
El cruce entre el presidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou y el presidente argentino, Alberto Fernández, acerca del Mercosur, mostró un debate entre un presidente con visión de estadista, el uruguayo, y un presidente que parece salido de la película Bananas de Woody Allen.
¿Qué están viendo uno y otro? El presidente uruguayo sabe que el potencial para crecer en el largo plazo es integrarse al mundo para atraer inversiones que permitan aumentar las exportaciones. El mercado interno uruguayo es demasiado chico como para generar un gran flujo de inversiones que lo abastezca.
El presidente de Argentina cree que con el modelo de sustitución de importaciones, de espaldas al mundo y estimulando el consumo interno (no se sabe cómo), va a conseguir un diluvio de inversiones que generará un crecimiento superior a las tasas chinas. Cree que van a llover las inversiones para abastecer el consumo interno de un país que tiene 40% de pobres, 10% de indigentes y el resto agonizando económicamente.
Lacalle Pou, como buen estadista, advierte que no se puede desaprovechar una oportunidad como la que ofrece el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE. Quiere que su país pueda jugar en la Champion League y Alberto Fernández parece conformarse con armar un partido de solteros contra casados.
Es que ese acuerdo implica poder acceder, casi de inmediato, a un mercado de 448 millones de consumidores con un ingreso per capita de USD 39.000 por año. Es eso lo que está viendo Lacalle Pou, en tanto Fernández está enamorado de la feria del barrio.
La única manera que tiene Argentina de salir de esta larga decadencia y atraer inversiones para crear puestos de trabajo es, justamente, integrándose al mundo como está pensando el presidente de Uruguay.
El ejemplo más contundente lo tenemos en Irlanda. Un país que era pobre y decidió integrarse al mundo a fines de la década del 80. Eso le exigió hacer una serie de reformas estructurales que hoy le permiten exportar USD 400.000 millones al año.

El gráfico de arriba muestra la evolución de las exportaciones argentinas y de Irlanda hasta 2017 en base a datos del Banco Mundial. Son exportaciones de bienes y servicios. A principios de siglo Argentina mejoró algo sus exportaciones gracias al precio de las commodities, pero claramente están languideciendo. En cambio Irlanda, que vio al mundo como una oportunidad, exporta USD 400.000 millones. La mitad en industria farmacéutica, aviones, helicópteros, equipamiento de diagnóstico médico y otros bienes más. La otra mitad es industria del conocimiento. Servicios informáticos, financieros, seguro, servicios empresariales, etc.
En cambio nosotros seguimos exportando soja… si llueve.
El resultado es que hoy Irlanda tiene un ingreso per capita de USD 70.000 anuales y nosotros estamos en USD 8.000 per capita. Es la diferencia entre ponerse en condiciones para jugar en la Champion League e ir a jugar un sábado el partido de solteros contra casados y encima volver desgarrados.
Todos los países que lograron salir de la decadencia y de la pobreza y tener hoy ingresos per capita superiores a los de Argentina, lo consiguieron integrándose al mundo.
Chile, otro país que hizo sus reformas económicas y se integró al mundo bajando aranceles y haciendo tratados de libre comercio, pasó de exportar la mitad de lo que exportaba Argentina en 1976 a exportar más que Argentina a partir de 2017. En dólares corrientes, Argentina aumentó sus exportaciones 17 veces y Chile 33 veces. Perú, otro país que decidió incorporarse al mundo, aumentó sus exportaciones 26 veces entre 1977 y 2019 y nosotros 12 veces.
El presidente Fernández cree que Argentina sigue siendo una potencia latinoamericana y puede patotear al mundo. La realidad es que quedamos licuados en importancia. De tener un PBI que representaba el 26% del PBI de toda la región, ahora representa el 10% y en descenso.

A partir del momento que dejamos de aplicar políticas de corte liberal integrándonos al mundo y empezamos a abrazar el estatismo, la cultura de la dádiva y el vivir con lo nuestro, fuimos perdiendo importancia para el mundo y para la región.
En síntesis, Fernández cree que Argentina sigue teniendo peso en América Latina. Se equivoca, ya no somos importantes ni en la cuadra del barrio.
Nuestros vecinos quieren progresar, darle mayor bienestar a su población, mejor nivel de vida, mientras que acá se conforman con seguir repartiendo planes sociales y empleo público para tener clientelismo político.
Unos trabajan para hacer progresar a su pueblo y otros para su negocio chico de la política.
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