Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, el 14 de marzo de 2009 presidió la última visita ad limina de obispos argentinos ante el papa Su Santidad Benedicto XVI. Es una práctica que dispone el Código Canónico para los obispos de todos los países del mundo. Cada cinco años. Tiene el sentido de afirmación de la responsabilidad de los obispos, como sucesores de los apóstoles y de su comunión con el sucesor de Pedro. Se concretará del 28 de este mes al 18 de mayo.

Diez años después

Los visitantes son todos los miembros de la Comisión Episcopal Argentina presidida por monseñor Oscar Ojea. Aquel Bergoglio visitante hoy es el papa Francisco visitado. Divididos, como entonces, en regiones, los obispos llevan un detallado informe de la realidad pastoral de cada diócesis del país. Un cuadro de situación de los pastores y sus rebaños.

Hace diez años, el cardenal Bergoglio leyó un documento ante el Santo Padre en el que habla del "rico patrimonio cultural y espiritual" de nuestra patria y donde al mismo tiempo que renovaba la fe católica del "pueblo fiel" señalaba el lado oscuro de la realidad nacional.

"En nuestro país la pérdida de los valores que fundan la identidad como pueblo nos sitúa ante el riesgo de la descomposición del tejido social", decía el cardenal. Y puntualmente mencionaba: "El escándalo de la pobreza y la exclusión social, la crisis del matrimonio y la familia, y la necesidad de mayor comunión".

Sin embargo, concluía afirmando: "En nuestra patria subsisten reservas de valores fundamentales: la lucha por la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la defensa de la dignidad humana, el aprecio por la libertad, la constancia y la preocupación por los reclamos ante la justicia, el esfuerzo por educar bien a los hijos, el aprecio por la familia, la amistad y los afectos, el sentido de la fiesta y el ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente situaciones difíciles en la vida cotidiana".

Peregrinación a las basílicas mayores

Claro que la visita ad limina —como lo es habitualmente— no es solo una rendición de cuentas de la acción pastoral. Se inicia con la peregrinación a las cuatro basílicas mayores de Roma donde celebrarán la Eucaristía. Ellas son San Juan de Letrán, que es la más antigua y la Iglesia Catedral de la ciudad de Roma, Santa María La Mayor, que se encuentra en el Monte Isquilino, la más grande dedicada a la Virgen a quien se ofrendan obras del gran Bernini; la de San Pablo extramuros, construida por el emperador Constantino (siglo IV) sobre la tumba de San Pablo (siglo I) y la de San Pedro. El homenaje a las tumbas de los Príncipes de los Apóstoles, el encuentro con el Santo Padre y las reuniones con los Dicasterios de la Curia Romana. Todo lo cual es materia de fe, contemplación, oración y discernimiento.

Homenaje a los Apóstoles

Los homenajes a los Apóstoles se rendirán ante las tumbas de Pablo que, como dijimos, está en la Basílica de San Pablo y la de Pedro, que se encuentra en el subsuelo de la Basílica de San Pedro, debajo del "Baldoquino". En el centro del monumental templo vaticano con capacidad para 20 mil personas hay una construcción menor de Bernini que cuenta con cuatro columnas de madera estilo barroco y bronce, y un techo plano donde se encuentra la silla papal y donde celebra el Papa.

Reuniones con Francisco y con los dicasterios

Después se suceden los encuentros de cada uno de los tres grupos con Francisco. En los días que siguen los prelados se encuentran con los Dicasterios, que son organismos del clero. Se trata de reuniones de actualización y planteos prácticos. Estos organismos acompañan al Papa en el desarrollo de su labor y son presididos por un cardenal o arzobispo y personal especializado en determinadas cuestiones de gobierno, de la acción pastoral, de la educación, de la doctrina de la fe y otras.

Misa de acción de gracias por la canonización de los mártires riojanos

Por último, los obispos celebrarán una misa en la Parroquia Argentina, Villa Borghese, por la canonización de monseñor Enrique Angelelli, el padre Carlos de Dios Murias, el presbítero Gabriel Longueville y el laico Wenceslao Pedernera, víctimas de la última dictadura militar, canonizados el 27 de este mes y año.