creando pasivos contingentes, que crecen con el simple paso del tiempo.
El micro emprendedor tiene tres opciones: paga lo que no puede pagar porque la plata no está, crea un pasivo contingente potencial que no solo funde la empresa, sino a él también, o compra dólares y los mete en el colchón, en el mejor de los casos. ¿Usted que haría?
Además, este micro emprendimiento soporta las mismas cargas porcentuales impositivas y legales que las grandes empresas, pero –es obvio– no tiene el mismo nivel de facturación ni la estabilidad en los flujos de caja que generan las ventas más grandes en valor absoluto. Es decir, ni por asomo tiene la misma espalda y es infinitamente más vulnerable. En valor absoluto estas cargas representan porcentajes altísimos de su facturación. Esto es Matemática 1.
Ya sabemos que la mayoría de edad para los micro-emprendimientos es 8 años, una infancia corta comparada con la humana. Trabajemos para facilitarles el camino a su mayoría de edad. Influenciando esta probabilidad de subsistir, no sólo generaríamos más empleos por el crecimiento de las sobrevivientes, sino que además muchas más nacerían, los dólares que los argentinos tienen en el colchón empezarían a salir para producir. Con esto en mente, las opciones son infinitas y nada tienen que ver con una reforma laboral. La gente emprendería. De esto, no tengo dudas.
Cada emprendimiento es hijo de algún emprendedor. La iniciativa, esfuerzo y riesgo forman parte de una ecuación que el emprendedor medita fuertemente antes de largar. Ayudémoslo. Cuidémoslo. Es el futuro. En Argentina esta ecuación no cierra desde por lo menos la década del 70. Los números hablan por sí solos y no tienen ideología, vienen en azul, rojo o rojo fosforescente, como los de la oferta laboral privada en Argentina desde hace décadas.
Todo esto lo digo desde la óptica del micro emprendedor. A esta altura llevo casi 20 años emprendiendo en Argentina en varios rubros, con resultados disímiles, buenos y malos pero siempre enfrentando esta realidad y por suerte, con ganas de seguir enfrentándola.
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