Era un partido esperado. Habían pasado siete años de desencuentros pero aún así el mote de clásico permanecía intacto. El cruce entre All Boys y Atlanta, pendiente de la 11° fecha de la Primera B Metropolitana, finalmente se jugó ayer en el Estadio Malvinas Argentinas. En la cancha la emoción dominó de principio a fin y el espectáculo dio la talla. En la tribuna, sin embargo, dominó el salvajismo que se extendió hasta las afueras del estadio para ratificar que tal vez no todo esté perdido pero, quizá, ya se haya perdido demasiado.

Crónica de una tarde de furia en Floresta:

Después de muchos años se volvía a jugar el que para muchos es uno de los clásicos del fútbol argentino. La rivalidad entre All Boys y Atlanta se profundizó en los últimos años por la cantidad de veces que se cruzaron en distintas categorías del Ascenso. Todo estaba dado para que fuera un gran espectáculo teniendo en cuenta que los dos equipos pelean por el ascenso al Nacional B (ndr: Atlanta tiene 31 puntos, a dos del líder de la B Metropolitana, Estudiantes de Buenos Aires, y All Boys marcha 4°, con 28 unidades), pero todo esto en un marco de cautela por los violentos cruces entre hinchadas ocurridos en los últimos tiempos. Cabe mencionar y figurarse que no se permitió para este partido la presencia del público visitante.

Hubo un operativo de seguridad inusual para un partido de la tercera categoría del fútbol argentino: calles cortadas a varias cuadras del estadio, patrulleros, agentes en las calles, camiones de policía y vallados. Tal celoso fue el operativo por temor a algún cruce de hinchas que el departamento de prensa de All Boys decidió que los acreditados de Atlanta no fuesen al estadio a retirar sus permisos sino que los hizo llegar a Villa Crespo para evitar al máximo la presencia de alguna persona que pudiese identificarse como parte del visitante. Esta metodología es, por cierto, de lo más inusual en este nivel del fútbol argentino (ndr: tercera categoría), pero comprensible en el marco de la precaución.

Ya en el marco del evento, se vivió una situación extraña: las puertas del estadio se abrieron solo 15 minutos antes del comienzo del partido, pautado para las 17. El ingreso fue posible, para ser más específica, recién a las 16:46 porque, según trascendió, agentes de la policía advirtieron la presencia de escombros en algunos sitios en los alrededores del estadio y por eso la seguridad no permitió la habilitación de los accesos hasta tanto esos sectores no estuvieses despejados de tales objetos. El partido comenzó 10 minutos después de lo previsto, a las 17:10.

En esos escasos minutos previos al inicio del partido hubo una gran fiesta en las tribunas por parte de la gente de All Boys, el local, con fuegos artificiales, bengalas y mucha concurrencia. En el terreno de juego, en tanto, el equipo dueño de casa intentó llevar a cabo su plan de juego pero Atlanta contrarrestó estas intenciones con un planteo táctico muy inteligente y prolijo que le impidió al Albo jugar debido a la alta presión que el Bohemio ejercía en todas las líneas. A los 25 minutos del primer tiempo la visita ya ganaba 2 a 0 con los goles de Ignacio Colombini, lo que tensó el ánimo de los locales.

Ya en la segunda parte, como era de esperar, All Boys salió fue a buscar el partido, al menos el empate, y Atlanta sostuvo su línea de intensidad. No lo dejaba hacer el juego que el Albo pretendía y casi sobre el final del partido llegó el tercer gol de los dirigidos por Fabián Castro, convertido por Lucas Modesto, a los 43 minutos del segundo tiempo, y en ese momento la parcialidad del local, muy enojada, comenzó a actuar: los primeros en sufrir las agresiones fueron los trabajadores de los medios partidarios de Atlanta, focos de los insultos y amenazas. "No te vas a ir de acá", comenzaron a gritarles luego de que, como es lógico pensar, los relatores gritaron con vehemencia el gol en final, lo que fue interpretado por los locales como una provocación.

Lo inentendible. Los relatores y comentaristas de Atlanta estaban en cabinas sin protección. Esto es: sin cristales que los separaran del público y sin custodia alrededor. Cualquiera que así lo dispusiera podía llegar hasta ellos porque la exposición era absoluta.

El encuentro siguió su desarrollo y la emoción iba in crescendo. All Boys marcó dos goles en tiempo de descuento, quedando a un tanto del empate pero ya no hubo tiempo para más. El árbitro Pablo Giménez decretó el final e inmediatamente un grueso grupo de hinchas del Albo salió disparado de la tribuna que ocupaba hacia el sector donde se había ubicado la delegación oficial de Atlanta, conformada por alrededor de 50 personas entre dirigentes, medios partidarios y jugadores que no estuvieron convocados.

La actitud de los vándalos era de extrema violencia. Yo me encontraba en la platea baja,acreditada en mi rol de periodista, y se me heló la sangre al momento de ver cómo un grupo de cientos de hinchas de All Boys se lanzaron con actitud enardecida en busca de la delegación de Atlanta, entre los que estaban mi padre, como parte de la delegación oficial. Había en ese grupo, además, amigos míos, conocidos, gente del club y allí recordé lo que ocurrió hace algunos años en cancha de Chacarita cuando parte de la parcialidad del Funebrero atacó a un minúsculo grupo de hinchas del Bohemio que había en la tribuna del estadio de San Martín. Fue como revivir esa escena con la diferencia de que aquella vez la gente del local logró romper el cerco que los separaba y así consumar el ataque, mientras que esta vez el operativo era tal que impidió que los hinchas de All Boys pudiesen pasar.

Los incidentes en Chacarita vs Atlanta (2012)

Comencé a enviarle mensajes a mi papá para ver cómo estaba. En ese momento dominaba la angustia porque no los veíamos pero sí escuchábamos las balas de goma. La contestación no tardó demasiado en llegar pero esos escasos minutos de silencio fueron muy difíciles. Al saber de él me tranquilice. Me contó que estaban bien, que primero les indicaron quedarse en la tribuna hasta que la situación en los alrededores se calmara y luego los llevaron hacia el interior del estadio. Estuvieron casi una hora esperando salir mientras afuera ocurrían los ya conocidos ataques de los barras a la policía. Sólo pudieron irse luego de recorrer pasillos del club, pasar por el vestuario y subirse directamente a un micro, en modo escapatoria.

Hubo en una de las tribunas un detalle que no pasó inadvertido: una bandera de palestina y gente gritando que nos volviéramos a Israel.

(Todas las fotos de Thomas Khazki)
(Todas las fotos de Thomas Khazki)

Por último, lo que más impacto me causó. En casi 20 años que llevo recorriendo las canchas del Ascenso siguiendo a Atlanta, nunca escuché de parte de una hinchada tantos cánticos e insultos antisemitas: me extrañó el cancionero que en este sentido tiene la gente de All Boys y los insultos, incluso desde la platea que, se supone, es un espacio más moderado. Cabe preguntarse aquí, entonces, cuántas veces a lo largo del partido el árbitro paró el partido por esto, tal y como lo indica el reglamento. La respuesta es: ninguna.

¿Explicaciones? Ya no busco. Llevo mucho tiempo en el Ascenso, lo conozco. No busco explicaciones porque no hay. Lo de ayer fue simplemente inentendible, propio de la barbarie. Me quedé en el repaso, como intentando entender qué pasó: ¿Hubo un fallo arbitral que enojó a la gente? ¿Una provocación? No. Nada. Apenas un festejo de los jugadores de Atlanta. La alegría del otro, suficiente para desatar el caos total. 

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