
La crisis de la península de Corea parece desarrollarse en varios universos paralelos. Por un lado los líderes de Corea del Norte y Estados Unidos se abocan con energía a una retórica infantil de mutua amenaza, que resulta en extremo peligrosa. En el primer día del año, Kim Jong-un fue claro en indicar que el botón nuclear está siempre alcance de su mano en su escritorio, aunque sólo sería usado con carácter defensivo. La respuesta de Trump no se hizo esperar, a través de Twitter, manifestando que él también tiene un botón nuclear, pero mucho más grande y poderoso… y que funciona!
Mientras se producen estos intercambios retóricos, el programa nuclear y misilístico de Corea del Norte avanza con más prisa que pausa hacia su mayor objetivo, que es tener la capacidad efectiva de alcanzar el territorio continental de los Estados Unidos. Esto sin dudas se logrará plenamente durante el corriente año.
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Sin embargo -y afortunadamente- en paralelo afloran sensatos gestos de acercamiento de otros líderes para intentar evitar por todos los medios un enfrentamiento convencional o nuclear, que sería una tragedia con potenciales consecuencias nefastas no sólo para la región sino para el mundo entero. En ese sentido se inscribe la voluntad del presidente de Corea del Sur Moon Jae-in de lograr la participación del equipo de sus vecinos del norte en los Juegos Olímpicos de Invierno, que tendrán lugar en Pyeonchang entre el 9 y el 25 de febrero. Esta posibilidad fue recibida con beneplácito por el régimen de Kim, abriéndose así la puerta a conversaciones entre ambas Coreas, que serían las primeras luego de dos años sin el menor contacto. Este intento podría ser el primer paso para una mayor distensión, con repercusiones positivas en el mejoramiento del conflicto vía negociación. El punto es que es muy dudoso que Estados Unidos esté dispuesto a formar parte de esta imprescindible distensión.
Sucede que para tal negociación existe una brecha insalvable, ya que Estados Unidos por el momento no acepta bajo ninguna circunstancia una Corea del Norte poseedora de armas nucleares. La realidad es que el régimen de los Kim ha invertido mucho y por muchos años en su programa de armas nucleares, a expensas del bienestar de su pueblo y bajo ninguna circunstancia estaría dispuesto a renunciar a su arsenal que es mantenido con el objetivo de disuasión y considera vital para su supervivencia.
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Este dilema ha transformado a la crisis en la península de Corea en el más peligroso factor de inseguridad global. En este contexto de gran peligrosidad, no ayuda la actual guerra de exabruptos verbales que puede traer aparejadas tensiones que aceleren el conflicto hasta llegar a una confrontación bélica inmanejable.
Como están planteadas las cosas, hoy día ambos líderes disponen entre sus resortes de poder la posibilidad de apretar sus botones nucleares.
Sin embargo, a diferencia de lo que menciona Trump en su tuit, el tamaño de ese botón no se relaciona en la práctica con el tamaño del arsenal nuclear de cada país (1.740 ojivas nucleares listas para su uso en el caso de Estados Unidos y muchas más en reserva, comparadas con unas pocas decenas en Corea del Norte). Siendo realistas, el tamaño del botón nuclear se mide en términos de los condicionamientos explícitos e implícitos de ambos mandatarios para tomar la decisión de usar un arma nuclear, y ahí la potestad absoluta de Kim Jong-un lleva lejos la de ganar.
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Mientras tanto, en los Estados Unidos y reflejando la honda preocupación por los procederes de Trump, considerados por muchos como mala praxis gubernamental, existe una corriente interna que impulsa la aprobación legislativa de un proyecto presentado por los demócratas Ted Lieu (Cámara baja) y Edward J. Markey (Senado) para anular la actual potestad del presidente para iniciar un ataque nuclear, sin una declaración de guerra previa por parte del Congreso. Sea aprobada o no esa ley, es importante tener en cuenta que el sistema democrático y la opinión pública estadounidenses cuentan a la hora de la toma de una decisión de tal envergadura, cosa que no sucede en el régimen autoritario de Corea del Norte.
El caso es que los estrategas han arribado a la conclusión que toda acción militar preventiva o punitiva hacia el régimen de Corea del Norte tendría un altísimo costo en vidas propias y ajenas, dada la especial situación geopolítica de la zona. Y también, que un primer ataque por parte de Corea del Norte, a su vecina Corea del Sur o a Estados Unidos culminaría lisa y llanamente con su desaparición.
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Esto lleva a reflexionar que en realidad nadie tiene el botón nuclear más grande y poderoso para iniciar una guerra en la que todos pierden. También, que la comunidad internacional debe seguir intentando acciones y gestos tendientes, cuanto menos, a que ninguno de esos dos botones sea nunca apretado.
La autora es Presidente de la Fundación NPSGlobal. En Twitter: @irmaar
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