(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

Poco le duró al ungido de Cristina Kirchner la pose de estadista moderado que intentó exhibir  en el calentamiento de motores para su carrera electoral, respecto del espinoso tema del aborto.

El 20 de mayo de 2019, dos días después del anuncio de la sorpresiva fórmula K, Alberto Fernández había dicho a la FM Tiempo de Río Gallegos: "Es un tema que parte a la Argentina en dos y todos los temas que dividen no son buenos. Hay que, tal vez, hablar un poco más, educarnos más. Me parece que no debe ser un delito y que con eso podríamos empezar a trabajar sin necesidad de avanzar tan rápidamente en la legalización, porque la legalización es un tema que divide a los argentinos".

La cercanía del poder modera a los políticos. Saber que es uno el que tendrá que tomar las decisiones, asumir costos y consecuencias, no es lo mismo que litigar desde el llano. Todo se ve más policromático.

Pero bastó que le agitaran unos pañuelos verdes delante de la nariz para que se volviera daltónico: "El tema de género llegó para instalarse, la política sólo puede seguir esa marea social que lo reclama. Lo único que voy a hacer es sumarme y si me tengo que poner al frente, me pondré al frente", dijo el 1° de junio, luego de una nueva marcha en reclamo del aborto legal, sacándose así la camiseta de líder para caer en el seguidismo de lo que cree o finge creer es la posición mayoritaria en la sociedad.

Desde la derrota del proyecto de legalización del aborto que, como bien se había notificado Fernández, era de legalización y no de mera "despenalización" -el aborto está despenalizado de hecho; lo que se criminaliza ahora es el no aborto -, hay una militancia furibunda de todos los lobbies abortistas para hacer como si nada hubiera pasado, como si no hubieran perdido la votación limpiamente, tras uno de los debates más plurales, densos y prolongados que haya suscitado cualquier otro proyecto de ley.

Una escritora verde furioso habla ya de "revancha" contra una "manipulación" en el Senado que sólo ella vio, porque en la Cámara alta la votación fue mucho más transparente que en Diputados donde hubo pases sospechosos en la madrugada de la votación; baste decir que, si un legislador de una provincia cambia de posición, en el sentido que sea, podemos suponer que reflexionó; pero, si es todo un bloque provincial el que se da vuelta, hay que seguir la ruta de las efectividades conducentes de las que hablaba Hipólito Yrigoyen.

Persecución, juicio y castigo a médicos que se niegan a practicar abortos supuestamente "no punibles", ventilación de casos extremos para conmover, intervenciones mediáticas de artistas y afines que consideran que su opinión pesa más que la del resto y la apropiación de cualquier evento para convertirlo en tribuna verde -Festival de Cannes, Feria del Libro, Premios Martín Fierro…-; todo vale para hacer de cuenta que no hubo un legítimo rechazo al proyecto de ley. Tienen una mayor y más ruidosa presencia pública, sin duda, pero de nuevo se confunden a sí mismos creyéndose mayoritarios.

Ahora, la batalla es por las listas donde lo que se promueve sin el menor tapujo es el veto a los candidatos que no respaldaron la legalización del aborto.

Llegamos al extremo de que una senadora nacional verde –Nancy González- exprese públicamente "preocupación" porque Amalia Granata ganó una banca provincial en Santa Fe con el discurso opuesto al de ella… y la acuse de no respetar a los que tienen otra opinión… Esto, luego de casi 40 años de democracia continua en el país.

Intolerancia verde: la senadora Nancy González, “preocupada” porque Amalia Granata ganó una banca en el congreso de Santa Fe
Intolerancia verde: la senadora Nancy González, “preocupada” porque Amalia Granata ganó una banca en el congreso de Santa Fe

Un libro del periodista Rolando Vera, La Ola Celeste. 8A, constituye, para los políticos desmemoriados, un interesante recordatorio de lo ocurrido en esos cuatro meses excepcionales en que todo el país debatió un tema tan profundo, que para algunos parece haber sido un diálogo de sordos porque siguen repitiendo argumentos desmentidos en aquellos días.

Es posible que Mauricio Macri crea que puede recuperar luego en el Congreso, a través de listas "colectoras" que junten a los descontentos que dejó por el camino, a los representantes que puedan conseguir, pero, para un oficialismo que debe contar los porotos de a uno porque no tiene la reelección asegurada ni mucho menos, es llamativo el desdén que muestra hacia la ola celeste. Habrá que suponer que hay otras poderosas razones o lobbies detrás de esa política.

En esto, los polos de la grieta se tocan: recordemos el "histórico" aplauso del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados ni más ni menos que a Fernando Iglesias, repetidor incansable del argumento de que todos los males de la Argentina se deben a "70 años" (sic) de peronismo, luego de su alocución verde.

El libro de Vera les viene a recordar, uno a uno, todos los hitos de 4 meses de debate: los pronunciamientos, no sólo de legisladores individualmente considerados, sino de asociaciones de médicos, abogados, biólogos y juristas; repasa los gestos ambiguos del gobierno, en especial de un presidente que decía no avalar el aborto legal pero a la vez lo promovía; los testimonios personales en uno y otro sentido, las marchas y las vigilias; el episodio con el diputado Luis Contigiani, aliado del socialismo en Santa Fe, cuya cabeza fue pedida por no plegarse al aborto; etcétera.

Repasa los alegatos en el Congreso y el clima en la calle, con interpelaciones a políticos de uno y otro color y con lamentables agresiones, superponiendo una grieta más en un tejido social y político ya crispado. Y, en paralelo al debate, el deterioro de la economía, la inflación incontrolada, el desempleo…

También recuerda el rol de las iglesias evangélicas, en especial las agrupadas en Aciera, muy activas a la hora de movilizar y a las que seguramente muchos candidatos querrán cortejar ahora que se acercan momentos decisivos en las urnas.

El anexo del libro trae la lista de diputados y senadores y cómo votaron; útil para desmentir el relato de un supuesto conservadurismo y oscurantismo, teñido de religión, del interior, versus la modernidad y las luces encarnadas en Diputados y en la Capital.

En la Cámara baja la aprobación fue agónica y bajo la sombra de una venalidad que Elisa Carrio amenazó con denunciar un día: 129 a favor, 125 en contra. Cuatro votos de diferencia. Además, una abstención y una ausencia.

En el Senado, 38 rechazos contra 31 votos positivos, 2 abstenciones y 1 ausente.

Si nos tomamos el trabajo de ver el voto en "perspectiva de género", según la moda, queda demostrado que no se trata de un tema patriarcal, ni de un derecho reivindicado por las mujeres como un todo. En Diputados, 47 mujeres votaron en contra y 50 a favor. Y en el Senado fueron 13 mujeres por el no y 12 por el sí.

(Nicolás Aboaf)
(Nicolás Aboaf)

Pese a la detallada crónica de esos meses, el libro pasa por alto un pronunciamiento, el 7 de junio de 2018, de dirigentes peronistas, que impactó porque hasta ese momento esa fuerza no se había manifestado con claridad. El comunicado, titulado "El aborto es la cultura del descarte" -que unió a corrientes muy diversas del justicialismomolestó por igual a Cristina Kirchner y a Miguel Ángel Pichetto que en esto jugaron del mismo lado: él con un encendido discurso; ella aduciendo que "las pibas" en la calle la convencieron de cambiar de postura.

Y aunque no modificó la decisión de ambos de acompañar el proyecto, cuanto menos les generó un contexto de incomodidad, recordándoles que el aborto es muy difícil de explicar en la tradición doctrinaria de ese movimiento.

El debate despejó otras mentiras o medias verdades -que se siguen repitiendo impunemente-: la falsa cifra de abortos clandestinos -el invento del medio millón- y la consecuente afirmación de que la legalización disminuye el número -cuando las estadísticas demuestran que es al revés-; y que no se está ante un problema de salud pública porque el aborto tiene una incidencia ínfima en el total de muertes femeninas (0,025 por ciento) y ha dejado de ser la primera causa de muerte materna –mueren más mujeres dando a luz en malas condiciones que abortando, y mueren muchas más por desnutrición-; la última cifra conocida -oficial, provista por el Ministerio de Salud- es de 19 casos en el año 2017 en todo el país.

Finalmente, el argumento de que quienes defendieron la legalización tienen en mente a las mujeres pobres fue ampliamente desmentido por los propios voceros de esos sectores y por quienes verdaderamente están comprometidos con su suerte, como el padre Pepe Di Paola.

(@gustavopecoraro)
(@gustavopecoraro)

En marzo pasado, mujeres de la Villa 31 organizaron una actividad para hacer oír su voz ante la perspectiva de la presentación de un nuevo proyecto de legalización del aborto. La idea era celebrar cada nacimiento del año 2018 plantando un árbol. Como nacieron 500 niños, sólo plantaron 10, simbólicamente. "Se viene un nuevo debate y tenemos que estar juntas todas las madres para luchar por lo que más queremos que es la vida", explicó Lorena Fernández, una de las referentes de los vecinos y de la organización Barrios por la Vida. Durante el debate del año anterior, una encuesta realizada en la Villa 31 dio como resultado que el 71 por ciento de los vecinos estaba en contra de la legalización del aborto.

VIDEO: PLANTAN ÁRBOLES POR LA VIDA EN LA VILLA 31

Todo esto, sumado a las multitudinarias movilizaciones a lo largo y ancho del país, pesa menos para los políticos que unos pañuelos agitados en Cannes.

Sin embargo, la experiencia de Amalia Granata en Santa Fe, que con un partido creado ad hoc en torno a esta problemática, obtuvo el 15 por ciento de los votos, y quedó en tercer lugar detrás de peronistas y socialistas, dejando 4° a Cambiemos, debería hacerlos reflexionar.

Es cierto que armar listas "celestes" implica el riesgo de sectarizarse y dejar en minoría una postura que no lo es. Pero la experiencia de Santa Fe lleva a preguntarse por qué los candidatos de los grandes partidos desconocen el fenómeno y sólo se llenan la boca con la marea verde. ¿Porque tiene menos prensa? ¿O existen otro tipo de presiones detrás de esta política?

Madres de la Villa 31
Madres de la Villa 31

En pleno debate del aborto en la Argentina, la periodista María de los Ángeles Mainardi,  contó en su intervención en el Congreso que, en un encuentro de Mujeres en Paraguay, surgió el interrogante de por qué se promovían políticas antinatalistas, y el canciller de ese país había admitido: "Paraguay es un país pobre que necesita créditos internacionales y éstos se piden a organismos internacionales donde una cláusula así lo exige".

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