
El paro de actividades que hoy se está cumpliendo con un alto acatamiento no va a hacer que el Gobierno disponga un aumento masivo de salarios ni que firme un decreto para evitar que haya más despidos, por ejemplo, de aquí a fin de año.
Aunque genera, según cálculos del ministerio de Hacienda, una pérdida de 1.000 millones de dólares o de 29.000 millones de pesos en la economía real, apenas le servirá a algunos sindicalistas para renovar sus pergaminos o a Hugo Moyano, para enviar un mensaje a los fiscales y los jueces que lo investigan.
Tampoco es verdad que pueda funcionar como una válvula de escape.
En las últimas encuestas cualitativas que mandó a pedir el Gobierno, pero que también encargan dirigentes de la oposición, uno de los datos más relevantes es que luego de la última devaluación el sentimiento que prevalece entre los argentinos no es tanto el enojo contra la administración, sino el miedo.
En efecto, si la primera corrida coincidió con el récord de caída de la imagen del Presidente y del propio Gobierno, lo que ahora estaría pasando es que se estaría empezando a valorar a Macri como un aceptable piloto de tormentas.
Este fenómeno sería la explicación para entender por qué la imagen del Presidente subió 2 puntos, a pesar de todo. O por qué bajó la de Cristina Fernández, en la misma proporción. La consideración tendría menos que ver con la pericia del Presidente que con el temor a que se repita una nueva devaluación.
Por encima de este paro, las paritarias son libres y la mayoría de los gremios organizados ya están negociando la revisión de los últimos aumentos de salarios. Los que más sufren hoy son los cuentapropistas y los changarines, quienes dependen de su propia fuerza para llevar un poco más de dinero a casa.
Así como el préstamo del Fondo y la recategorización de la Argentina de país de frontera a emergente no va a hacer crecer la economía de la noche a la mañana, un paro de actividades, en el medio del mundial, parece una medida más dirigida a la interna que a la obtención de un objetivo altruista y de defensa de los trabajadores.
De acá a fin de año, la cosa sí se va a poner más difícil todavía. Si no baja cuánto antes el nivel de las tasas de interés y el consumo no empieza a subir, aunque sea lentamente, los efectos más contundentes se van a sentir en el nivel de ocupación, porque las pymes van a empezar a despedir trabajadores, o a no renovar los puestos de los empleados que se jubilan o se van.
El paro también servirá para estirar unas horas más el descanso previo antes del partido contra Nigeria, que, por cierto, es lo que parece mantener en vilo a la gran mayoría de la gente.
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