Lamentablemente, en este 2018, cada medición de clima social que hemos realizado dio peor que la anterior. Los datos recolectados en febrero y en junio ya habían sido muy preocupantes. Los de septiembre nos muestran que los ciudadanos de la región metropolitana de Buenos Aires cada día están peor.

Los altos niveles de inseguridades sociales se han convertido en lo usual. Más de la mitad de la población afirma que su situación económica personal es mala o muy mala, que es probable perder el trabajo en el corto plazo y que tuvo que disminuir la porción de comida porque no tiene los ingresos suficientes. Seis de cada diez entrevistados dice no llegar a fin de mes. Realmente un clima muy complejo.

Estos indicadores son aún más dramáticos en el segundo cordón del Conurbano. Allí cerca del 40% dice haber tenido hambre por falta de ingresos. En el sur de este cordón casi el 70% de los entrevistados afirma haber disminuido la cantidad de alimentos que pudo comprar y el 66% dejado de comprar medicamentos. Solo el 3% considera que la situación económica del país es muy buena y, al ser consultado sobre su economía personal, apenas el 6% experimenta una mejoría. Sin dudas, el Conurbano nos debería ocupar y preocupar. Claramente no alcanza con medidas paliativas y placebos publicitarios.

En esta medición, a diferencia de las anteriores, apareció un dato nuevo. El malestar social parece haber alcanzado plenamente a la Ciudad de Buenos Aires. Hace un año apenas el 15% de los porteños afirmaba que su situación económica era mala o muy mala, hoy el 45% lo afirma. En octubre de 2017 menos de la mitad de los entrevistados decía haber cambiado la marca de los productos que compraba; hoy ese grupo supera el 75 por ciento. En apenas tres meses los porteños que consideran probable perder su trabajo pasaron del 36 al 50 por ciento.

No hay margen para mirar para el costado. El malestar es muy alto y ya lleva mucho tiempo así. A simple vista aparecen tres ejes de trabajo urgentes: declarar la emergencia social y alimentaria, restituir poder de compra a los salarios con reapertura de paritarias y resguardar puestos de trabajo con políticas que han demostrado efectividad en el anterior Gobierno como el REPRO. Menos consumo y parar la obra pública es menos trabajo, menos trabajo es más hambre. Desde el poder lamentablemente se propone profundizar el ajuste. Es momento de que los gobiernos nacional, provincial y de la Ciudad dejen de mirar solo a los mercados y se concentren en la producción, el trabajo, mercado interno, el consumo y un Estado presente.

El autor es director CEM.