Culto a la personalidad y apropiación de la historia: cómo Ortega y Murillo convirtieron a Nicaragua en escaparate de su poder

Bustos de veinte metros, retratos en fachadas estatales y más de doscientas estructuras metálicas iluminadas configuran un paisaje que los analistas vinculan a las estrategias clásicas de legitimación de los regímenes autoritarios

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Gigantescos árboles metálicos y figuras monumentales de Fidel Castro, Carlos Fonseca, Hugo Chávez y Augusto C. Sandino, entre otras, se encuentran en las avenidas de Managua
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Si usted es un turista que llega a Managua, pronto descubrirá una ciudad erizada de monumentos gigantescos. Bajando hacia el lago, encontrará enormes árboles metálicos de colores, un busto descomunal de Hugo Chávez y una figura de Fidel Castro que alcanza los veinte metros de altura.

A la par, en el antiguo centro de la capital, verá estrellas monumentales, estelas dedicadas a los héroes del sandinismo y plazas convertidas en escenarios de propaganda política. Desde una loma, una gran silueta metálica de Sandino observará su recorrido.

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Al pasar cerca de la Catedral Metropolitana, se encontrará con los enormes rostros de Daniel Ortega y Rosario Murillo estampados en la sede de la Dirección General de Ingresos. Por todas partes aparecen corazones, banderas rojinegras y estructuras metálicas iluminadas. En esta Managua remodelada al gusto de sus dictadores, los símbolos del poder se multiplican y compiten en tamaño, altura y extravagancia.

Desde su regreso al poder en enero de 2007, Daniel Ortega y Rosario Murillo han desarrollado una particular afición por las construcciones monumentales. Árboles metálicos iluminados, enormes retratos de dirigentes políticos, bustos gigantes, murales con los rostros de los gobernantes y plazas transformadas en escenarios de celebraciones partidarias forman parte de un paisaje urbano que el oficialismo ha construido principalmente en Managua.

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Obsesiones de las dictaduras

El fenómeno tiene antecedentes en regímenes autoritarios de ideologías diferentes. La Unión Soviética de Stalin, la China de Mao Zedong y la Alemania nazi utilizaron imágenes monumentales, arquitectura ceremonial y representaciones de sus dirigentes para proyectar autoridad y construir relatos oficiales.

Para el sociólogo Juan Carlos Gutiérrez, la acumulación de imágenes y estructuras forma parte de propaganda, culto a la personalidad y urbanismo. “Al final, lo que esa operación busca es ocupar el espacio visible para compensar lo que ya no existe en el plano político”, sostiene. La proliferación de monumentos, según su análisis, sirve también para exhibir la capacidad del régimen de decidir qué se instala en las calles y qué símbolos deben acompañar la vida cotidiana.

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Este sábado se inaugurará el monumento al fundador del Frente Sandinista, Carlos Fonseca Amador (Foto cortesía)

La más reciente demostración de esta política monumental fue anunciada el 3 de noviembre de 2026. Rosario Murillo informó que la Empresa Nacional de Transmisión Eléctrica (Enatrel) trabaja en nuevos monumentos dedicados a Carlos Fonseca Amador, fundador del FSLN, para conmemorar el cincuentenario de su muerte, ocurrida el 8 de noviembre de 1976. Las inauguraciones fueron programadas para el sábado 7 de noviembre, en Managua y Matagalpa.

Murillo explicó que Enatrel desarrolla los trabajos para honrar a los personajes que el oficialismo considera héroes nacionales. En su intervención, reproducida por los medios oficialistas declaró: “En Energía informamos con orgullo del trabajo que desarrolla Enatrel en los hermosos monumentos que estamos instalando para honrar a quienes merecen honor y gloria grandemente: los héroes de la patria”.

Enatrel, la empresa estatal cuya función principal está vinculada a la transmisión eléctrica, también se ha convertido en ejecutora de monumentos, estructuras decorativas e instalaciones de iluminación promovidas por Murillo.

Gutiérrez observa una contradicción en el homenaje a Fonseca: “Se levantan monumentos a Carlos Fonseca mientras desaparece la estructura política colectiva que él contribuyó a fundar”. Recuerda que el FSLN tuvo una dirección colegiada de nueve comandantes y llegó a ser un partido de masas. Ahora, sostiene, “está vaciado y subordinado a una pareja que concentra el poder”.

En agosto de 2026, Enatrel participó en la instalación de una gigantesca figura de Fidel Castro en la Avenida de Bolívar a Chávez, en Managua. La estructura, de aproximadamente 20 metros de altura, fue levantada para conmemorar el centenario del nacimiento del gobernante cubano, el 13 de agosto de 1926. El costo no fue divulgado.

Poco después, Murillo anunció otra figura metálica de Castro en la Loma de Tiscapa, donde se encuentra la conocida silueta de Augusto C. Sandino. El proyecto contemplaba dos estructuras de unos 20 metros, iluminadas durante la noche.

El sociólogo considera que esas imágenes funcionan como credenciales de un internacionalismo revolucionario debilitado por el aislamiento del régimen. A su juicio, el oficialismo intenta presentar a Fonseca como fundador, a Castro como referente internacional y a Ortega como continuidad de ambos. “Creo que incluso están preparando el camino para incorporar a Daniel Ortega a esa misma galería después de su muerte”, afirma.

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Unos 200 árboles metálicos de entre 15 y 21 metros de altura han sido levantados en toda Nicaragua como amuletos esotéricos de Rosario Murillo (Foto archivo)

Árboles del poder

Mucho antes de los nuevos homenajes a Castro y Fonseca, Rosario Murillo había comenzado a llenar Managua con sus llamados Árboles de la Vida. Las estructuras metálicas de colores, iluminadas con miles de bombillos LED, aparecieron masivamente a partir de 2013. Fueron instaladas en rotondas, avenidas, plazas y otros espacios públicos, hasta convertirse en una de las señas visuales más reconocibles del régimen.

Para 2017 se habían contabilizado aproximadamente 140 estructuras. El diario La Prensa calculó entonces que la inversión inicial alcanzaba al menos 3.5 millones de dólares, sin incluir mantenimiento ni electricidad. Un reporte anterior, basado en información de Enatrel, había establecido un costo aproximado de 25,000 dólares por árbol.

Durante las protestas de abril de 2018, varios árboles fueron derribados por manifestantes que los identificaban con Rosario Murillo y con el poder del FSLN. La destrucción de aquellas estructuras mostró hasta qué punto habían dejado de ser simples adornos urbanos para convertirse en símbolos políticos.

En 2024 comenzó otra etapa de expansión. Según una investigación publicada por La Prensa, Enatrel reportó la instalación de 75 estructuras entre junio y agosto de ese año, aunque algunas correspondían a árboles restaurados y colocados nuevamente. El diario estimó que las operaciones representaron una inversión mínima de 1.3 millones de dólares, sin incluir los futuros gastos de mantenimiento y electricidad.

En noviembre de 2024, Salvador Mansell, entonces ministro de Energía y Minas, informó que el número de árboles instalados en Nicaragua había llegado a 200, incluyendo ubicaciones fuera de Managua y puntos fronterizos con Costa Rica. También anunció la intención de continuar su expansión hacia Bluefields, Bilwi y el Triángulo Minero.

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Durante las protestas de 2018, unos 30 de los llamados Árboles de la Vida fueron derribados por quienes los consideran un símbolo del poder de la dictadura (Foto archivo)

Hugo Chávez en Managua

Una de las primeras obras de esta serie fue el monumento a Hugo Chávez, inaugurado el 28 de julio de 2013, casi cinco meses después de la muerte del presidente venezolano. La estructura de diez metros, rodeada de árboles metálicos amarillos, fue colocada en una de las principales rotondas de Managua.

La avenida de Bolívar a Chávez, en el antiguo centro de Managua, terminó por convertirse en un corredor de representaciones históricas y políticas. Allí conviven homenajes a Sandino, Bolívar, Chávez, Castro y otras figuras seleccionadas por el oficialismo. En mayo de 2024 fue inaugurado el Parque de los Héroes de la Dignidad Nacional, con quince estelas que incluyen a personajes como José Dolores Estrada, Rubén Darío, Andrés Castro, Carlos Fonseca, Tomás Borge y Blanca Aráuz.

En la sede central de la Dirección General de Ingresos (DGI) se instalaron en junio pasado murales con los rostros de Ortega y Murillo. El mural fue colocado en la esquina suroeste de la sede central de la DGI, aproximadamente a una cuadra del acceso norte de la Catedral Metropolitana de Managua. Su ubicación permite que quienes salen del templo por esa entrada se encuentren con las imágenes de los dos dictadores.

Gutiérrez identifica en los árboles metálicos y en los grandes retratos una estrategia de repetición. “Creo que uno de sus propósitos es lograr que el retrato gigante se vuelva parte del paisaje. En la medida en que se integra al paisaje, también se incorpora a la cotidianidad”.

Según explica, el objetivo es “naturalizar la presencia del poder” y hacer que las imágenes de Fonseca, Castro y los gobernantes aparezcan como componentes ordinarios de la ciudad. Pero esa familiaridad no equivale necesariamente a respaldo popular: “Aspiran a convencer, pero su principal capacidad es imponerse”.

El exconcejal de Managua Luciano García cuestiona, por su parte, la utilización de las calles y edificios municipales para difundir mensajes partidarios. “La Alcaldía de Managua está al servicio de los managuas, no de un partido político”, advierte. “Aquí estamos ante la politización de un gobierno municipal que debería representar a todos los ciudadanos, independientemente de sus preferencias políticas”.

Considera que las instalaciones deben someterse a las reglas municipales que regulan el espacio público, independientemente de qué institución las financie. “Y aunque las pague el Gobierno central, la Alcaldía tampoco debería permitir su instalación sin sujetarse a las regulaciones municipales sobre publicidad y uso del espacio público”, afirma.

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Los dictadores Mao, de China, y Stalin, de Rusia, usaban grandes retratos suyos para que la población los sintiera presentes en sus vidas (Fotos archivo)

Retratos y dictaduras

El guion de Murillo en Managua es copia de los que han hecho en otros tiempos y otros lugares otros dictadores como Stalin, Mao o Hitler.

En la Unión Soviética de Iósif Stalin, especialmente entre 1929 y 1953, enormes retratos del gobernante cubrían edificios y calles. Sus imágenes aparecían en desfiles, carteles, esculturas y arquitectura monumental.

En la China de Mao Zedong, los retratos del dirigente adquirieron una presencia extraordinaria durante la Revolución Cultural, entre 1966 y 1976. Su imagen se multiplicó en edificios, plazas, manifestaciones y espacios de trabajo. El gran retrato de Mao en la Puerta de Tiananmén, en Pekín, constituye uno de los ejemplos más duraderos de la utilización de una imagen personal como emblema del poder político.

En la Alemania nazi, entre 1933 y 1945, Adolf Hitler y su aparato propagandístico recurrieron a retratos gigantes, estandartes, concentraciones multitudinarias y proyectos arquitectónicos desmesurados. Los escenarios diseñados por Albert Speer, especialmente en Núremberg, estaban concebidos para transmitir fuerza, disciplina y permanencia. La monumentalidad formaba parte de la escenografía de un Estado totalitario.

“Stalin y Hitler recurrieron a carteles, monumentos metálicos y estructuras de concreto inmensas, que esparcieron por los lugares donde querían marcar su dominio. Toda esa gigantografía estaba al servicio de partidos fuertes, con estructuras organizadas y una ideología totalizante que movilizaba a las masas”, señala Gutiérrez.

“(Anastasio) Somoza y (Rafael) Trujillo aportaron otro elemento a esta lógica: cuanto más personalista es un régimen, más intenso es el culto a la personalidad. El caso de Trujillo es clarísimo, pero Somoza también lo tuvo. Por tanto, aquí no estamos hablando de izquierda o derecha. Eso da igual”, añade.

Para el sociólogo, los regímenes contemporáneos también pueden recurrir a las redes sociales, pero Nicaragua mantiene la preferencia por los retratos y monumentos de gran tamaño. “Sin embargo, en Nicaragua se vuelve al retrato y al monumento, que son recursos característicos de los regímenes que gobiernan mediante el miedo, como ocurrió con Somoza (en Nicaragua) y Trujillo (en República Dominicana)”, sostiene.

Arquitectura de poder

“¿Para qué sirven estas grandes inversiones?”, se pregunta Gutiérrez. “Aquí podemos recordar aquella frase atribuida a Miguel de Unamuno, durante el enfrentamiento con un militar franquista en la Universidad de Salamanca, en 1936: ´Venceréis, pero no convenceréis’”.

El politólogo alemán Jan-Werner Müller, profesor de la Universidad de Princeton. En 2024 publicó una investigación que examina cómo las autocracias contemporáneas utilizan el entorno construido para aumentar su legitimidad.

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Enatrel, la empresa estatal encargada de la energía nacional, también instala las gigantografías que el régimen dispone (Foto archivo)

Müller identifica tres estrategias: la monumentalidad asociada con la modernización, la utilización de los espacios para representar al supuesto pueblo auténtico y la apropiación de lenguajes culturales para renovar la imagen de los regímenes autoritarios.

“Otro propósito es mostrar fuerza. Una estructura de estas dimensiones, de veinte metros o más, transmite un mensaje: nosotros podemos, aquí mandamos nosotros, aquí marcamos nuestra presencia”, explica Gutiérrez. Según el sociólogo, esa exhibición de dominio puede desalentar la protesta y limitar la expresión de opiniones contrarias al gobierno. “La monumentalidad se convierte, entonces, en una expresión de dominio. El tamaño de las estructuras y su presencia constante buscan recordar quién tiene el control del espacio público”.

“La propaganda busca construir una apariencia de unanimidad, como si el mensaje del poder fuera compartido por toda la población”, expresa Gutiérrez. Esa “unanimidad fabricada”, señala, alimenta una “espiral del silencio” en la que la ausencia de críticas públicas puede confundirse con aceptación. “Algunos teóricos que han estudiado la propaganda y el culto a la personalidad plantean que no hace falta creer; basta con actuar como si se creyera”, añade.

Costos ocultos

El costo de la mayoría de los monumentos no se conoce públicamente. Enatrel informó sobre la fabricación, instalación e iluminación de distintas estructuras, pero no existe un presupuesto público que permita conocer cuánto se ha destinado desde 2007 a este conjunto de obras.

“¿Quién paga esas gigantografías?”, se pregunta Luciano García. “Si las paga la Alcaldía, obviamente hay una desviación de fondos de los contribuyentes”. También pide examinar las autorizaciones y la legalidad de los desembolsos: “Una municipalidad tiene obligaciones con todos los ciudadanos, no solamente con quienes simpatizan con el partido gobernante”.

“También hay que revisar las normas que regulan la publicidad en Managua, porque esta proliferación de estructuras puede constituir contaminación visual”, dice García. A su juicio, el municipio debería controlar la saturación publicitaria y el uso de espacios comunes. “Pero, bajo el régimen que vivimos, hacen lo que les da la gana. Ponen lo que quieren y donde quieren. Lo que han hecho en Managua es una contaminación publicitaria”, afirma.

Tras el impulso de todas estas gigantografías, está la mano de Rosario Murillo, esposa de Daniel Ortega y, ahora, copresidente de la República. Murillo presenta las obras como expresiones de orgullo nacional, memoria histórica y reconocimiento a los héroes. Los medios oficialistas destacan su función recreativa, turística y conmemorativa.

“La narrativa que ellos intentan presentar como ideología es, en realidad, un collage de todo y de nada”, sostiene Gutiérrez. Enumera el antiimperialismo, las referencias cristianas, los Árboles de la Vida y el rosa que ha desplazado al rojinegro en buena parte de la estética gubernamental.

Para el sociólogo, Murillo ha reunido referencias políticas, religiosas y esotéricas que se alejan del discurso original del sandinismo. También señala la contradicción entre las imágenes de unidad popular y la experiencia del exilio, la desnacionalización y la persecución religiosa.

Gutiérrez señala que los Árboles de la Vida estuvieron entre las primeras estructuras derribadas por manifestantes. “El tamaño de un monumento no mide la fortaleza de un régimen. Más bien puede mostrar el déficit de legitimidad que ese régimen intenta cubrir o disimular”, afirma. Y concluye: “Por tanto, el símbolo del poder también puede convertirse en su punto más vulnerable. Y es precisamente en esos símbolos donde pueden comenzar a hacerse visibles las caídas”.

Santos de la revolución

Al final, está la intención de construir un santoral revolucionario, dice el sociólogo. “Existe un intento de sacralizar las figuras políticas. Podemos recordar las imágenes de Marx, Engels y Lenin, que se utilizaban para construir una articulación entre la ideología, la narrativa política y sus referentes históricos”.

“En Nicaragua ocurre algo parecido, pero con imágenes agigantadas. Se busca sacralizar el liderazgo político y convertir determinadas figuras en símbolos casi religiosos”, agrega. “Fidel Castro y Carlos Fonseca ya murieron. Sus planteamientos políticos originales se van difuminando con el tiempo. Entonces aparecen estas imágenes monumentales que aspiran a conservar su presencia simbólica, como si fueran nuevos santos de una religión política”.

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