Islas Malvinas (Photo by Peter Macdiarmid/Getty Images)
Islas Malvinas (Photo by Peter Macdiarmid/Getty Images)

La relación argentino-británica ha sido históricamente intensa, cordial y, no obstante la disputa sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, complementaria en muchos aspectos y rica para ambos países. Esta relación se ha intensificado positivamente por la actitud evidenciada desde el inicio del mandato del presidente Mauricio Macri buscando coincidencias que permitiesen inversiones en muchos campos, sin excluir aproximaciones a la sensible cuestión de las Malvinas.

Consciente del cambio de dirección, el Reino Unido ha respondido tempranamente y con igual espíritu, ayudado sin duda por el contraste con la gestión de la administración anterior y por las posibilidades que se abren con la Argentina, llena de recursos humanos, naturales y con una clara visión "occidental" en materia de valores. El 2 de Agosto de 2016 la primera ministra Theresa May le envió al presidente Macri  una carta en la que reconoció las "diferencias" pendientes, manifestó la intención de resolverlas para "beneficio de todas la partes" y propuso una agenda sobre hidrocarburos y comunicaciones. También el Comunicado Foradori/ Duncan, publicado poco tiempo después en Buenos Aires, abarcó un cúmulo de cuestiones recíprocas que inciden en la disputa del Atlántico Sur. En este contexto, cabe especialmente incluir la identificación de los héroes caídos en la guerra, resultado de los esfuerzos coordinados por ambos Gobiernos a través de las respectivas Embajadas, el sector privado argentino y la respetuosa disposición de las isleños.

Pero la dinámica internacional es siempre cambiante y la diplomacia debe interpretarla para orientarla hacia soluciones transaccionales y, por consiguiente, sustentables. En efecto, recientemente han aparecido nuevos factores de posible interés para Malvinas.

El primero podría ser el fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre el caso Chagos. Juristas y diplomáticos manifestaron que la resolución no incide directamente en la cuestión. Ni por el contenido ni por el canal -la Corte Internacional de Justicia- Malvinas puede o debe asimilarse a Chagos. La resolucion 2065/65 -reconocida por todos, incluido el Reino Unido- es el instrumento que nunca debemos abandonar o poner a un costado.

El segundo elemento es la designación de Boris Johnson como primer ministro británico. Este hecho es muy relevante. En su carácter de Canciller, Johnson visitó nuestro país en 2018, evidenció conocer a fondo la problemática argentina, la relación bilateral así como las coincidencias y las diferencias. Su actitud fue extremadamente amistosa y sugestiva, tal como consta en un artículo que Johnson publicó en un diario argentino el 19 de junio de ese año.

Aprovechar este clima promisorio requiere prudencia, cuidado y profesionalismo, en particular para comprender los cruciales desafíos que el nuevo primer ministro deberá afrontar de inmediato. Por nuestra parte, tener presente que este suave "viento de cola" se alimenta, en buena parte, por la solidaria cordialidad entre los ex combatientes de los dos países, conscientes de que esa guerra inexplicable se combatió con heroísmo, nobleza y sin rencor. Ellos podrían, sin duda, jugar un rol constructivo en la actual coyuntura.

El último factor es el Brexit, trascendente para el Reino Unido, Europa y el equilibrio global, cuyo desenlace y consecuencias son de difícil predicción. Suponer que el Brexit "debilitará" a los británicos al punto que los llevaría a aceptar posturas "claudicantes" respecto de la disputa sobre Malvinas, sería ignorar la historia de ese país, cómo solucionó sus problemas coloniales más grandes, cómo sostiene su lugar en el mundo y cómo supero los mayores desafíos y las más grandes amenazas. Imaginar que todo esto no cuenta demasiado y que precisamente es este el momento de presionar rústicamente al Foreign Office y a los isleños sería sumar un nuevo e innecesario error.

La buena diplomacia, en cambio, basándose en muchos ejemplos que la historia ofrece, sabe que en los momentos críticos para la contraparte lo que realmente conviene es una estrategia de aproximación y nunca de confrontación. Esto, porque los países tienden a endurecer sus posturas cuando se sienten 'acosados' y no lo contrario. Por esto, no acariciemos la presunción de que agregar ahora problemas al gobierno británico -además del Brexit- sería de ayuda para nuestras posiciones en Malvinas. Hay que mostrar comprensión y avanzar con cuidado atento la lógica sensibilidad de la otra parte. Tampoco solazarnos elaborando sobre las lógicas preocupaciones de los isleños por el Brexit. Son nuestros vecinos y lo serán siempre porque la geografía es inmutable. Los isleños son actores trascendentes mientras así lo considere el Reino Unido y la letra de la resolución 2065/65. Con ellos habrá que modificar las situaciones unilaterales creadas durante el largo período de aislamiento y confrontación anterior que Argentina está superando y que complicaban el acercamiento recíproco. Duncan en su renuncia ante Theresa May se refiere al Comunicado suscripto en Buenos Aires con el entonces vicecanciller Carlos Foradori. Esto indica que no lo considera algo menor sino como un hecho relevante de su gestión. Significa que Malvinas está en la agenda, circunstancia que tampoco es ignorada por los isleños.

El reciente acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea es otro elemento central que potencia a la Cancillería argentina y es un factor que robustece nuestras aspiraciones. La diplomacia británica, una de las mas hábiles del mundo, no ignora esto. Dependerá de nosotros que todos estos factores resulten eficaces. Para esta hará falta tiempo, profesionalismo y espíritu de transacción.

La resolución 2065/65 posee todos los elementos necesarios. Es el único documento internacional reconocido por todos los miembros de las Naciones Unidas y con el cual se inició un largo recorrido negociador con avances y retrocesos. No hay que salir de ese régimen legal que cuenta, además, con el invalorable respaldo del cuatro de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y de la buena disposición británica. El real desafío para la diplomacia y la sociedad argentina es proponer soluciones por etapas que no cierren las puertas a una evolución más satisfactoria en el futuro. Pero para esto no hay que hacer oídos sordos a la voz de otros importantes actores -los isleños- con quienes compartimos el lugar mas remoto e inhóspito del mundo. Esto es lo que establecen la resolución 2065/65 y la Carta de las Naciones Unidas leídas con los ojos del siglo veintiuno. Leídas por una sociedad cuyo país presidio el G20, es socio de la Unión Europea y será miembro de la OCDE.

El autor es el director del Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Fue embajador, vicecanciller de la Nación y representante permanente de la Argentina ante la ONU.