Amadeo Jacques
Amadeo Jacques

Amadeo Jacques ingresó a las páginas de nuestra historia por sus grandes méritos personales e intelectuales, pero también por la pluma grácil de Miguel Cané que en su célebre obra Juvenilia lo retrató de manera excepcional valorando como a nadie sus dotes de Profesor; con mayúsculas.

Proveniente de Francia, Jacques tuvo que abandonar su patria cuando Napoleón III dio un golpe de Estado abatiendo la República gestada en la revolución de 1848. Ex patriado, pasó primero por Uruguay, luego por Tucumán hasta que recaló en el Colegio Nacional Buenos Aires del cual sería su más célebre profesor, además de rector. Allí lo conoció Cané cuando internado por su madre completó sus estudios secundarios y atravesó su adolescencia. Etapa decisiva en la vida de los hombres.

Tan fuerte era el impacto y la conmoción que Jacques provocaba en sus alumnos que ha quedado en la historia escolar argentina como la figura señera de la pedagogía criolla, claro controvertida y políticamente incorrecta. Como controvertida es la figura del Profesor Merli, en la Cataluña moderna, en la interesante serie que Netflix ofrece desde hace dos años en trece capítulos imperdibles, bajo el mismo nombre.

De Jacques decía Cané: no era un espíritu frío ni estéril para la acción, oía los ruidos del mundo. Era la contracara del intelectual negado a la realidad. Continúa Cané: "Jacques llegaba indefectiblemente al Colegio a las nueve de la mañana; averiguaba si había faltado algún profesor, y en caso afirmativo, iba a la clase preguntaba en qué punto del programa nos encontrábamos, pasaba la mano por su vasta frente como para refrescar la memoria, y en seguida, sin vacilación nos daba una explicación de química, de física, de matemática, aritmética, algebra, retórica, historia, literatura, hasta latín. Debe estar fija en la memoria de mis compañeros aquella admirable conferencia sobre la composición del aire atmosférico. Hablaba hacía una hora, y ¡fenómeno inaudito en los fastos del Colegio! al sonar la campana de salida, uno de los alumnos se dirigió, arrastrándose hasta la puerta, la cerró para que no entrara el sonido, y por medio de esta estratagema tuvimos media hora más de clase. Había venido de buen humor ese día, y su palabra salía fácil, elegante y luminosa. Adorábamos a Jacques, a pesar de su carácter; jamás faltábamos a sus clases, y nuestro orgullo mayor, que ha persistido hasta hoy es llamarnos sus discípulos". Ningún alumno le era indiferente. Y se lo hacía notar, muchas veces a los puñetazos, pedagogía ruda de aquellos años que, sin embargo, solo a él le permitían. En síntesis, Amadeo Jacques daba clase, no faltaba, sus alumnos gustaban de escucharlo por su estilo fervoroso y pasional. Nada le era indiferente ni ajeno. Su carácter era una rara mezcla de áspera calidez.

El profesor Merlí, de la serie de Netflix
El profesor Merlí, de la serie de Netflix

En la actual serie catalana Merlí no se parece a Jacques. Ciento treinta años hacen la diferencia. Pero ciertamente da clases, no falta nunca y concita la atención de sus alumnos. Cada uno en su época cubre los aspectos centrales del proceso de enseñanza-aprendizaje. En Merlí lo interesante no está tanto en el desarrollo de los temas, es profesor de filosofía y cada capítulo está dedicado a un pensador, tan solo, como disparador central del desarrollo argumental que vendrá. No pretenda el espectador saber filosofía luego de ver los trece capítulos. Lo importante es lo que vendrá en orden al vínculo docente-alumno y como sobre la base de esa relación de respecto, valoración y cuidado, el saber se hace carne en los adolescentes. No hay dudas que Merlí comete errores propios de su personalidad muchas veces desbordada. No vale la pena hablar de ellos. Son evidentes ¡Al fin y al cabo! ¿quién no los comete? Pero hay algo fundamental en este docente de alma, intuitivo y humano y es la seguridad y la contención que brinda a los jóvenes en estos tiempos de violencia y autodestrucción. Sin bajar línea, sin ser cómplice, sin ser amigo de los jóvenes, aspecto que señala en reiteradas oportunidades, los adolescentes encuentran en él a un adulto en quien confiar y descansar. Merlí es solitario y entra en constante tensión con el cuerpo docente. Hay debates interesantes que los que hemos fatigado las salas de profesores conocemos de memoria. ¿Estereotipados? puede ser, pero más como una necesidad de tensión dramática propia de toda obra teatral o cinematográfica que por la realidad escolar cotidiana.

Otro costado del Profesor Merlí que merece ser rescatado es el conocimiento y la intuición para percibir problemas en sus alumnos. A Merlí y a todos los Merlís que hay en el mundo ¿les podría haber pasado la tragedia de Carmen de Patagones, el crimen acometido por Javier Romero descalificado por sus compañeros como "Pan Triste", ocurrido hace más de quince años en Rafael Calzada, la tragedia de Columbine, o los hechos de violencia, discriminación y aislamiento que se vive cotidianamente en gran parte de las escuelas? Pienso que no. Enseñar, conducir, contener, comprender, premiar y sancionar son los componentes centrales, ineludibles e inexorables, del proceso educativo.

Amadeo Jacques y Merlí, más allá de sus diferencias en el tiempo y seguramente en su personalidad, han hecho de la vocación docente un arte.