Por qué preocupa el ingenuo y anticuado análisis monetario del Gobierno

La política de emitir pesos y luego absorberlos con instrumentos de regulación del Banco Central ha demostrado su fracaso en el gobierno anterior, y también será costosa en el presente

Existe un alto grado de consenso entre los economistas de considerar teórica y empíricamente comprobada la fuerte relación existente entre la cantidad de dinero y los precios (Reuters)
Existe un alto grado de consenso entre los economistas de considerar teórica y empíricamente comprobada la fuerte relación existente entre la cantidad de dinero y los precios (Reuters)

Si bien existe un alto grado de consenso entre los economistas de considerar teórica y empíricamente comprobada la fuerte relación existente entre la cantidad de dinero y los precios, sobre todo en plazos extensos, subsiste aún la discusión respecto del comportamiento de la velocidad de circulación del dinero, que expresa la cantidad promedio de veces que la masa monetaria nominal debe cambiar de manos en un período de tiempo, por ejemplo un año.

La discusión es inútil porque lo que se podría llamar “monetarismo ingenuo” deriva de la existencia del patrón oro, que en su momento determinaba un lento crecimiento de la cantidad de dinero, que acompañaba la variación del stock del metal, de costosa y lenta extracción.

Matemáticamente, la velocidad de circulación del dinero está inversamente relacionada con la demanda del mismo. La aparición del dinero fiduciario y el abandono definitivo del patrón oro, cambió completamente las reglas de juego.

En los países con moneda doméstica ampliamente aceptada por su población, el dinero cumple con las cuatro funciones o propiedades que enumeran los textos básicos de economía monetaria: 1) medio de cambio; 2) unidad de cuenta; 3) depósito de valor; y 4) patrón de pagos diferidos.

<b>En los países con moneda doméstica ampliamente aceptada por su población, el dinero cumple 4 funciones: 1) medio de cambio; 2) unidad de cuenta; 3) depósito de valor; y 4) patrón de pagos diferidos</b>

La conservación plena de estas cuatro propiedades requiere frugalidad fiscal y monetaria. Los excesos, en cambio, se pagan con la pérdida de alguna/s de ellas y el desborde inflacionario.

Si la gente decide ahorrar en una moneda diferente a la de su país, se dice que el dinero doméstico ya no sirve como depósito de valor. Si es muy volátil el poder adquisitivo de la moneda, debido a la inflación, suele optarse por indexar o dolarizar las pagos/cobros, y es así que se pierde la propiedad de servir como patrón de pagos diferidos.

Si la gente decide ahorrar en una moneda diferente a la de su país, se dice que el dinero doméstico ya no sirve como depósito de valor
Si la gente decide ahorrar en una moneda diferente a la de su país, se dice que el dinero doméstico ya no sirve como depósito de valor

Hoy la Argentina carece de moneda porque las dos únicas propiedades que conserva son impuestas por el curso legal obligatorio. Si se permitiera la libre competencia con otros signos monetarios, el repudio del peso sería total y absoluto. La demanda de dinero actual es consecuencia de la imposibilidad de evitar la indeseada conservación de saldos ociosos a fin de financiar las transacciones corrientes que se realizan a diario.

Régimen bimonetario

En lugar de considerar la inexistencia de moneda, es útil convenir en la utilización del término “régimen bimonetario”, donde el peso cumple con algunas funciones y el dólar estadounidense otras. De este modo, la velocidad de circulación pierde rápidamente su constancia y se transforma en una variable volátil e inversa a la demanda de dinero doméstico.

Existen períodos de calma cambiaria, la mayoría de las veces artificiales y no genuinas, en las que la demanda de dinero es creciente y otros de fuerte volatilidad, en las que decrece violentamente. Cuando aumentan las expectativas de inflación, sube la demanda de divisas para atesoramiento y ahorro y disminuye, pari passu, la de pesos.

En circunstancias en que el descontrol de la oferta monetaria es creciente, el repudio a la moneda doméstica también lo es. La demanda de divisas reemplaza a la demanda de dinero doméstico en proporciones crecientes, intensificando la velocidad de circulación de los pesos, la cual en casos extremos, tiende a infinito, y se ingresa en el peor escenario conocido: la hiperinflación.

<b>En circunstancias en que el descontrol de la oferta monetaria es creciente, el repudio a la moneda doméstica también lo es. La demanda de divisas reemplaza a la demanda de dinero doméstico en proporciones crecientes</b>

Existen dos visiones monetarias igualmente confusas e inadecuadas en distintos sectores de la coalición gobernante: 1) Aunque muy minoritaria y con tendencia a desaparecer, es la que sigue las enseñanzas de la Teoría Monetaria Moderna, la cual de moderna sólo tiene el nombre, sostiene que no existe relación entre dinero e inflación y que el Estado, como muestra de su soberanía monetaria, debe maximizar la cantidad de dinero existente a fin de sostener el crecimiento del consumo, la inversión, el crédito, los salarios y las jubilaciones; y 2) abjura del monetarismo para la tribuna pero adopta el más ingenuo y anticuado del descripto anteriormente.

Según el Banco Central el nivel de monetización es bajo comparado con el período post-convertibilidad y existe entonces un margen apreciable para emitir sin que se produzca inflación. Es verdad que el nivel de monetización es un 30% a 40% inferior que en ese período, pero esto no ocurre porque la oferta sea insuficiente sino porque la demanda es escasa.

En el Banco Central destacan que el nivel de monetización es bajo comparado con el período post-convertibilidad y, por tanto, existe entonces un margen apreciable para emitir sin que se produzca inflación (EFE)
En el Banco Central destacan que el nivel de monetización es bajo comparado con el período post-convertibilidad y, por tanto, existe entonces un margen apreciable para emitir sin que se produzca inflación (EFE)

No se comprende que la autoridad monetaria determina la oferta nominal de dinero y el sector familias y empresas, con su demanda, fija el precio o poder adquisitivo del mismo. Aumentar la oferta de dinero cuando la demanda es decreciente es extremadamente peligroso, casi suicida.

En la literatura monetaria siempre se habla, en realidad de demanda de saldos reales, es decir de una cantidad determinada de dinero de igual poder adquisitivo. Y cuando se rompe esa relación, la inflación se ocupa de restablecer el equilibrio e igualar oferta y demanda por la vía más cruel y expeditiva para los perceptores de ingresos fijos.

Iguales pero diferentes

La política monetaria del gobierno actual es exactamente la misma que la del gobierno anterior. Se emiten grandes cantidades de dinero y se intenta esconderlo debajo de la alfombra. En ambos casos se mienten a sí mismos informando que la base monetaria ha crecido en proporciones minúsculas porque se ha “esterilizado” el sobrante de dinero mediante pases, leliqs, bonos o letras.

No se comprende la máxima de Carlos Rodríguez: "lo que en realidad hacen es reemplazar dinero que no paga interés por dinero que si paga interés". Seguramente, el experto estará de acuerdo que esta "política antiinflacionaria" es en realidad "inflacionaria" porque en lugar de esterilizar, expansiona la cantidad de dinero relevante a los fines del análisis monetario, que no es la base sino un agregado más amplio que incluya todos los saldos que pueden ser transformados en demanda de divisas ante cualquier pérdida de credibilidad de la política económica del gobierno.

Carlos Rodríguez: "lo que en realidad hacen es reemplazar dinero que no paga interés por dinero que si paga interés"
Carlos Rodríguez: "lo que en realidad hacen es reemplazar dinero que no paga interés por dinero que si paga interés"

Otra forma de esterilización de pesos es lo que algunos denominan fuga de capitales, que no es otra cosa que huída del dinero doméstico hacia un activo financiero externo protector del ilegal impuesto inflacionario. El BCRA vende reservas, defendiendo la paridad cambiaria, absorbiendo así un importe equivalente en moneda nacional. Pero cuando ese activo tiende a agotarse el desastre es inminente.

<b>Otra forma de esterilización de pesos es lo que algunos denominan fuga de capitales, que no es otra cosa que huída del dinero doméstico hacia un activo financiero externo protector del ilegal impuesto inflacionario</b>

La única diferencia entre los dos gobiernos es el distinto modo de reprimir transitoria y artificialmente la inflación. El de Mauricio Macri lo hacía con la fijación de absurdamente elevadas tasas de interés y el de Alberto Fernández con un super-cepo cambiario y un insostenible congelamiento de tarifas y precios.

También hace su aporte, en la actualidad, la transitoria e inusual demanda de dinero ocioso a la que obliga el encierro obligatorio por la crisis sanitaria del COVID-19.

El Jefe de Gabinete de ministros, Santiago Cafiero, dijo recientemente; “el actual exceso de pesos se volcará al crecimiento económico”. Otros miembros del gobierno, que creen ser más “leídos”, apelan al “monetarismo ingenuo” y predicen que el excedente se absorberá. Cuesta establecer cuál de ambas expresiones es más peligrosa para la estabilidad futura de la economía argentina. Las dos son igualmente capaces de sumir en desórdenes mayúsculos, a los cuales, por otra parte, ya la sociedad está suficientemente acostumbrada.

Santiago Cafiero: "el actual exceso de pesos se volcará al crecimiento económico” (Senado)
Santiago Cafiero: "el actual exceso de pesos se volcará al crecimiento económico” (Senado)

Si el dinero se quiere “volcar” artificialmente a la producción, aunque en realidad es difícil comprender qué significa realmente la frase, el peligro es inflación creciente y espiralización hiper-inflacionaria.

Si, en cambio, se pretende absorber el exceso de dinero, esto se puede hacer de dos maneras: 1) incrementar fuertemente la tasa de interés de política monetaria, a fin de provocar un vuelco voluntario a la demanda de activos financieros en pesos. No es necesario decir el desastre de proporciones que esta medida provocaría en el ya semi-destruido sector productivo; y 2) no sería voluntaria sino compulsiva: encaje obligatorio de 100% a los bancos para que no puedan prestar. Un símil Plan Bonex, como el de fines de 1989, tendría el mismo efecto de quitar capacidad de crédito al sistema financiero. El desastre sería similar al caso anterior.

¿Tiene solución este inusual intríngulis?

Si, lo tiene, pero se encuentra en una caja de herramientas que el gobierno actual desconoce. Hay que olvidarse del excedente en la oferta de dinero y dejar que la inflación lo licue paulatinamente. No es la solución óptima sino la única disponible. No hay enjuague monetario o cambiario que saque al país de la decadencia de décadas en la que está entrampada por propia, aunque quizás inconsciente, decisión.

<b>Hay que olvidarse del excedente en la oferta de dinero y dejar que la inflación lo licue paulatinamente. No es la solución óptima sino la única disponible</b>

Además, hay que enfocarse en la otra hoja de la tijera: la demanda de dinero. Incrementarla, a los fines anti-inflacionarios es equivalente a disminuir la oferta. Esto se puede hacer con el anuncio de un plan económico integral que fije metas de disminución modestas, pero creíbles, del gasto público improductivo. Desde luego que debe cumplirse año tras año con lo prometido, so pena de que el castillo de naipes se desmorone de un solo golpe.

El anuncio simultáneo de un conjunto de reformas estructurales que incrementen la rentabilidad de producir y/o comerciar tendría también un efecto positivo en la demanda de dinero, ya que las expectativas de un mejor clima de negocios para la actividad productiva y comercial provocaría un fuerte salto de la misma.

Las soluciones de dolarización o convertibilidad, sin un control del gasto público y el déficit fiscal ni reformas estructurales pro-mercado se ha demostrado en los noventa que son también inútiles.

El autor es economista y asesor financiero

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