Situación de calle: la cara más cruda de la desigualdad

Cecilia Segura

infobae-image

La ola de frío que se desató en la ciudad golpea especialmente a las personas que están en situación de calle y pone en el centro del debate una de las más crudas realidades urbanas, sistemáticamente invisibilizada por el gobierno porteño. Los que transitamos la Ciudad de Buenos Aires podemos observar a hombres, mujeres, niños y niñas en la más extrema vulneración de sus derechos.

Lo que llama particularmente la atención es que muchas son familias nuevas, de sectores medios, primeras generaciones que padecen el drama de estar en la calle. Es decir, que la crisis está golpeando a sectores sociales que nunca antes habían sido alcanzados. Familias que se van sumando tras la pérdida del trabajo y, con ello, de la posibilidad de seguir pagando un alquiler.

En los últimos tres años, las políticas de ajuste y exclusión del macrismo han agudizado dramáticamente esta problemática. Esta semana, Sergio Zacariaz, un hombre en situación de calle, murió de frío y de indiferencia en la calle Perú, a escasos 500 metros de la Casa Rosada.

¿Cuántas personas están en situación de calle en Buenos Aires? Los datos publicados oficialmente son objeto de muchos cuestionamientos por parte de las organizaciones que trabajan la temática, que denuncian, con mucha razón, un intento de ocultar la verdadera dimensión de este problema. En 2017, muchas de estas organizaciones, junto con algunas instituciones públicas, realizamos el primer Censo Popular de Personas en Situación de Calle. Los datos que arrojó fueron muy diferentes a los oficiales. Según este relevamiento, en la Ciudad de Buenos Aires vivían 4413 personas, el cuádruple del número informado por el Gobierno, sin contar a las personas en riesgo de situación de calle, tal como lo contempla la ley 3706.

Este año hemos repetido la experiencia del Censo Popular y el viernes pasado se hicieron públicos los resultados: en la Ciudad de Buenos Aires hay 7251 personas en situación de calle, no 1146, como había informado el Gobierno porteño.

Los datos obtenidos se encuentran en proceso y servirán para tener un diagnóstico real del problema y contrastar, una vez más, las cuestionadas cifras oficiales. Este año hemos repetido la experiencia del Censo Popular. Los datos obtenidos se encuentran en proceso y servirán para tener un diagnóstico real del problema y contrastar, una vez más, las cuestionadas cifras oficiales.

Según las últimas estimaciones de la Dirección General de Estadísticas y Censos porteña, existen en el distrito 600 mil pobres, de los cuales 200 mil son indigentes. El crecimiento de estos indicadores entre fines de 2015 y 2018 fue muy pronunciado. El retorno del neoliberalismo en Argentina tuvo un gran impacto en la ciudad, cuya cara más brutal son las 80 mil personas más que se encuentran en situación de indigencia, es decir, que no alcanzan a cubrir su alimentación más básica. Todo esto, en la ciudad más rica del país.

Al contexto determinado por las políticas económicas nacionales se suman las políticas regresivas que viene implementando el macrismo desde hace casi 12 años en el distrito. Buenos Aires en estos años se ha convertido en una ciudad solo para los que la pueden pagar. Para quienes quedan excluidos solo hay programas sociales precarios, paliativos, que lejos de incluir, perpetúan y profundizan las desigualdades.

En los sucesivos informes que realizamos en la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires pudimos advertir que los programas destinados a las personas en situación de calle no resuelven sus verdaderas necesidades y tienden a cronificar esta población en un círculo que transcurre entre la calle, los paradores, las habitaciones y los hoteles en pésimas condiciones, sin alcanzar el acceso a una vivienda definitiva.

Las autoridades porteñas argumentan que muchas familias eligen dormir en la calle en lugar de ir a los paradores. Más allá del cinismo de esta afirmación, lo que realmente sucede es que estos dispositivos no se adaptan a las necesidades y no representan una verdadera opción para las personas en situación de calle.

El informe de la AGCBA aprobado el año pasado sobre los paradores y los centros de inclusión hace observaciones severas sobre las deficientes condiciones edilicias, la falta de mantenimiento y climatización, los problemas de humedad, la falta de sanitarios y artefactos, las pérdidas de agua, los vidrios rotos y la carencia de armarios para que las personas puedan guardar sus escasas pertenencias y herramientas de trabajo, entre otras falencias. Además, los horarios de acceso y egreso son muy restrictivos, en contra de los que establece la ley; las camas no están aseguradas y hay que volver a hacer la fila todos los días para acceder. Como solo existe un parador para familias, cuando no hay cupo, estas deben separarse.

Otro dato alarmante es la falta de personal, especialmente profesional, y su disminución con respecto al informe anterior, aprobado en 2013. Según los últimos datos, el parador Retiro cuenta con 180 plazas y solo 4 profesionales, una relación de 45 plazas por profesional. Y el Azucena Villaflor, con 92 plazas y 3 profesionales, 1 cada 30 plazas. Este déficit afecta directamente los servicios que pueden prestar estos lugares, especialmente los vinculados con la asistencia social y la atención de la salud.

La falta de un techo conlleva muchas otras desafiliaciones (familiar, educativa, sanitaria, de recreación, de sociabilización y de empleabilidad) que con el paso del tiempo son cada vez más difíciles de revertir, a pesar del enorme esfuerzo que muchas familias hacen en las condiciones terribles en las que viven, por ejemplo, para sostener a los chicos en la escuela.

Para quienes están en estas condiciones de extrema vulnerabilidad la violencia oficial es múltiple: a la estigmatización, la exclusión y la desigualdad, se adiciona la violencia de la sistemática invisibilización, que muchas veces contrasta con la solidaridad de los vecinos y las organizaciones, que se reúnen para llevar un plato de comida, una frazada, un abrazo.

El Gobierno porteño tiene recursos de sobra para dar respuesta a esta problemática. Erradicar la indigencia en la ciudad representa el 2% del gasto total del presupuesto del 2018. Para establecer una comparación, la Ciudad gastó el año pasado casi el triple de ese monto en intereses de deuda. Resulta urgente abordar esta realidad, la más cruda, con la que se topa cualquiera que transita las calles de nuestra ciudad. Los recursos están, lo que hay que hacer es ordenar las prioridades.

La autora es presidenta de la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires.

MAS NOTICIAS

Te Recomendamos