De maldiciones, instituciones y otras yerbas

La existencia de los yacimientos de gas y petróleo en Vaca Muerta cumplen las condiciones para transformarse en un elemento adicional de desarrollo económico o bien perpetuar el estancamiento

Buques cargando granos para exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/Archivo)
Buques cargando granos para exportación en un puerto en el río Paraná cerca de Rosario (REUTERS/Marcos Brindicci/Archivo)

Maldiciones eran las de antes. Como por ejemplo la de las actrices de la saga de James Bond que luego no conseguían papeles de relevancia en otras películas; o la maldición que pesa sobre quienes profanan tumbas de faraones egipcios como bien lo muestra Indiana Jones. Sostener que producir algo que el mundo demanda y seguirá demandando sea una maldición ofende a las verdaderas maldiciones. Por ello, no tiene sentido analizar las declaraciones y argumentaciones en relación a la “maldición de producir alimentos” por ser contrarias no solo a cualquier concepto económico sino al sentido común. Pero aún de la ignorancia se pueden extraer lecciones. Así, quizás lo único rescatable de ese tipo de declaraciones fue la corroboración de las confusiones que existen respecto de temas que debieran ser muy relevantes al diseñar una agenda de desarrollo. Estas confusiones tienen que ver con conceptos relacionados pero bien diferentes como son la disponibilidad de recursos naturales, el tipo de cambio real, el marco institucional, las ventajas comparativas, el funcionamiento del sistema de precios y el costo de oportunidad. En esta columna, abordaré los tres primeros.

La ciencia económica ha estudiado desde hace varias décadas un fenómeno conocido como la “maldición de los recursos naturales”. Esto se refiere al pobre desempeño económico de países con una amplia disponibilidad de recursos naturales no renovables (petróleo, oro, diamantes, etc.). ¿No se supone que esos países, al ser ricos en recursos naturales tendrían un desempeño económico notable? Como para muchas preguntas en economía, la respuesta es: depende. Depende del marco institucional que establece las reglas de juego para el sector en cuestión respecto de cómo se distribuirán las rentas de ese recurso.

No tiene sentido analizar las declaraciones y argumentaciones en relación a la “maldición de producir alimentos” por ser contrarias no solo a cualquier concepto económico sino al sentido común

Un marco institucional estable, que premie a quien arriesga su capital y que limite o anule las intenciones de otros sectores por aprovechar (extraer, en el lenguaje económico) una porción de dicha renta genera los incentivos adecuados para la explotación eficiente del recurso. Por el contrario, un marco institucional donde se premie a los sectores pasivos buscadores de renta (los propios estados, ciertas industrias, etc.) generarán el resultado opuesto. Así, crecerán los sectores lobistas en busca de beneficio fácil, caerán las inversiones, se reducirán la producción e ingresos, lo que generará un nuevo ciclo de presiones de esos grupos en un círculo vicioso continuo que irá minando también al resto de la economía quedando así un sistema económico de tipo extractivo donde se penaliza la innovación y la inversión, que son las que en última instancia definen el rumbo y éxito económico. La economía queda entonces controlada por ciertos grupos que son los que se apropian del recurso agotable, hacen un uso ineficiente del mismo, inhiben el surgimiento de nuevos actores económicos y políticos, condenando al país al estancamiento económico.

La realidad económica rara vez nos brinda ejemplos categóricos de teorías o modelos económicos. En este caso, los contrastes entre el desempeño económico de Noruega y Venezuela en las últimas décadas son un ejemplo palpable de la maldición de los recursos naturales. Siendo ambos países ricos en petróleo, pero con marcos institucionales bien diferenciados, los resultados económicos son elocuentes. Mientras que el ingreso promedio en Noruega aumentó un 164% entre 1971 y 2014, en Venezuela cayó un 2%; no podemos extender la medición hasta 2019 ya que no hay datos disponibles para Venezuela, pero nos imaginamos el resultado.

La creación de fondos anticíclicos (ahorro) vinculados a la evolución de los precios de ciertos commodities en Noruega, Chile y otros países son ejemplos de reglas de juego prudentes que priorizan el desarrollo a largo plazo

Y el otro fenómeno vinculado a lo anterior, pero diferente, es la denominada “enfermedad holandesa”, denominada así a raíz de los efectos económicos derivados del descubrimiento de yacimientos de gas en la década del 60 en las costas -obviamente holandesas- del Mar del Norte. Esos descubrimientos implicaron un aumento de producción e ingresos del sector gasífero, que presionó al alza la moneda local y también los salarios; el aumento de salarios primero ocurrió en el sector gasífero y luego se fue generalizando al resto de la economía.

Los sectores económicos que producían bienes transables (que se exportan o compiten con importaciones) experimentaban así un aumento de sus costos que les dificultaba competir internacionalmente. Ello, junto al aumento de precios en el sector no transable (servicios) por el efecto de un mayor gasto, generaba una combinación letal para aquellos sectores, dada la (a priori ineficiente) apreciación del tipo de cambio real que reflejaba el encarecimiento de la economía local frente al resto del mundo. Todo ello implicaba el cierre de muchas empresas manufactureras.

Este proceso de desindustrialización dio origen al término “enfermedad” ya que si en algún momento ese shock positivo (en este caso el descubrimiento de gas) perdía fuerza, la economía no tenía la flexibilidad y velocidad necesarias para revertir el proceso de desindustrialización; como en muchos ámbitos de la vida, destruir es mucho más rápido que construir. Este fenómeno económico fue luego utilizado para analizar el posible impacto negativo, no solo de descubrimientos de gas o recursos similares, sino también aumento de precios de commodities, donaciones/ayudas internacionales, entre otros.

¿No se supone que esos países, al ser ricos en recursos naturales tendrían un desempeño económico notable? Como para muchas preguntas en economía, la respuesta es: depende

Nuevamente, que una buena noticia se transforme en una mala noticia dependerá del marco institucional vigente. Las reglas de juego, en este caso de la política económica, determinarán las decisiones de gasto agregado de la economía, en particular la política fiscal. La prudencia recomendaría ahorrar los ingresos extras generados, ya que los mismos son probablemente temporales; pero si la política fiscal es expansiva asumiendo que la buena noticia será eterna pero luego se revierte, la magnitud del ajuste requerido será dolorosa. La creación de fondos anticíclicos (ahorro) vinculados a la evolución de los precios de ciertos commodities en Noruega, Chile y otros países son ejemplos de reglas de juego prudentes que priorizan el desarrollo a largo plazo por sobre los (tentadores) populismos de corto plazo.

¿Y por qué esta discusión podría ser relevante en el caso de Argentina? Porque la existencia de los yacimientos de gas y petróleo en Vaca Muerta cumplen las condiciones para transformarse en un elemento adicional de desarrollo económico o bien perpetuar el estancamiento. Ello dependerá de si para el momento que decidamos encauzar un proceso de desarrollo económico contamos con el marco institucional acorde para evitar la tormenta perfecta: maldición de los recursos naturales + enfermedad holandesa. El lector podrá preguntarse: con el marco institucional vigente, ¿nos convendrá desarrollar Vaca Muerta?