Un rompecabezas llamado PASO

El resultado de las PASO del 13 de agosto entrega un mensaje claro: buena parte de la sociedad elige la propuesta del macrismo como proyecto para la Argentina

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La elección del domingo, más allá de cumplir en forma limitada la función original de las primarias, es decir, seleccionar candidatos de las diversas fuerzas políticas para las generales, muestra resultados que funcionan como un rompecabezas, e induce una reorganización del sistema político argentino que tendrá consecuencias en el corto y mediano plazo. Los complejos resultados de las elecciones primarias deberán ser analizados con mucho detenimiento, porque las correlaciones de fuerza han cambiado en términos simbólicos y pueden profundizarse en términos prácticos en las generales de octubre.

Las principales referencias que entregan las urnas son el fortalecimiento de Cambiemos como estructura política a nivel nacional y, a nivel local, un cuestionamiento al peronismo en provincias donde la fuerza política creada por el general Perón mantenía una hegemonía indiscutible como San Luis, La Pampa, Córdoba o la misma Santa Cruz. Estos elementos son, en primera instancia, la finalización de las elecciones de 2015, cuando se discutía si había ganado Mauricio Macri o perdido Daniel Scioli, fruto de las desavenencias al interior del Frente para la Victoria. El resultado de las PASO del 13 de agosto entrega un mensaje claro: buena parte de la sociedad elige la propuesta del macrismo como proyecto para la Argentina.

Si bien algunos podrán argumentar que el casi 36% obtenido a nivel nacional por la alianza Cambiemos es fruto del marketing electoral, se podrá también sostener que estos valores fueron obtenidos casi a pesar de la campaña electoral realizada, donde la contendiente más fuerte, Elisa Carrió, fue a sostener el distrito de la Ciudad de Buenos Aires ante el temor del posible desempeño de un candidato que sacó el 13% de los votos, y que el primer candidato a senador de la provincia más compleja del país, Esteban Bullrich, hizo contener la respiración de María Eugenia Vidal con una serie de expresiones cuanto menos polémicas, obligándola a poner en juego todo su capital político en un plebiscito que resulto inéditamente igualado con Cristina Fernández de Kirchner.

Debe señalarse que el extraño método de conteo aplicado en Buenos Aires llevó a que si el mismo resultado se hubiese presentado a las 23 horas, habría significado una derrota para Cristina, quien esperaba un triunfo inapelable, pero a las 4 de la madrugada se transformó en una victoria épica del kirchnerismo, que dio lugar además a airosos reclamos por manipulación de los resultados electorales.

Además del dislate en la presentación de los resultados bonaerenses, se pudo observar, quizás por ansias de protagonismo, nuevamente una mezcla entre partido y Estado, tal como era habitual en el kirchnerismo. Se entiende que la comparecencia ante la prensa y los partidarios debe ser de los candidatos, cuando en cambio ese papel lo llevan adelante los altos funcionarios del Estado, que organizan las elecciones, la calidad del sistema democrático se degrada.

Más allá de esto, tanto hacia octubre, pero centralmente con un ojo puesto en 2019, los gobernadores peronistas tendrán que replantear su juego y su posicionamiento, ya sea para plegarse a Cambiemos o reorganizar un partido con representación nacional, bajo la pena de quedar borrado del mapa electoral. En este sentido, la elección del domingo 13 de agosto se parece mucho a la de 1983, cuando el peronismo queda herido de muerte ante el triunfo de Raúl Alfonsín, y necesitó cuatro años para reincorporarse, primero de la mano de la Renovación y luego de Carlos Menem, irónicamente ganador en La Rioja pero con una candidatura precaria. Por supuesto, cabe interrogarse por el papel de la ex Presidente en dicho proceso, si actuará como facilitadora, buscará obstaculizarlo, o si simplemente levantará sus petates para formar su propia organización política como hizo para estas primarias.

El Gobierno nacional tiene ahora una disyuntiva de acero: si va extender la campaña hasta octubre, lo que supone poner en suspenso su programa de gobierno o si, por el contrario, interpreta que la sociedad le ha dado su aval para comenzar en forma perentoria a desarrollar las tres reformas que planea llevar adelante: la previsional, la impositiva y sobre todo la laboral, que, más allá de los resultados electorales, encontrará fuerte resistencia en los sindicatos y las diversas fuerzas políticas.