
El cliente entra a un Mc Donald's y pide un café. Acto seguido, le pregunta a la joven camarera cuál es su nombre. Con visible desconfianza, le responde: "¿Por qué usted quiere saberlo". El hombre, sonriendo, le dice: "Porque no alcanzo a leerlo en el pin identificador que lleva en la camisa".
La situación es por un lado risible. Pero, por otro, resulta alarmante pues muestra hasta el ridículo la ausencia de confianza interpersonal, donde el prójimo se encuentra bajo sospecha permanente.
Según la Corporación Latinobarómetro, América Latina es la región más desconfiada del mundo. En la medición correspondiente al año pasado, la confianza interpersonal en Latinoamérica ha llegado al punto más bajo en los últimos 20 años. En materia de confianza interpersonal, nuestro país sólo tiene un índice del 20 por ciento. El hecho es lamentable puesto que en 1996, el país tenía un ratio del 23 por ciento.
A nivel global, vale mirar a los países escandinavos, donde los niveles de confianza rondan el 60 por ciento.
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Esta diferencia entre nuestro país y los del norte de Europa sugiere, como causas de la baja confianza, la desigualdad social, la pobreza en términos de asociacionismo cívico y la percepción de que no hay valores compartidos y de que la sociedad se halla baja una grave falta de seguridad.
Quien trabaja en una comunidad donde hay confianza, valores, redes y aspectos similares, el resultado tiende a ser más efectivo que el trabajo realizado dentro de una comunidad donde no existen tales factores. Robert Putnan, en su libro "Para hacer que la democracia funcione", establece su acotación más citada de capital social: "El capital social se refiere a las características de organización social, tales como la confianza, las normas y redes, que pueden mejorar la eficiencia de la sociedad mediante la facilitación de las acciones coordinadas."
La confianza es el aspecto central del capital social. Dado que para ciertas tradiciones, la confianza es un concepto sin relevancia sociológica, acotada al orden emocional de las personas, vale destacar sus implicancias para la forma en que se generan socialmente las relaciones y los intercambios. Ella los facilita, con un costo de transacción menor. Estabiliza vínculos en los negocios. Lo hace porque permite estimar el comportamiento de los otros; y hace más previsible la conducta de los demás.
Para ser tal, la confianza requiere reciprocidad entre partes. Se trata de un delicado balance. Hay un vínculo estrecho entre normas de reciprocidad y confianza. La reciprocidad es la base de la confianza y ésta, a su vez, genera fiabilidad, entorno donde las interacciones se hacen ágiles.
El capital social se crea cuando existen relaciones entre personas; y es menos tangible que el capital humano. Al igual que otras formas de capital, no es homogéneo. Puede manifestarse de maneras muy distintas dependiendo de la región considerada y las reglas imperantes. Su acumulación proporciona beneficios directos a nivel personal en forma de mejora de la productividad y de mayores ingresos, pero tiene también un efecto en la sociedad en general.
Es por ello que la confianza es resorte fundamental para la creación de valor.
Tomemos la ruta hacia el campo y veamos otro caso. El cliente, desconocido en el pueblo, ingresa al almacén de ramos generales "La Estrella". Lo atiende la hija del dueño y cuando éste le pregunta su nombre, no sólo le responde, sino que también le explica la razón que tuvieron sus padres para denominarla Susana.
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El ejemplo es totalmente distinto al del inicio de esta nota. La diferencia yace en el ámbito institucional donde se desarrolla el acto. En el primero, el ámbito es urbano y en el segundo transcurre en la zona rural, donde la gente coopera sobre la base de la confianza porque, fundamentalmente, existe seguridad.
Resulta común que quienes operan en la actividad agrícola, estén coordinados tanto horizontalmente como verticalmente, formando redes basadas en la confianza. Ello explica en gran parte la razón por la que la agricultura argentina –pese a su larga historia de políticas negativas- es modelo a nivel mundial.
El asociacionismo y la coordinación se han convertido en una seña de identidad del agro a través de un amplio espectro de vínculos, en gran parte, informales.
(*) Manuel Alvarado Ledesma es Economista. Profesor de la Maestría de Agronegocios de la UCEMA
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