El periódico progresista Página 12 informó el día 23 de octubre del 2018 en un artículo firmado por la periodista Sonia Santoro la "inconducta" y desconsideración que el concesionario de las termas de Cacheuta, en Mendoza, tuvo para con una clienta de su negocio. La presunta falta del empresario llevó a que el Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI) interviniera en el asunto.
El problema se suscitó cuando una mujer de 21 años residente en la ciudad de Mendoza, vestida con burkina, no fue autorizada por el dueño a ingresar a su establecimiento. La burkina es una vestimenta que usan las mujeres en los países árabes cuando concurren a las playas o en este caso a una terma, (indumentaria que las cubre de pies a cabeza), pues allí sólo se aceptan mujeres en bikini o malla enteriza. Hecha la denuncia por la joven musulmana, en el INADI, el instituto labró un acta donde erróneamente asegura que el derecho de admisión no puede estar por encima de derechos reconocidos por la Constitución Nacional.
El error del INADI es flagrante, pues una terma es privada, aunque sea una concesión, y no es un servicio público, por lo tanto la Constitución no está por encima de la propiedad privada o la explotación privada. La observación del INADI además comete otro grave error, que es el de asegurar que hay además otra discriminación, que denomina de género. El INADI no puede usar la palabra "género", puesto que las personas no tenemos género, tenemos sexo. Género tienen las tiendas de retazos. Aceptando esta última premisa, habría entonces una discriminación a la mujer. ¿Es esto lo que ocurrió? De ningún modo. No fue denegado su ingreso por ser mujer, sino por su vestimenta. Pasa que en los países musulmanes, de extrema severidad, las mujeres no pueden exhibir su cuerpo, los hombres, sí. Y ella dice ser musulmana. Por lo tanto, como mujer musulmana ha sido discriminada. Punto. Afirma el instituto.
Si esa es una costumbre de países árabes, no es la nuestra. Y si el problema es religioso, que eviten el agua o hagan como los católicos, los judíos o los evangélicos, se calzan la malla, y a otra cosa.
La confusión y el embrollo en que el INADI, Página 12 y Sonia Santoro se hallan inmersos tienen la lobreguez del abismo, como decía un poeta entrerriano. Construyen un entramado ideológico inconcebible e inaceptable en la Argentina de hoy. En los países musulmanes las mujeres occidentales católicas, judías, protestantes o ateas no pueden andar en bikini o minifalda, por poner algún ejemplo claro y visible. Esos países defienden sus tradiciones, entre las cuales está el sometimiento de la mujer al hombre y también el ocultar su cuerpo de las miradas pecaminosas del varón que desata el demonio, ínsito en las curvas femeninas. Ellos no tienen la reciprocidad de Occidente. Allá hay que cubrirse.
Occidente, con el asunto de la libertad individual y los derechos humanos, admite que las comunidades musulmanas mantengan sus costumbres ominosas verificadas en la vestimenta que traduce el dominio del hombre sobre la mujer.
En nombre de la libertad y los derechos humanos, Occidente permite la violación de estos en su territorio sin decir ni mu. Esta permisividad es lo que está causando en los pueblos europeos un rechazo a la inmigración que no se integra a la cultura europea, sino que se segrega a la luz de todo el mundo y los Estados lo permiten. ¿La Argentina va a emular eso?
A nosotros, los argentinos, no nos van a enseñar lo que es convivir con extranjeros, lo aprendimos en los fortines, en los conventillos, en las escuelas, en la música, en los bailes, en el sainete, en las calles, que parecían la torre de Babel. La diferencia fue que aquí hubo una ley 1420 que argentinizó y alfabetizó al inmigrante que con guardapolvos blancos, una bandera, un himno, un lenguaje, una historia y nuestros próceres construimos la nacionalidad en un crisol de razas. De todos un poquito. Que hubo problemas, ¡por supuesto! Pero fueron amortiguados por una política estatal y la generosidad argentina heredera de la América mestiza. El mosaico pareciera estar fracasando en Europa.
Pero lo que más llama la atención es que Página 12 y la periodista, progres de paladar negro si los hay, en este asunto de defender a las minorías para arrasar con el Estado nacional aceptan sin chistar el dominio de "género" y que la musulmana ingrese como lo ordena su marido. Pero así es la izquierda, contradictoria, infantil, absurda y desorientada.
Si bien no tiene nada que ver con este artículo, apuesto diez contra uno que ya deben estar clamando para que el Estado nacional no expulse a los extranjeros que causaron desmanes en la Plaza del Congreso.
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