Posiblemente exagere mis presunciones. El tiempo lo dirá, al fin y al cabo, no falta tanto. Pero la exposición de Cristina en la Feria del Libro es más preocupante de lo que parece. El kirchnerismo solo es irrelevante. Es lo que es y todos lo sabemos, al menos eso creo. Lo que inquieta es que sea conducción del peronismo en la provincia de Buenos Aires. O peor aún, que el peronismo bonaerense se deje conducir por un grupúsculo de dirigentes que se asemejan más a una secta que al pueblo llano.

Antes de analizar algunos párrafos del discurso de Cristina amerita una pregunta:  El grupo Calafate comenzó como una aventura intelectual progresista y terminó con Carta Abierta, pensadores de extracción marxista que se transformaron en la inspiración intelectual del kirchnerismo, a partir de la crisis con el campo. Se inició en aquella solitaria reunión de Néstor con un grupito de ellos en Parque Lezama. Atizaron la fractura política, pues en ella estaba lo esencial de su accionar.

Muchos pensadores y periodistas asimilaron esa actitud con el viejo peronismo. Sin embargo, a mi ver y entender, fue diferente. Con Perón se gestó en la oposición y Perón la compró. Con el kirchnerismo nació en el poder y la oposición la hizo suya. Los ejemplos para ambos períodos son tantos que harían interminable la presente nota. Pero no es de esto que quiero hablar.

Importa al articulista seguir el pensamiento no explícito de Cristina en su alocución, caracterizada en general por el periodismo como conciliadora e incluyente. No comparto esos argumentos.

Cristina dijo, frente al llamado del Gobierno nacional a un acuerdo de diez puntos, que pueden ampliarse, tal cual lo exigió la Iglesia: "Nadie en épocas de unidad y de grandes acuerdos puede estar en desacuerdo". Sin embargo amplió: "Lo que ella puede hacer y dar es algo diferente a todo. Permítanme decirles que es necesario algo más, un contrato social de todos los argentinos y argentinas".

Al parecer esta declaración significaría profundizar la idea del acuerdo, pues es tan light que no alcanza. La idea genial sería un contrato social. Para ejemplificar y justificar su propuesta puso como ejemplo el fracaso del acuerdo social de dos colosos de la política y el capital, el general Juan Perón y su ministro de Economía José Ber Gelbard. Seguidamente cuenta el porqué de este fracaso y sorprendentemente no miente acerca del enojo de Perón, aquel 12 de junio de 1974, con los empresarios incumplidores de los acuerdos. Lo que no dice es por qué no podían cumplirlo. ¡Atención, empresarios!

Por lo tanto, frente al fiasco de estos dos colosos, un pacto no alcanza, ahora se necesita algo más fuerte y enérgico. Al que le puso el siguiente título: Un contrato social de ciudadanía responsable. ¡Contrato social y ciudadanos! Faltan Rousseau, Danton, Marat, Robespierre, y estamos todos.

Lo que no queda claro es si lo dice de frívola o porque sus intelectuales le dieron letra revolucionaria. En la Argentina siempre se habló de pactos, acuerdos y tratados. Del Pilar, del Cuadrilátero, Federal, el Acuerdo de San Nicolás, La Hora del Pueblo, entre otros. Nos movimos entre acuerdos y pactos.

¿Contrato social? Es tan novedoso que suena a chantada. También es bueno decir que fuimos correligionarios, compañeros, camaradas, hermanos, hermanas, amigos. ¿Ciudadanos? Huele a Comité de Salud Pública.

Luego con sonrisa pícara les recomienda a empresarios y políticos que visitan mucho a Estados Unidos que se fijen lo que está realizando Donald Trump a favor del mercado interno norteamericano. Que se vuelva a fabricar en casa. Que las empresas estadounidenses que han invertido en el exterior, y en el exterior mantienen sus capitales, que retornen a la patria. En la cabeza de Cristina ronda la sustitución de importaciones y Gelbard. Pero sin pacto. ¿Con Comité de Salud Pública?

Lo que nos está diciendo Cristina, sin darse cuenta, es que la globalización perjudicó al imperio y ahora Trump corrige el error de tantos años. Entonces, ¿en qué quedamos? Si la globalización embromó al imperio, perjudicó al monstruo de siete cabezas, ¿por qué hicieron el acto en Mar del Plata contra el ALCA, que era casualmente la expresión clara de la globalización? Tendrían que haber dejado que el ALCA los destruyera totalmente.

Las ideas kirchneristas son confusas, vagas y por esa razón peligrosas.