Cincuenta años de historia

Juan Francisco Baroffio

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Este año, la revista Todo es Historia, fundada en mayo de 1967 por Félix Luna, cumplirá su 50° aniversario. Número nada despreciable para una publicación argentina, teniendo en cuenta los altibajos constantes de la economía y los humores sociales tan cambiantes y caprichosos. Es una revista que, desde la perspectiva histórica, ha acompañado el camino de esta patria. Porque Todo es Historia es más que una indagación teórica sobre el pasado. Es una constante reflexión sobre el devenir de un país y de una nación. A diferencia de lo que acostumbramos por vicio, Todo es Historia no tiene una línea política determinada que aplauda o censure las visiones del pasado.

La revista fue fundada con una premisa clara: defender la libertad. En una entrevista de 1977, su fundador explica los motivos que lo llevaron a crear la publicación: "El gobierno (dictadura de Onganía), había prohibido la actividad política. Aunque esta medida fuera de relativa eficacia, era evidente que durante un tiempo mucha gente no tendría cauces para sus preocupaciones políticas. ¿Qué era, entonces, lo más aproximado a la política? La historia". Desde entonces, y con ese norte fundacional, la revista ha publicado a autores de la más amplia gama: ignotos y renombrados, académicos y divulgadores, de un bando y del otro. Aun en los momentos más oscuros de la violencia política.

Revisionistas, conservadores, liberales, peronistas, radicales, católicos, judíos, ateos y demás, se han dado cita y se han encontrado, a veces entre chispazos, en una revista que se abrió camino en el corazón y la conciencia de los argentinos. En mi caso particular, por azar, cuando apenas era un niño de 12 años que descubría la historia patria fuera de la escuela, llegó a mis manos un número de Todo es Historia. Desde ese día y hasta el presente he sido un lector fiel y voraz de la publicación. Ante mí abrió un sinfín de temas y opiniones que el devenir de la vida me hizo poder apreciar, matizar y criticar. En determinado momento, y cuando la investigación histórica se había convertido en otra pasión junto a la literaria, soñé con publicar en la revista que me había acompañado durante años. La generosidad de sus actuales editora y directora Felicitas Luna y María Sáenz Quesada, abrieron las puertas para concretar el sueño de un joven. No fui al único al que se las abrieron con generosidad y afecto, y al que aconsejaron al esgrimir las primeras armas de la ciencia histórica. Con mis colaboraciones en Todo es Historia, crecí y me enorgullece sentirme parte (ínfima) de su historia.

Ese espíritu de apertura, diálogo y sincera convicción de que la libertad de expresión es el norte de la democracia y la república ha sido una construcción que Félix Luna encaró y sufrió en carne propia. Luna, siendo un joven radical por convicción y familia (Pelagio Luna fue su tío), fue torturado durante el primer gobierno de Perón en represalia a su militancia. Pero donde otros miembros de la UCR buscaron revancha y llegaron hasta el extremo de alentar gobiernos de facto, Félix Luna se dedicó a ser un misionero de la libertad por la que había sufrido. Sin odios, sin revanchas, en su revista nunca se negó espacio a los que reivindicaban al gobierno que lo había torturado o al presidente Perón. Hoy, Felicitas Luna y María Sáenz Quesada, sus herederas espirituales, junto a todo el equipo de la revista, continúan por el camino trazado por el historiador.

Borges escribió en Elegía: "no hay un acto o un sueño, / que no proyecte una sombra infinita". Ese sueño y ese acto de Félix Luna, historiador, escritor, poeta, periodista, músico, abogado e intelectual, nos ayudará a los argentinos a encarar el futuro con nuevas esperanzas y renovada fe en el diálogo, la concordia y la libertad. La vida y la obra de Félix Luna y su revista Todo es Historia son un buen ejemplo de cómo tender puentes sobre la brecha.

 

El autor es escritor, historiador y director de seminarios del Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios.