(Reuters)
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La República Popular China (RPC) y el Vaticano están muy cerca de concretar un acuerdo histórico, cuya significación excede el aspecto religioso y tendrá fuertes implicancias geopolíticas. El papa Francisco está a punto de lograr el restablecimiento o, cuanto menos, una normalización de las relaciones entre ambos Estados, rotas desde 1951.

La historia del catolicismo en China es tan remota como fascinante. Un primer antecedente de cristianos en China habría sido un grupo de herejes nestorianos, ingresados en el siglo VII por la mítica ruta de la seda. Pero fueron los misioneros jesuitas, con la extraordinaria figura del sacerdote italiano Matteo Ricci (1552-1610), quienes afianzaron y acercaron el catolicismo a las más altas esferas del Imperio del centro. Adelantado para su tiempo, Ricci asimiló la lengua y las costumbres chinas, algo que por entonces era visto con recelo por la Santa Sede.

Tras la finalización de la guerra civil y la instauración de la RPC, en 1949, el nuevo gobierno comunista liderado por Mao Zedong decidió nombrar a sus propios obispos, al no reconocerse ninguna autoridad, interna o externa, por encima del Partido Comunista de China (PCC). Además, se decretó que todas las religiones legales debían autofinanciarse, autopromocionarse y autogobernarse.

El Vaticano, que desde fines del siglo XIX consideraba al comunismo como una ideología opuesta al catolicismo y que había que combatir, pasó formalmente a establecer relaciones con la isla de Taiwán. Esta se había convertido en el refugio de los derrotados nacionalistas, comandados por el general Chiang Kai-shek. Por aquel entonces, el grueso de los católicos chinos emigró a Taiwán.

Desde la ruptura de las relaciones, en la RPC pasaron a coexistir dos redes eclesiásticas: la Asociación Católica Patriótica, legal y controlada por el PCC; y la red leal al Vaticano, que desconoce la autoridad del PCC en materia religiosa. Los leales al Vaticano practican el catolicismo en la clandestinidad.

En el año 2011 se produjo en Francia el primer intento de acercamiento concreto entre la RPC y el Vaticano. Pese al buen clima entre ambas delegaciones, no se llegó a prácticamente nada. Siguió primando la desconfianza entre ambas partes y no hubo avances en el crítico tema del nombramiento de los obispos.

Con la proclamación de Francisco, en 2012, hubo un relanzamiento de las negociaciones. Pese a la relativa escasa cantidad de fieles en la región, el Vaticano es consciente de la emergencia geopolítica de Asia, con China como su epicentro. Como buen jesuita, Francisco parece dispuesto a superar las barreras ideológicas y políticas para normalizar y expandir el catolicismo en China.

En 2014, Francisco se convirtió en el primer Papa autorizado a sobrevolar el espacio aéreo chino, camino a Corea del Sur. Posibilidad que había sido denegada a sus antecesores, como Juan Pablo II, en 1995. Francisco aprovechó la ocasión para hacer un rezo por los fieles chinos y enviar un telegrama al actual presidente, Xi Jinping. Desde entonces, el diálogo se aceleró y profundizó.

El anhelo por la normalización de relaciones que siempre parecieron imposibles estaría cerca de llegar a buen puerto. El Vaticano confirmó que un acuerdo marco sobre la designación de obispos está listo para ser firmado en los próximos meses. Un reciente editorial del diario oficial chino Global Times celebró las negociaciones y elogió la postura dialoguista del Vaticano.

Resta ver qué sucederá con la compleja cuestión referida al principio de "una sola China" que el PCC sostiene de manera innegociable. El Vaticano es el único Estado europeo que mantiene relaciones formales con el gobierno de Taiwán. Se supone que un acuerdo implicaría la condición de ruptura con Taiwán, aunque es probable que se avance en alguna solución diplomática intermedia.

Se estima que hay tan solo unos diez millones de católicos en China, menos del 1% de la población. La mayor parte se encuentran en las provincias de Hebei, Sichuan y Zhejiang. Alrededor de un millón habitan en Taiwán y un importante grupo lo hace en las regiones administrativas especiales de Macao y Hong Kong, donde justamente se encuentran los focos más contestatarios contra el PCC. Lo interesante es que los protestantes evangélicos estarían triplicando a los católicos, siendo una de las corrientes religiosas de mayor crecimiento en China, país donde, cabe remarcar, todas las religiones se están expandiendo.

Obviamente, no todos los católicos de China están felices con el inminente acuerdo entre la RPC y el Vaticano. Tal es así que Francisco comenzó a ser llamado el "Papa rojo" por estos sectores. Una de las principales voces opositoras es la del carismático cardenal Joseph Zen, ex obispo de Hong Kong, de 86 años. En una reciente entrevista ha dicho que se siente "traicionado" por el Vaticano, al cual acusó de estar "vendiendo" la comunidad católica en China.

Es evidente que Zen, al igual que otros obispos ultraconservadores que están en contra de acordar con el PCC, fueron sorprendidos por el pragmatismo del jesuita Francisco. Un Papa tan polémico como revolucionario, determinado a concretar con China uno de los hitos más trascendentes de la histórica del catolicismo.

El autor es magíster en Políticas Públicas (Flacso) y Master of China Studies (Zhejiang University). Miembro del comité de Asuntos Asiáticos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Docente universitario (UCA) y director de Diagnóstico Político.