
Existe una mirada difundida sobre que los recursos productivos están determinados, integran la dotación de los países, una concesión divina. Los recursos serían los materiales para explotar y producir bienes. En esa visión, la política económica consistiría en asignarlos según las preferencias de los dirigentes. Ese entendimiento arrastra a la decadencia argentina y a la pobreza de las sociedades rezagadas. No se han percatado que los materiales del planeta no variaron desde la aparición de los humanos. No obstante, el PBI mundial viene multiplicándose a pasos acelerados. En los últimos 40 años, el ingreso por habitante del planeta se duplicó, mientras el del argentino promedio se redujo a menos de la mitad, en dólares de igual poder adquisitivo. En América, sólo los venezolanos se empobrecieron más: el ingreso cayó 80 por ciento.
Existe el contrasentido de afirmar que países rezagados, como la Argentina, gozan de cuantiosos recursos productivos sin explotar. Esto es, medios para aumentar las satisfacciones (los ingresos). Contrariamente a opiniones difundidas, se carece de tales recursos.
Los ingresos los consiguen personas que se ponen de acuerdo en trabajar y beneficiarse mutuamente, despejando intromisiones que obstaculizan. Gente que se organiza para descubrir y convenir actividades mejor remuneradas. Acordando las diferentes condiciones, precios, salarios, alquileres, dividendos, tarifas, impuestos, con quienes contribuyen en el producido.
Empobrecen los enfrentamientos con quienes, sin contribuir en la creación de valor, exigen participar de los beneficios. Una muestra: la inflación, emisión monetaria indeseada y una de las más altas tasas impositivas y prolongadas del planeta, impone significativas y continuas transferencias de ingresos, acomodamientos de contratos y revisiones de valores en pesos: precios, salarios, tarifas, normas. Una extracción solapada de patrimonios, por parte del Estado emisor, no legislada por el Congreso ni objetada por la Justicia.
Cultura bimonetaria
Ante el despojo, los argentinos mantienen muchos más dólares que pesos y colocaciones financieras en el exterior por valores muy superiores a las locales. La enorme incertidumbre de las propiedades priva de recursos considerables. Todo este desorden resulta de la ignorancia principal: reconocer las ventajas y condicionantes de las decisiones individuales en sociedades con muchos intereses diferentes.

¿Qué son los recursos productivos? Las coincidencias, encuentros, para desarrollar las habilidades conjuntas y lograr los bienes apetecidos por cada uno.
El recurso productivo decisivo es la aceptación de actividades compartidas, la confianza en los acuerdos políticos y privados, que facilitan las contrataciones de los habitantes, entre sí, con residentes de las distintas jurisdicciones y del exterior. Y el cumplimiento de tales contratos para producir y conseguir los bienes demandados.
Gente dispuesta a superar antagonismos comprensibles, descubriendo ganancias compartidas y coordinar trabajos, proveyendo la mezcla compleja de diferentes bienes para satisfacer la más amplia cobertura de las necesidades de cada uno. Tanto sea internamente, entre personas, diferentes entes y regiones, como a través de intercambios internacionales.
Cómo aprovechar el potencial productivo
Desaprovechar las ofertas y necesidades del conjunto de los humanos significa perder recursos productivos formidables. Para conseguir los bienes deseados por cada uno del conjunto no importa el color, afiliaciones políticas o residencia de quienes los provean. Rechazar importaciones que abaratarían costos, o exportaciones que pagarían mejor la producción de bienes y servicios, hacen perder remuneraciones, ingresos gigantescos. Una parte de los cuales se apoderan quienes usufructúan tales cesiones de ingresos disputados.
Nunca cerrarse a los negocios voluntarios favorece a los pueblos que sufren tamaña represión. La soberbia de negarse a lo ventajoso está destinada a la pobreza mayor. Pero el camino no aparece siempre franco. Algunas decisiones ofrecen vericuetos y la aparente ganancia inmediata se convierte en pérdida permanente.
Por caso, la decisión de no pagar una deuda, incumplir contratos, usurpar propiedades. En la Argentina, tales impedimentos y confusiones se refuerzan con la inflación y el peso de restricciones que desconectan del mundo y acentúan el encogimiento de los acuerdos productivos y derechos personales.
La OMS ahora reconoce los costos de cuarentenas prolongadas, y reafirma los desaciertos de imponer restricciones gubernamentales a las actividades privadas. Decidir desde lo alto del poder sin conocer al detalle las particularidades. Pues todas las actividades individuales conllevan riesgos, conflictos, costos, específicos que solo cada persona singular intenta evaluar y superar con los beneficios obtenidos.
Las restricciones mayores impuestas en la Argentina acentuaron la mayor caída de los ingresos en este año. El FMI estimó que el PBI bajará 15% en dólares corrientes al cambio oficial. Se trata del tercer derrumbe consecutivo, y lo coloca 25% debajo del promedio mundial. No hace falta mayores explicaciones para la disconformidad, desesperanza, de la gente. Una nación orgullosa de sus logros es hoy 25% más pobre que el promedio de la humanidad.
La falta de confianza deriva de los entorpecimientos a desarrollar las actividades productivas, por restricciones gubernamentales. Un sentimiento de larga data, ahora exacerbado con la pandemia, la cuarentena, nuevas disposiciones y alteraciones contractuales. Incertidumbre por el futuro. Ese ambiente catapulta la demanda de dólares de libre disposición, un pase a emigrar capacidades. Los países son tan prósperos, ricos, como la libertad de contratar.
La Argentina está ávida de libertades. En cuánto las autoridades reconozcan su objetivo es empoderar las decisiones individuales, la economía se iría recuperando prestamente.
En forma sintética: se requiere asegurar que los gastos satisfagan las necesidades individuales, financiadas de modo sostenible. Favorecer contratos en la moneda preferida, liberar las decisiones laborales, comerciales, financieras, alquileres, todo lo posible. Comprometerse a no alterar contratos, respetar la propiedad y derechos individuales, y asegurar la Justicia para todas las personas, como reza la Constitución que juraron defender.
Ese compromiso aceleraría acordar con FMI y la pronta recuperación de la nación. Un cambio de expectativas rotundo para conformidad de los argentinos. Los mandatarios y funcionarios principales comprueban que gobernar es difícil, más a medida que se alejan de la Constitución.
El autor es Consejero Académico de la Fundación Libertad y Progreso. Escribió los libros: Dolarizar (2001), La riqueza de los países y su gente (2005), Fin de la pobreza (2018) y Por un país más justo y floreciente (2020)
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