Hace ya muchos años que las pymes están de moda. Se habla de que hay que protegerlas, darles facilidades e incentivos especiales y por qué no también subsidios específicos en forma de tasas de interés, de reducciones impositivas y sociales, restricciones a la competencia y muchas otras. Actúan aquí el Banco Central como el Poder Ejecutivo a través de sus múltiples organismos y de Ministerios de la Producción, que existen tanto a nivel nacional y provincial.

Toda esta gran actividad estatal a favor de las pymes viene solo a intentar atenuar el daño que el propio Estado les ha generado antes, y no el eventual daño de China, de las importaciones desleales, competencia desleal, extorción de grandes agentes económicos y tantos otros mencionados. Esta actividad no ataca la cuestión de fondo de lo que son los verdaderos problemas de las pymes, y en realidad de todos los agentes económicos y ciudadanos argentinos.

Lo que una pyme realmente necesita es simplemente que la dejen trabajar, tener seguridad jurídica, infraestructura para que puedan movilizarse sus empleados, sus insumos y sus productos, no tener salarios acordados fuera de sus empresas, un sistema impositivo y de control simple, una carga impositiva total sustancialmente menor, menos burocracia y regulaciones, pero por sobre todo lo ya dicho estabilidad y previsión de las variables macroeconómicas.

Quién puede querer trabajar si no sabe si será dueño de sus frutos, hacer inversiones que requieren años para recuperarse en un ambiente macroeconómico como el argentino, con altísima inflación, con un déficit fiscal descomunal, con enorme inestabilidad política, es decir, en un ambiente donde es imposible hacer estimaciones sobre el futuro cercano y lejano. Cuáles serán las variables económicas, cuál será la tasa de interés o el acceso al crédito interno y externo con un competidor desleal como el propio Estado que absorbe casi todo y por ser un incumplidor serial impone costos elevadísimos a toda la economía. Pocos serán los proyectos que por su plazo y su retorno lleguen a materializarse.

En una economía mundial integrada, cómo estimar los tipos de cambio cuando están controlados, cómo actuar en un país sin moneda a causa fundamentalmente de la inflación, cuando esta ha crecido en 13 ceros en los últimos 50 años.

Entonces vemos que el principal, y seguramente los únicos subsidios necesarios que podemos darles a las pymes, y a la comunidad toda, es dejarlas trabajar en libertad, no ahogarlas con cargas exageradas e innecesarias, con un Estado chico, eficiente, enfocado y solvente, que no cambie las reglas de juego ni jurídicas ni económicas, ni las intervenga.

Miramos el mundo y vemos dónde se desarrollan las pymes y dónde no, dónde crecen y pasan a ser grandes corporaciones exitosas internacionales y dónde no, dónde se desarrollan y crean nuevos productos y servicios y dónde no, dónde hay crédito hipotecario y dónde no; y veremos que las reglas básicas mencionadas están presentes.

En Argentina, por el contrario, y con los resultados tanto locales como internacionales fácilmente a la vista, seguimos con las recetas de siempre, cualquiera sea el gobierno de turno, cambiando solo su nombre y los nombres de la gente a cargo, solo atacando lo superficial y nunca lo de fondo, sin planes estratégicos de largo plazo que excedan los periodos presidenciales, y ni hablar electorales más breves aún.

¿Por qué no podemos probar una receta diferente? Y no digo novedosa porque la que hace falta está a la vista cuál debe ser. No tengo respuesta. ¿Por qué un político que quiere su reelección, elije equipos y recetas fracasadas? ¿Qué lo llevará a perder su cargo o su próxima elección? No tengo respuesta.

Todos cometemos errores. Debemos aprender de ellos y saber aceptarlos, saber refrescar la mente y las ideas, ver sus causas y encontrar e implementar nuevas recetas.

El llamado "gradualismo" y sus ejecutores han fracasado completamente, ya está probado que esta receta, que se veía buena y única, no fue tal. Necesitamos algo nuevo. Sin un nuevo equipo no es posible crear e implementar un plan diferente. ¿Tendrá nuestro Presidente otro equipo y la valentía de cambiar al actual? Yo espero y creo que sí, está en su propio interés y de toda la nación. Los liberales siempre estuvimos, siempre estamos y siempre estarán. ¡A sus órdenes!

El autor es presidente del Consejo de Administración de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre. Premio a la Libertad 2007, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.