
La depresión afecta a más de 280 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y se caracteriza por una tristeza persistente, pérdida de interés y alteraciones en el funcionamiento del cerebro que los tratamientos actuales no siempre logran revertir por completo.
Ante esa limitación, un equipo de científicos de Corea del Sur desarrolló lentes de contacto capaces de estimular el cerebro a través de los ojos y tratar síntomas de depresión en ratones, con resultados comparables a los de medicamentos como la fluoxetina.
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Los hallazgos, que fueron publicados en Cell Reports Physical Science, muestran que tras tres semanas de uso diario durante 30 minutos, la tecnología logró restaurar comportamientos, circuitos cerebrales y marcadores biológicos alterados por la depresión.

El estudio fue liderado por Jang-Ung Park, de la Universidad Yonsei en Corea del Sur. Su equipo demostró por primera vez que una lente portátil y transparente, colocada sobre el ojo, puede influir en las redes del cerebro que regulan el ánimo, sin necesidad de fármacos ni cirugía.
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La clave está en una conexión que pocos conocen: la retina es una extensión directa del cerebro. Eso llevó al equipo a preguntarse si era posible acceder a los circuitos cerebrales del ánimo simplemente a través del ojo.
Electricidad invisible sobre la retina

Las lentes funcionan con dos señales eléctricas muy débiles que viajan a través de electrodos ultrafinos de óxido de galio y platino, materiales tan delgados que la lente es completamente transparente.
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Park comparó el principio con lo que ocurre con la luz: dos haces superpuestos generan un punto brillante. De la misma forma, las dos corrientes eléctricas solo se “encienden” al encontrarse en la retina, desde donde viajan al cerebro por vías naturales.
Este mecanismo, llamado estimulación eléctrica por interferencia temporal, permite activar zonas profundas del cerebro sin tocar ningún tejido ni introducir ningún dispositivo dentro del cuerpo.
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En los ratones tratados, la tecnología normalizó la comunicación entre el hipocampo y la corteza prefrontal, dos zonas del cerebro directamente ligadas a la depresión y al control emocional.
Números que respaldan los resultados

Los científicos midieron marcadores biológicos en sangre antes y después del tratamiento. Los niveles de corticosterona, una hormona del estrés que se dispara en la depresión, bajaron un 48% en los ratones tratados con las lentes.
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Al mismo tiempo, la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad y cuya deficiencia está asociada a la depresión, aumentó un 47% respecto a los ratones con depresión inducida que no recibieron ningún tratamiento.
Para comparar, el estudio incluyó cuatro grupos: ratones sanos, ratones con depresión inducida sin tratamiento, ratones tratados con las lentes y ratones tratados con fluoxetina, uno de los antidepresivos más usados en el mundo.
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En todos los parámetros medidos, conducta, actividad cerebral y biología, las lentes mostraron mejoras equivalentes a las del medicamento.
Park admitió que esa equivalencia lo sorprendió, ya que ese nivel de recuperación generalmente solo se espera de los fármacos. Para el experto, se abre la posibilidad de tratar la depresión sin los efectos secundarios que suelen acompañar a los antidepresivos convencionales.
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Inteligencia artificial como árbitro

El equipo también usó un modelo de inteligencia artificial para analizar todos los datos de forma conjunta. El resultado fue contundente: el algoritmo clasificó a los ratones tratados con las lentes junto al grupo sano, al separarlos claramente del grupo deprimido, con una tasa de clasificación correcta de hasta el 100% para el grupo con depresión inducida.
Pese a los resultados, Park fue claro: la validación clínica en humanos todavía es un desafío pendiente. Las lentes deberán superar evaluaciones rigurosas antes de llegar a pacientes reales.
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El equipo ya trabaja en versiones inalámbricas, evalúa la seguridad a largo plazo en animales de mayor tamaño y planea personalizar la estimulación para cada usuario de cara a futuros ensayos clínicos.
La investigación recibió financiamiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Información y las Comunicaciones de Corea del Sur, el Instituto de Ciencias Básicas y el Fondo de Investigación de la Universidad Yonsei.
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