El movimiento estudiantil, la prensa y el 68 alemán

Andrés Reggiani

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El 2 de junio de 1967 el estudiante de arquitectura Benno Ohnesorg fue asesinado por la policía de Berlín occidental durante una manifestación contra la visita del sha de Irán a esa ciudad. Un año más tarde, el 11 de abril de 1968, un simpatizante ultraderechista disparó contra el líder de la Unión de Estudiantes Socialistas Alemanes (SDS), Rudi Dutschke. Esa misma noche unos dos mil estudiantes marcharon desde la Universidad Técnica (TU) a las oficinas del imperio mediático de Axel Springer, propietario del periódico más popular de la República Federal, Bild-Zeitung —medio que hasta no hace mucho se caracterizaba por sus portadas vulgares y titulares sensacionalistas. Portando pancartas que exigían la expropiación del diario y acusaban a su dueño de ser el instigador del ataque contra Dutschke, los manifestantes intentaron, sin suerte, ingresar al imponente edificio de 19 plantas. Los enfrentamientos con la policía produjeron dos muertos, 400 heridos y varios vehículos incendiados. Protestas similares se produjeron en otras ciudades de Alemania occidental, frente a sedes del Grupo Springer e instituciones vinculadas a los Estados Unidos.

Desde los años 50 el Bild (como se lo conoce popularmente) se había convertido en uno de los principales sostenes de la política anticomunista y pronorteamericana de Alemania occidental, defendiendo la división del país y jugando un papel no menor en mantener al trabajador (principal consumidor de este diario) alejado de toda simpatía revolucionaria o izquierdista. La izquierda estudiantil no estaba sola en su crítica del diario. También medios liberales como Der Spiegel y Die Zeit consideraban al Bild como un "formador de opinión irresponsable". A medida que ganaba fuerza la protesta contra la guerra de Vietnam —conflicto en el cual la República Federal jugaba un papel importante como parte del puente aéreo entre Estados Unidos y el sudeste asiático— a partir de 1966 el Bild intensificó su campaña contra el movimiento estudiantil, acusando a sus miembros alternativamente de "nazis" y terroristas "rojos" (terminología no demasiado alejada del "fascismo de izquierda", acuñada en esa época por un desencantado Habermas), y llamando a las fuerzas del Estado a usar la violencia: "Los estudiantes amenazan, nosotros respondemos tirando", advertía el titular del 5 de junio de 1967.

El enfrentamiento entre el movimiento estudiantil y la prensa hegemónica tuvo como trasfondo la cuestión más espinosa de las leyes sobre el estado de emergencia (Notstandsgesetze). Estas eran una serie de reformas que habilitaban al gobierno a suspender varias garantías constitucionales en caso de amenaza externa. Las implicancias imprevisibles de una legislación que recordaba los "poderes especiales" (Ermächtigungsgesetz) que Hitler había obtenido tras el incendio del Reichstag fueron el primer catalizador de una alarma cívica que halló su primera expresión en los "comités de emergencia de la democracia". La imposibilidad de frenar la aprobación de las leyes usando los mecanismos parlamentarios —dado el acuerdo de los dos principales partidos, CDU y SPD, que desde 1966 cogobernaban en una Gran Coalición— hizo que el rechazo se desplazara fuera del ámbito institucional para concentrase en la autodenominada Oposición Extraparlamentaria (ApO).

El 30 de mayo de 1968 el Bundestag aprobó las leyes sobre el estado de emergencia. Como en otros lugares, esta derrota marcó el inicio de un proceso acelerado de descomposición del movimiento estudiantil. El debate sobre la lucha armada como vía para forzar al Estado burgués a revelar su naturaleza violenta —la "contraviolencia" (Gegengewalt) inspirada en los movimientos de liberación tercermundistas— fracturó irremediablemente a la Nueva Izquierda alemana, lanzando a una minoría a una desastrosa guerrilla urbana. La mayoría optó por resignarse y trabajar desde dentro del sistema. Algunos se acercaron al SPD tras la elección del ex alcalde de Berlín, Willy Brandt, como canciller. Otros que habían militado en el pacifismo y el feminismo sentaron las bases del actual Partido Verde (Grüne).

El movimiento estudiantil alemán nunca logró establecer vínculos políticos con sectores sociales más amplios. Esta fue, quizá, su principal limitación, a diferencia de lo que ocurrió en Estados Unidos. Allí organizaciones integradas por activistas de clase media como el Movimiento para la Libertad de Expresión y los Estudiantes para una Sociedad Democrática confluyeron con la protesta contra la guerra de Vietnam y el Movimiento para los Derechos Civiles, masivo, curtido en la lucha contra la opresión y dirigido por un líder carismático. Algo similar ocurrió en Francia, donde las acciones iniciadas por el Movimiento 22 de Marzo y los varios grupúsculos de izquierda marxista (trotskistas y maoístas), primero, en Nanterre y, luego, en París dejaron de ser un simple "carnaval" (Charles De Gaulle) o "psicodrama" (Raymond Aron) cuando entre 7 y 9 millones de trabajadores —casi dos tercios del total de los asalariados— se lanzaron a la huelga y paralizaron el país, incluso contra las intenciones "dialoguistas" de las principales centrales sindicales.

En Alemania faltó ese magma social más extenso que le diera a la protesta un sentido con el cual pudieran identificarse sectores más amplios. El pasado de autoritarismo y guerra, paradójicamente, terminó jugando en contra del movimiento estudiantil. Porque si, por un lado, la revelación de los vínculos de miembros del gobierno y la élite de Bonn con el nacionalsocialismo pareció confirmar la tesis de las continuidades entre el régimen de Hitler y la República Federal (a través de las relaciones de producción capitalistas o la personalidad autoritaria), por el otro, las formas de protesta y el lenguaje de la crítica del sistema evocaban en una amplia mayoría de los alemanes nacidos antes de la guerra la polarización y la violencia de la República de Weimar. Fue aquí donde la prensa de Springer y el Bild tuvieron un papel importante en el aislamiento de la protesta estudiantil, demonizándola como la personificación excesos y fanatismos ideológicos que habían desgarrado a la nación alemana y cuya amenazaba se mantenía aún latente. Durante la realización del Congreso Vietnam en el aula magna de la TU, el 17 y 18 de febrero de 1968, los estudiantes habían colgado un cartel con la frase del Che: "La tarea de todo revolucionario es hacer la revolución". Puertas fuera, la sociedad vivía según la consigna lanzada por el ex canciller Adenauer en ocasión de las primeras elecciones de la posguerra (1949): "Nada de experimentos".

El autor integra el Departamento de Estudios Históricos y Sociales, Universidad Torcuato Di Tella.

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