Que vivimos en un mundo inundado de datos es, hoy en día, un lugar común. Prácticamente no hay semana en la que un artículo de un diario o una revista no nos abrumen con las enormes cifras de los datos que existen en el mundo o los que se crean diariamente. Más allá de esos números, que por lo desmesurados ya son inimaginables, persiste el hecho evidente de que la cantidad y la variedad de los datos disponibles han crecido muchísimo en los últimos años. Y que las organizaciones, en muchos casos, no saben qué hacer con ellos.

El término Big Data alude precisamente a este fenómeno. Big Data significa todos los datos, en todas sus formas, que incluyen no sólo los datos tradicionales sino también correos electrónicos, comentarios en redes sociales, fotos, audio y video, datos de instrumentos y sensores, y hasta el tono emocional de una comunicación verbal o escrita. Pero Big Data es más: también incluye el variado conjunto de tecnologías que permiten analizar esos datos.

Uno podría preguntarse: ¿por qué es necesario analizar los datos? La respuesta es que, en muchos de ellos se oculta un conocimiento de enorme valor. El análisis permite justamente extraer ese conocimiento y ayudar, de ese modo, a tomar mejores decisiones e, inclusive, a transformar las organizaciones e incursionar en nuevos modelos de negocio.

Un par de casos pueden servir para ilustrar el concepto: para una compañía de tarjetas de crédito, por ejemplo, podría ser muy valioso conocer las rutas que habitualmente siguen sus clientes, los lugares que habitualmente frecuentan. ¿Por qué? Porque esto le permitiría hacerle a cada cliente ofertas personalizadas en el lugar y el momento justos, incrementando de ese modo las ventas. Las facilidades de geolocalización que hoy en día proveen los celulares hacen posible una aplicación de esta índole.

Otro caso: una empresa de telefonía celular podría analizar en tiempo real la navegación de sus clientes por internet. Esto le permitiría, por ejemplo, saber cuándo uno de ellos ingresa al sitio web de un competidor, y tomar las acciones correspondientes para mitigar el riesgo de que el cliente deje la compañía.

El análisis de los datos para obtener de ellos un conocimiento valioso no es una tarea sencilla y, sobre todo, requiere una combinación de capacidades que no es tan frecuente. El perfil de un analista de este tipo incluye ciertamente un muy buen conocimiento de las técnicas de manejo de grandes volúmenes de datos y de estadística aplicada. Pero, por otro lado, también incluye un entendimiento profundo de los modelos de negocio y una gran capacidad comunicacional y de liderazgo.

Creemos firmemente que el análisis de grandes volúmenes de datos constituye una herramienta esencial para la gestión del conocimiento, la transformación digital y la innovación de las organizaciones, y tenemos fundadas esperanzas de que esta nueva licenciatura sea un aporte fundamental para la adopción de estas tecnologías en nuestro país.

El autor es director adjunto del Departamento de Ingeniería Informática (ITBA).