La dramaturga Lucero Millán denunció que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ocuparon el Teatro Justo Rufino Garay sin aviso previo. (Cortesía: Casa Centroamérica)
El Teatro Justo Rufino Garay, una sala histórica de Managua, fue tomado por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo en marzo de 2026, según denunció su fundadora, Lucero Millán, afirmando que se apoderaron del inmueble sin orden judicial ni aviso previo. La directora, actriz y dramaturga nicaragüense-mexicana reconstruye ahora el proyecto desde la Ciudad de México.
Millán dedicó más de cuatro décadas al teatro en Nicaragua. Fundó junto a Enrique Polo el Teatro Justo Rufino Garay en noviembre de 1979 tras llegar al país. Desde entonces, la sala se convirtió en un espacio de formación artística, producción escénica y debate sobre la realidad política y social nicaragüense.
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La institución mantuvo una programación de fin de semana desde 1986 hasta marzo de 2026. Según la información publicada por el medio nicaragüense confidencial.digital, el teatro cerró de manera abrupta el 13 de marzo de ese año, después de que la dictadura tomó el edificio ubicado junto al parque Las Palmas, en Managua.

El cierre interrumpió cuatro décadas de actividad escénica
La dramaturga relató en una entrevista con Casa Centroamérica que el grupo no pudo retirar equipos, archivos ni materiales de trabajo antes de perder el acceso a la sala.
“El espacio físico nos lo confiscaron sin ninguna orden judicial, sin ningún previo aviso. No pudimos sacar absolutamente nada y se quedaron con él”, afirmó Millán.
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La directora explicó que el teatro había montado más de 55 obras a lo largo de su trayectoria. Cada producción respondió al momento político y social que atravesaba Nicaragua, con la intención de aportar a una sociedad “más justa, más democrática y equitativa”.
El caso se inscribe en una ofensiva más amplia contra organizaciones independientes en Nicaragua. El Teatro Justo Rufino Garay había perdido su personalidad jurídica en agosto de 2022, cuando la Asamblea Nacional aprobó su cancelación a petición del entonces Ministerio de Gobernación. Pese a esa decisión, la sala y la escuela de actuación que funcionaba en el mismo inmueble mantuvieron sus actividades hasta 2026.
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El medio confidencial.digital informó que, meses después del cierre, autoridades vinculadas a la Cinemateca Nacional presentaron el lugar como un espacio bajo control estatal. El edificio fue repintado y las instalaciones, que incluían una sala con 126 butacas, quedaron incorporadas a la programación cultural oficial.

Para Millán, la pérdida de la sede no supone el fin del proyecto. “También se apoderaron de nuestro nombre, pero el Teatro Justo Rufino Garay somos nosotros”, dijo.
Desde México, donde nació, la directora busca reactivar el trabajo artístico sin el equipo técnico y humano con el que trabajó durante 46 años en Nicaragua. Su primera experiencia en esta etapa fue la presentación de “Francisca” en Casa Centroamérica, una obra centrada en una mujer mexicano-nicaragüense que, durante el Día de Muertos, evoca a sus antepasados y sus vínculos con ambos países.
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La pieza recoge una experiencia personal. Millán vivió durante décadas entre dos pertenencias: en Nicaragua era vista como mexicana y, al regresar a México, sentía que parte de su vida había quedado del otro lado de la frontera. “Asumí que soy de los dos lados”, expresó.
“Un pueblo sin teatro es un pueblo que no tiene alma”
Millán sostiene que el valor del teatro excede la función de una sala o la propiedad de un edificio. Lo considera un arte vivo, capaz de mostrar aspectos que suelen permanecer fuera de la discusión pública y de abrir preguntas sobre experiencias íntimas y políticas.
“Un pueblo sin teatro es un pueblo que no tiene alma”, afirmó durante la citada entrevista. “El teatro es una ventana que nos permite ver aquello que es invisible”.
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También aseguró que mantiene su vínculo con Nicaragua pese a la confiscación de la sede. “Tengo el paisaje de Nicaragua en mi mirada, la comida nicaragüense, la cultura nicaragüense. Amo a los nicaragüenses, amo ese país”, dijo.
El Teatro Justo Rufino Garay continuará su actividad desde Ciudad de México, con la intención de preservar una labor iniciada en 1979 y sostenida durante más de cuatro décadas en Managua.
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